Los viajeros urbanos, en caída libre

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J. E. Villarino*.- La movilidad madrileña sigue en picado. Si siempre hemos dicho que Madrid es el crisol de todas las culturas de dentro de España y del otro lado del Atlántico, en este caso también podemos decir que la capital lidera “las mal dadas” por las que está pasando la movilidad de viajeros, consecuencia de la crisis que nos azota en la generalidad de capitales y pueblos.

Viajeros y administraciones de transporte se defienden como pueden. Más bien, son los primeros los que, en vez de defenderse, tienen pocas defensas. Si no hay trabajo, para qué tomar el Metro o el autobús; si tengo que ir al médico, pasamos de tomar un taxi y nos vamos en Metro; si tengo tiempo, mejor andando. Las administraciones se defienden, en cambio, apretándoles las tuercas a los ciudadanos, subiéndole los impuestos y las tarifas del transporte para poder así apañar mejor sus presupuestos.

Pero los políticos también se defienden dándonos menos por más (menos transporte por más dinero, se entiende), en contra de ese eslogan tan manido de hacer más con menos. Los políticos está demostrado que son incapaces de hacer más con menos: es como pedirle peras al olmo. Un imposible. Un botón de muestra de lo que recogía la prensa estos días pasados.

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha señalado este martes que se está “adecuando” la oferta de Metro a la bajada de la demanda de viajeros derivada de la crisis, con el objetivo de gestionar el servicio de una manera “más eficiente”.

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El secretario del comité de empresa de Metro, Ignacio Arribas, ha asegurado que tras las subidas de tarifas del transporte en la región en los meses de mayo (11%) y septiembre (2%) la empresa ha optado por cerrar al público 21 vestíbulos y reducir el servicio de circulación de trenes en horas valle. Así, a partir de las 23.00 horas se puede llegar a un tiempo de espera entre 15 y 20 minutos. Metro alega que la demanda ha bajado un 12 por ciento desde 2007.

Pues, como dicen en mi tierra, “carallo” con la eficiencia. El nuevo consejero que provenía de la banca y que iba a arreglar el Metro y el transporte madrileño ¿dónde está? Así gestiona Abundio, Maroto y el de la moto.

Veamos lo que nos dicen los datos:

Aunque los datos corresponden al mes estival de agosto, es evidente la caída de la demanda de transporte en todo el país y el casi el hundimiento en Madrid. En tasa anual, es decir agosto de 2012 sobre el mismo mes de 2011, la caída fue de un 18,4% (6,2 puntos porcentuales más que la media española). Este modo es el que más ha dejado sentir en sus carnes los zarpazos de la crisis y de manera especial el Metro madrileño. Los datos, referidos a la media de lo que va de año, arrojan también una caída importante del 4,1%, 0,9 puntos porcentuales por encima de la media nacional.

Por lo que se refiere a los autobuses urbanos de la Comunidad, la pérdida en agosto ha sido del 7% en tasa anual y un 5% de media de los ocho meses del año, bastante por encima de los datos nacionales, que tampoco han sido para echar cohetes con un -4,8% y un -3,2%. El transporte interurbano, aunque alejado de las cifras del transporte urbano, continúa en valores negativos de -2,2% y -1,1%.

Pues miren presidente, consejero, asesores y demás gente que gobierna el transporte público, hay dos segmentos de demanda que todo alumno de primer curso de carrera ya distingue: la movilidad obligada y la no obligada. La primera es aquélla a la que es difícil sustraerse, como ir a trabajar o ir al colegio o la universidad, con una periodicidad frecuente, diaria, o casi. La no obligada es la que puede ser pospuesta y se concreta en la movilidad por ocio, compras, salud, etc., menos frecuente y de comportamiento más aleatorio.

A ambas afecta la crisis, pero la más inelástica al precio es la primera, que por mucho que se lo suban, no le queda más remedio al usuario que pagar. No hagan como en la lucha contra la crisis, subiendo y subiendo impuestos y, en su caso, subiendo y subiendo tarifas. Quizá logren que la gente, de tanto subir las tarifas, no viaje y así no habrá ingresos, al igual que de tantos recortes e impuestos, cae la recaudación.

Respecto de la reducción de servicios, qué decir. Aquello de “encima de cor…., apaleados”. Lo que nos faltaba. Seguro que al final es el chocolate del loro. Al tiempo.

*José Enrique Villarino es economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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1 Comentario

  1. También estamos los que nos colamos desde que la subida de tarifas convirtió el transporte públio en un artículo de lujo. En mi caso como un un acto de desobediencia civil, no porque no pueda pagarlo por razones económicas.

    En picado….aunque al final contribuiremos a justificar la privatización de los servicios públicos de transportes que es el destino final, con nuestra contribución o sin ella.

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