De oídos sordos, paciencia y perseverancia

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Lola M.- Cuando una persona adquiere un cargo político, a veces olvida que ese cargo no lo obtuvo en una rifa, sino que es un representante del ciudadano y representa tanto a los que le votaron como a los que no. Un político debe trabajar por y para la sociedad. Cada político tendrá una ideología diferente con la que llevar a cabo ese “bienestar de la ciudadanía”, pero esa ideología no tiene nada que ver con la responsabilidad que se tiene hacia los ciudadanos. Aun así, muchos, independientemente de su ideología, olvidan hacia quiénes va o debe ir dirigido su trabajo.

Cuando cien mil personas salen a calle para pedir un diálogo con sus representantes políticos y estos siguen haciendo oídos sordos, es que algo no va bien. Probablemente la consejera de educación, Lucía Figar, no sospechó ni de lejos el alcance de la medida que tomó hace meses. Por un lado, no calculó las consecuencias de su mala puesta en práctica, de la que sólo son responsables ella y sus asesores. A estas alturas todos sabemos que el problema no está en las famosas dos horas sino en el cupo final del que se dotó a los centros, inferior al necesario. El caos organizativo de este inicio de curso no tiene precedentes, todavía hay grupos por cerrar, los horarios están sin firmar y los profesores han llegado con cuentagotas a lo largo de octubre, habiendo dejado a muchísimos alumnos sin clases durante un mes.

Pero por otro lado, jamás pudo imaginar la consejera que un colectivo tan inmóvil como el de los profesores iba a ponerse las zapatillas de deporte. Concentraciones semanales en la puerta de la Conserjería, encierros en los centros, pancartas, información a la sociedad, cuatro manifestaciones con decenas de miles de personas, un símbolo con forma de camiseta, autobuses venidos de todo el país para pedir un diálogo, seis días de huelga, movilizaciones en todos los pueblos y ciudades, lazos verdes, padres, alumnos y profesores protestando al unísono, pidiendo que se les escuche. Jamás imaginó que un supuesto ahorro de 80 millones de euros (que ya sabemos que no es tal) traería consigo tanto alboroto, cuando no lo ha causado el gasto de 300 millones en la Caja Mágica o los casi 5000 millones de la M-30.

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Lo correcto en estos casos sería que el político de turno pensase en si realmente se han tomado decisiones con acierto. Si cree que lo ha hecho todo estupendamente, considerará que cientos de miles de personas están equivocadas, pero aún así, se sentaría a dialogar con los representantes del profesorado (recordemos que todos los sindicatos secundan las movilizaciones y huelgas, también los sindicatos de derechas); pues, ni por esas. Con una capacidad de autocrítica nula y una falta de respeto por la sociedad, nos acercamos al 20N. Pero ni mucho menos pararán las protestas ese día. Porque todos, incluidos los madrileños, tienen derecho a una educación pública y de calidad.

En un recreo cualquiera:

-Profe, no he entendido bien lo que has explicado hoy.

-Venga, Carlos, te lo vuelvo a explicar de otro modo.

-Pero no lo voy a entender.

-Ya verás como sí, mira…

-Pero profe, es que es muy difícil, no lo entiendo.

-Carlos, atiende, claro que lo vas a entender: basta con despejar la incógnita. Mira de este modo…

Al cabo de unos minutos.

-Anda… pues no era tan difícil. ¡Gracias!

Los profesores desarrollan en su trabajo dos capacidades esenciales: la paciencia y la perseverancia. Esas dos cualidades les acompañarán durante el tiempo que sea necesario hasta que los políticos les escuchen. Hasta ese momento, seguirán sacando sus camisetas y haciendo el mismo camino de protesta. Y cada día son más y gritan más fuerte.

Foto: A. Tezanos (Zonaretiro.com)

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