La floristería El Jardín del Ángel de la calle Huertas, compuesta por un invernadero de madera y cristal levantado dentro de un patio enrejado, junto a un olivo centenario a la espalda de la iglesia de San Sebastián, en la calle de Atocha, ha bajado la persiana tras 130 años de actividad.
La culpa del cierre no la ha tenido la ausencia de clientes, si no un problema entre los propietarios del negocio y el dueño de la propiedad, que es el cura de la iglesia contigua, que se lo alquilaba por 2.300 euros al mes hasta que estos le exigieron mejoras.
“Fuimos críticos con el estado del invernadero. Tiene humedades, goteras, desperfectos. Pedimos al cura de la parroquia que lo arreglara pero la relación se fue tensando hasta este punto”, afirman a El País los actuales propietarios del negocio.
Este periódico se ha puesto en contacto con el cura, que dice que no le compete hablar y deriva el asunto al Arzobispado de Madrid.
Desde el Arzobispado, un empleado de prensa informa a El País que hay un nuevo arrendatario y que, hasta donde tiene entendido, seguirá siendo una floristería.
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