La intervención conjunta entre testigos, el SUMMA 112 y la Policía Local permitió estabilizar al deportista tras sufrir un colapso. El uso de un desfibrilador (DESA) y las indicaciones telefónicas de los sanitarios fueron determinantes.
Un ciclista ha vuelto a nacer este sábado en Alcobendas gracias a que la denominada “cadena de supervivencia” funcionó a la perfección. El deportista, que entró en parada cardiorrespiratoria mientras circulaba por la localidad, ha sido estabilizado y trasladado con vida a un centro hospitalario tras una intervención coordinada de emergencia.
📍Alcobendas.
👏🏻 La cadena de supervivencia funciona.
👉 #Madrid112 recibe una llamada y #SUMMA112 indica por teléfono a los compañeros de un ciclista cómo abordar una parada.
🚨 Tras intervenir policía local con un DESA, #SUMMA112 estabiliza y traslada con vida.#ASEM112 pic.twitter.com/WlQxI5VzrF
— 112 Comunidad de Madrid (@112cmadrid) March 28, 2026
Todo comenzó con una llamada crítica al Centro de Emergencias Madrid 112. Mientras los recursos sanitarios se dirigían al lugar, facultativos del SUMMA 112 mantuvieron el contacto telefónico con los compañeros del ciclista, dándoles instrucciones precisas sobre cómo realizar las maniobras de reanimación básica para mantener al paciente con opciones de recuperación.
El papel clave del desfibrilador (DESA)
Poco después, patrullas de la Policía Local de Alcobendas llegaron al punto del incidente portando un Desfibrilador Externo Semiautomático (DESA). Los agentes aplicaron las descargas necesarias siguiendo el protocolo de actuación ante paradas cardíacas en la vía pública, logrando mantener el pulso del ciclista hasta la llegada de la UVI móvil.
Finalmente, el equipo médico del SUMMA 112 logró estabilizar al paciente y procedió a su traslado hospitalario con pronóstico reservado, pero con constantes vitales.
Desde la Agencia de Seguridad y Emergencias de la Comunidad de Madrid (ASEM112) han querido destacar este caso como un ejemplo de manual: la rapidez de los testigos al llamar, las instrucciones telefónicas de los sanitarios y la disponibilidad de desfibriladores en vehículos policiales han sido, una vez más, la diferencia entre la vida y la muerte.