Con la llegada de la primavera, el aroma a canela y fritura dulce inunda nuestras calles. La torrija, ese humilde postre de origen medieval diseñado para aprovechar el pan sobrante, se ha convertido en el examen final de cualquier pastelería que se precie. En nuestro distrito, contamos con templos del dulce que mantienen viva la receta tradicional, pero que también se atreven con la innovación.
El secreto de estos bocados reside en el equilibrio: desde la elección del pan hasta la infusión de leche con canela y cítricos. Como advertencia para los más rezagados, estos manjares suelen agotarse antes del mediodía en las jornadas principales.
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