‘Incendies’, una gran lección sobre la herencia del dolor

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M. J. S. Mayo.- Si ya sabes que tienes que ver esta película, quizá no debieras seguir leyendo. Si no sabes de ella, sería bueno tener un aliciente, pero, ante todo, intentar descubrirla por ti mismo. Finalista al Oscar por Canadá, Incendies, es la adaptación de una fantástica pieza teatral de Wajdi Mouawad que algunos privilegiados pudieron ver el año pasado en Madrid; una obra acerca de descubrir de dónde venimos y así poder saber a dónde queremos ir. Eso sí, para contemplarla tendrán que salir del barrio: el gran título de la temporada de la distribuidora de los Renoir se queda fuera del cartel de su sala Retiro – ¿será por pocas copias o por poca fe en el público?-.

Baste decir para empezar que el texto está por encima de la dirección de Denis Villeneuve, que opta por la austeridad y no arriesga mucho en su exposición, pero a pesar de todo el relato fluye, que es lo más importante. La cosa promete desde ese arranque en el que apuesta por hacer sonar un tema de Radiohead con dos velocidades, You And Whose Army, mientras se contempla un orfanato invadido por los miliares. El espectador se pregunta desde ese momento sobre el país en el que todo sucede y sobre el que no se le informará en ningún instante, solo se deja ver  un “I love Palestina” en un cristal de una ventana.

Parece Líbano, pensarán los más avezados, pero no hay que darle muchas vueltas. Esta falta de concreción forma parte del plan maestro de Mouawad, que con esta historia de una madre misteriosa y sus resentidos hijos quiere hablarnos de ese hilo de dolor que engendran los hechos más cruentos, guerras especialmente, y que se pasa de una generación a otra. Una cadena que se ha de romper para poder seguir adelante, algo que requiere el helénico “Conócete a ti mismo”.

Mientras todo sucede, te sientes cómplice, te notas mimado cuando se te permite atar cabos antes de que lo hagan los personajes, lo cual, si cabe, amplifica el poder de lo que está por venir: el efecto de una bomba resulta mayor si antes se sabía de su existencia y no si explota sin más. Y en medio de todo este material explosivo destaca el gran trabajo de la actriz Lubna Azabal en el papel central. La mujer como sufriente número uno, pero también la encargada de transformar todo ese dolor, hacer duelo para seguir adelante, vertebradora como es de un futuro que se debe asumir haciendo las paces con el pasado.

Incendies te transporta a un lugar lejano para mostrarte eso que debería estar grabado a fuego en tu interior. Una lección sobrecogedora a la que habrá que dedicar esas dos horas de rigor. No os la perdáis.

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