La casta

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J. E. Villarino*.- Dijo alguien que la mujer del César no sólo tenía que ser honesta, sino también parecerlo. Pues algo parecido es aplicable a nuestros políticos. Digo parecido, porque no es lo mismo honesto que honrado, cosa que con frecuencia se confunde. La honradez se practica de cintura para arriba, mientras la honestidad suele hacerse de cintura para abajo. Pues bien, a nuestros políticos les pedimos que sean honrados, que de todo hay y además, que lo parezcan. En su honestidad, o no, no entramos.

En una sentencia infumable nuestro Tribunal Supremo les ha venido a dar la razón a la hora de cobrar las dietas de alojamiento de 1.823 euros mensuales a aquellos diputados de otras circunscripciones, que tienen piso o pisos en Madrid. Increíblemente, así sentenció el Supremo: “Resulta perfectamente factible que un diputado, dado el régimen abierto de asignación de gastos que se le aplica, tenga una vivienda en propiedad en Madrid y la tenga alquilada o cedida en precario y no la use en sus estancias en esta capital”.

“62 parlamentarios que fueron elegidos en circunscripciones distintas a Madrid poseen una o varias viviendas en propiedad en la capital. En concreto, son 34 diputados populares, 25 socialistas; uno de CiU; uno de Coalición Canaria y Toni Cantó, que dona esta dieta a una ONG, quienes, aun teniendo casa en propiedad en la capital, también reciben la dieta. El caso más escandaloso lo protagonizó la diputada Elvira Rodríguez, actual presidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, que llegó a cobrar las dietas por alojamiento siendo propietaria de cinco viviendas en Madrid.

Esto no es sino una mamandurria más que añadir a otras a las que tampoco han querido renunciar. Léase los pases para sí y familias para desplazarse en avión y ferrocarril por el territorio nacional, los viajes de ocio camuflados como comisiones de trabajo en el extranjero, la no renuncia de los eurodiputados a prescindir de la clase business en sus viajes de trabajo a favor de una más democrática clase turista, en la que viaja el 99% de sus representados, etc, etc.

No corren los mismos tiempos permisivos, en que la cara dura y la desfachatez la aceptamos ya como algo normal en este país, en otras latitudes. Son de sobra conocidas las dimisiones de cargos públicos en Alemania por leves plagios en sus tesis doctorales que ha llevado a dimitir motu proprio a ministros y altos cargos por esta razón. Aquí se falsean, inventan y manipulan currículos y no pasa nada.

No hace muchos días, la ministra británica de cultura ha dimitido porque la pillaron camuflando unos gastos de hipoteca de la casa de sus padres en sus gastos de alojamiento. Aquí, sin otros ingresos conocidos, se han hecho de oro, aflorándoles pisos, áticos, fincas, plazas de aparcamientos, como a otros les aflora dinero blanco de las cloacas de lo negro. De esto también saben algunos altos diputados y exdiputados, partidos políticos, unos poniendo el cazo ilegalmente y otros trincando el dinero, que para otros loables fines, pasaba por delante de sus narices. Son dos estilos, dos escuelas, dos metodologías distintas de trincar, bien para sí o bien en compañía de otros.

Mientras tanto, usted deja de pagar 125 euros durante tres meses a su banco y ya le han birlado el piso. Tiene usted un descubierto en su cuenta bancaria del mismo importe durante un par de días y le cobran un 37% de interés de mora. O si se equivoca la propia agencia tributaria por una deuda de diez céntimos le manda al oficial judicial para que le desahucien.

Los que decimos y mantenemos que los políticos son una casta, no nos equivocamos mucho. Lo refrenda la Real Academia de la Lengua Española que en su acepción tercera dice “3. f. En otras sociedades, grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc”. Se refiere al resto de sociedades que no son la India y el etc bien puede incluir también a la familia política y adláteres del poder económico.

Así no vamos a ningún sitio. No es sólo un tema de reforma de la Constitución. Es un tema de cambiarlo casi todo, de arriba abajo. Constitución, ley electoral, hacer una verdadera separación de poderes, derogación de privilegios, democracia directa, autofinanciación de partidos, sindicatos, patronales, poder judicial independiente e implacable e igual con y para todos, aplicar la ley a los gobiernos sediciosos, desengordar las administraciones, revertir competencias que nunca debieron salir del Estado, cumplir y hacer cumplir las leyes siempre y no sólo cuando a unos cuantos les venga bien.

* José Enrique Villarino es economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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1 Comentario

  1. Lo que me gustaría es saber qué elixir desprenden estos políticos, fundamentalmente los actuales gobernantes, para mantener a sus votantes, que a pesar de conocer todas estas fechorias, orgullosos manifiestan que seguirán votándoles hasta la muerte, como auténticos legionarios.
    El 25 de mayo veremos cuán grave es la enfermedad de nuestra sociedad.

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