El emblemático mercado de hierro del siglo XX, uno de los puntos neurálgicos del turismo y la gastronomía en el corazón de Madrid, continúa con sus trabajos de rehabilitación. Aunque el cierre temporal afecta al flujo de visitantes en la zona centro, las obras buscan preservar la estructura histórica y modernizar sus instalaciones.
El Mercado de San Miguel, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y parada obligatoria para madrileños y turistas, permanece cerrado al público mientras avanzan las ambiciosas obras de restauración iniciadas recientemente. El edificio, que cumplió más de un siglo de historia como mercado de abastos y casi dos décadas como templo gastronómico, está siendo sometido a una puesta a punto que afecta tanto a su icónica estructura de vidrio y hierro como a sus sistemas internos.
Desde el pasado 7 de enero, los más de 20 puestos que ofertan una selección de recetas de la gastronomía española han bajado la persiana para llevar a cabo obras de “mejora y conservación del patrimonio histórico”.
Según fuentes cercanas al proyecto, la intervención se centra en la consolidación de los soportes de hierro fundido y la sustitución de elementos de la cubierta que presentaban desgaste por el paso del tiempo y la exposición meteorológica. Asimismo, se está aprovechando el cese de actividad para actualizar los sistemas de climatización y sostenibilidad energética, con el objetivo de reducir la huella de carbono del recinto.
El cierre ha generado un notable cambio en la dinámica diaria de la zona. Los comercios y hostelería colindantes han notado un descenso en el tránsito peatonal, ya que San Miguel actúa como el gran “iman” que conecta la Calle Mayor con la Plaza del Conde de Barajas.
Sin embargo, desde la gerencia del mercado y las asociaciones de comerciantes se ve esta obra como una “inversión de futuro indispensable”. Tras años de uso intensivo y una afluencia de millones de personas al año, el desgaste del pavimento y las infraestructuras de los puestos requería una parada técnica de esta envergadura.
De momento, la dirección de las obras no ha confirmado una fecha exacta para la reapertura, aunque se espera que los trabajos se prolonguen durante los próximos meses. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Madrid ha reforzado la señalización cultural en la zona para desviar el flujo turístico hacia otros mercados de la red municipal, como el de Antón Martín o el de San Antón, que han visto incrementada su actividad.
Para los lectores de Zona Retiro y los amantes del patrimonio madrileño, esta pausa supone una oportunidad para redescubrir la arquitectura exterior del mercado sin el habitual bullicio, a la espera de que el hierro y el cristal vuelvan a brillar con todo su esplendor a finales de año.
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