Universidades de verano

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J. E. Villarino*.- Como nos dice el frutero por esta época: ahora están en temporada. Las universidades de verano proliferan a lo largo de julio, agosto y septiembre como las sandías. En El Escorial, en Santander, en Navacerrada, en Segovia, en ….. casi tres o cuatro sedes por autonomía, como poco. A su rebufo se reunen, profesores universitarios, los menos, los menos también, estudiantes universitarios que más que nada acuden como decorado que queda bien y que suelen ser paniagüados y estar subvencionados, como antaño se llevaba a los pobrecitos huerfanitos a la chocolatada de la señora marquesa para que quedara constancia de su buena obra de caridad. A estos señores del estamento docente se unen toda una troupe de políticos en activo o ya en las clases pasivas, miembros del gobierno, altos funcionarios, como en la Edad Media pillos, villanos, meretrices y soldadesca, acompañaban a los desplazamientos de la Corte.

El Secretario de Estado, Felipe Pétriz, en el Campus Científico de Verano de la Universidad Carlos III de Madrid celebrado en 2011 –  fecyt.ciencia (Flickr)

Unos ponen la pasta y otros la mamandurria. La pasta la ponen las universidades, subvenciones públicas, es decir, todos nosotros, y  también fundaciones de dudosa licitud, o patronos, bien sean bancarios, nobles, es decir, también nosotros de lo que previamente nos esquilman con preferentes, comisiones, etc. La mamandurria, los ya citados, van a clase; comen, duermen (hay modalidades de media o pensión completa o sólo alojamiento) y se solazan  unos días (dos, tres, o cinco jornadas) donde conviven y siguen haciendo política pagada por nosotros aquellos que también tenemos que soportar en primavera, otoño e invierno. Hablan, cuentan cuentos chinos, prometen, farfollean entre sí, chulean, descamidados y descorbatados. Unos pagan, otros veranean, gratis total.

Con todos los respetos, estas reuniones no son, ni nada tienen que ver con la universidad. Miren ustedes los programas y salvo cuatro reuniomes científicas, el resto son altavoces de los políticos y sus matracas habituales. Son aquelarres de ignorantes, analfabetos y jetas. Van a estas llamadas universidades para matener la atención pública, que los medios no les prestan en época estival. Denigran los valores de conocimiento, verdad, ética, universalidad, esfuerzo, etc de la universidad, ciscándose en ellos con su presencia. Lo que pasa, es que la Universidad hoy día ha perdido la dignidad para desprenderse de su compañía y ponerles en su sitio.

¿Qué dirán los 5,6 millones de parados, los 8 millones de pensionistas, los 1,8 millones de personas en cuyas casas no entra un euro, los que día tras día hacen cola del comedor de Cáritas de su barrio, los médicos interinos, investigadores del CSIC que han puesto en la calle por los recortes, los funcionarios con el sueldo bajado y los pensionistas con la pensión congelada, los estafados por las Cajas y  Bancos que ahora hacen que financian estos cursos, etc, etc. Y mientras, farfolla política de verano. Que las supriman, que no pasa nada y que aprovechen el tiempo del curso escolar de octubre a junio, que para eso está. Los profesores a su cátedra o estrado, los alumnos a su bancada y el resto, ¡a veranear gratis a su pueblo!

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