J. E. Villarino.- Recientemente ha trascendido -gracias a la primera Memoria del Congreso de los Diputados- lo que se gastó el Congreso de los Diputados -ojo, sólo la Cámara Baja- en viajes de Iberia y Renfe Operadora en 2011. La friolera de 7.294.030 euros. Dicho así, a lo mejor no parece mucho, pero vamos a ver si centramos un poco los números para hacernos una idea de lo que esto supone.
Para empezar, nada sabemos de los viajes por razón de su condición de parlamentario y aquellos otros de índole privada, ya que tanto diputados como senadores tienen el privilegio de viajar gratis total en avión o tren, tanto en viaje oficial como privado mientras dura su mandato. Y nadie nos da razón de ello.
Para seguir, vamos a echar una pequeña cuenta: los 7 millones casi trescientos mil euros divididos entre 350 diputados nos da una media de gasto anual en viajes por diputado de 20.840 euros. La cosa ya se entiende un poco más. Esto supone que cada diputado se gasta al año tres veces el salario mínimo interprofesional o casi el salario medio de un trabajador en 2010 (22.541 euros-año). No está mal. Con lo que uno va y viene por trabajo y ocio, otros tienen que comer, viajar,vestir, holgar, pagar hipoteca, etc, etc él y sus familiares.
Si a continuación dividimos lo que se gasta cada diputado entre, pongamos, el precio medio de un billete de Iberia + Renfe, que estaría en torno a 200 euros, ya que los precios están rebajados para esta institución, tendremos que cada diputado viajaría una media de 104 viajes al año. O sea que, suponiendo que también hacen uso de este privilegio en vacaciones, festivos y fines de semana, cosa que pueden hacer sin ningún problema, cada diputado efectuaría un viaje cada tres días y medio, resultado de dividir 365 días entre 104 viajes-año. Este dato es para dejarnos patidifusos, pero bien mirado puede tener toda su razón de ser.
Decíamos que cada diputado realiza un viaje cada tres días y medio, que es, pico arriba, pico abajo, los días medios de trabajo semanal de un diputado en la Cámara. Pues, hay que ver lo que da de sí un simple numerito que, dividiendo, dividiendo, cuidado que van saliendo cosas.
Todo esto me trae a la cabeza aquella fábula de la ardilla y el caballo de nuestro ilustre Tomás Iriarte, en la que el equino le dice a nuestra ardilla (léase diputado):
Tantas idas y venidas,
tantas vueltas y revueltas,
quiero amiga, que me diga:
¿Son de alguna utilidad?
que finaliza con aquella moraleja que reza:
No hay que perder el tiempo y la energía en frivolidades; más vale aprovecharlo en cosas importantes.
Pues, srs diputados, ya saben, aplíquense el cuento -la fábula- y, ¡¡que ustedes se lo viajen bien!!
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Foto: reidrac (Flickr)
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