Madrid recupera una de sus joyas ocultas más fascinantes: el Túnel de Villanueva. Proyectado en 1809 por orden de José Bonaparte, este pasadizo fue concebido como una salida privada y segura que conectaba el Palacio Real (desde el Campo del Moro) directamente con la Casa de Campo.
Aunque Bonaparte encargó la obra para sus desplazamientos personales, la historia quiso que el monarca abandonara España sin poder estrenarlo. Las obras se finalizaron en 1813, bajo la dirección del arquitecto Juan de Villanueva, autor también del Museo del Prado.
Tras décadas de abandono y usos restringidos, el túnel ha sido restaurado, permitiendo hoy a madrileños y visitantes cruzar bajo el suelo de la capital siguiendo los pasos que nunca pudo dar el hermano de Napoleón. Su estructura de ladrillo y su atmósfera histórica lo convierten en una parada obligatoria para los amantes del Madrid castizo y secreto.
El acceso se encuentra en una zona privilegiada, fácilmente conectada mediante transporte público:
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