Este domingo 29 de marzo, España ha vuelto a adelantar sus relojes para entrar en el horario de verano. Sin embargo, lo que sobre el papel es una hora más de luz, para nuestro cuerpo se traduce en un desajuste que la ciencia y Europa miran cada vez con más lupa.
REDACCIÓN | ZONA RETIRO – Si esta mañana te ha costado más de lo habitual levantarte, has sentido una extraña pesadez o una irritabilidad fuera de lo común, no estás solo. No es falta de café; es tu reloj biológico intentando asimilar el cambio de hora. Como cada último domingo de marzo, a las 02:00 han pasado a ser las 03:00, un salto temporal que, aunque breve, genera un impacto real en nuestra salud.
🕐@MartinOlalla_JM, profesor de Física de la @unisevilla, nos explica el origen del cambio de hora. Tiene mucho que ver con nuestra latitud
— 24 horas de RNE (@24horas_rne) March 27, 2026
"Los horarios fijos no reaccionan muy bien ante el hecho de que el amanecer cambia tres horas a lo largo del año"https://t.co/k4SXOAnTPL pic.twitter.com/ZHSvmQMo22
¿Por qué nos sentimos “raros”?
Nuestro cuerpo se rige por los ritmos circadianos, una suerte de reloj interno que dictamina cuándo debemos dormir y cuándo despertar basándose en la luz solar. Al adelantar la hora, “forzamos” al organismo a un jet-lag artificial.
Expertos en cronobiología señalan que este cambio afecta especialmente a la producción de melatonina, la hormona del sueño. El resultado es una sensación de cansancio persistente, falta de concentración y, en algunos casos, alteraciones en el apetito. Es lo que muchos ya denominan la “resaca del cambio de hora”.
Un debate europeo que no termina de cerrarse
Aunque la medida nació históricamente con el objetivo de reducir el consumo eléctrico y aprovechar la luz natural, su eficacia es hoy objeto de un intenso debate. Según recoge un reciente análisis de RTVE, la Comisión Europea planteó hace años la eliminación de estos cambios estacionales tras una consulta pública donde la mayoría de los ciudadanos se mostró a favor de acabar con el baile de las agujas.
Sin embargo, la falta de consenso entre los países miembros sobre qué horario adoptar de forma permanente (¿el de invierno o el de verano?) ha mantenido el sistema en un limbo administrativo. Mientras los sectores turísticos prefieren tardes largas de sol, los expertos en salud y educación suelen abogar por el horario de invierno, más acorde con nuestro ciclo natural de vigilia.
Consejos para superar el “lunes de cambio de hora”
Para que la transición sea lo más liviana posible para los lectores de Zona Retiro, los especialistas recomiendan:
- Exposición solar: Intenta recibir luz natural mañana mismo por la mañana; ayuda a “resetear” el cerebro.
- Cenas ligeras: Evita comidas pesadas o cafeína a última hora para no dificultar aún más el descanso.
- Paciencia biológica: El cuerpo suele tardar entre tres y cuatro días en adaptarse por completo. No te exijas el máximo rendimiento de inmediato.
De momento, y a la espera de una decisión definitiva desde Bruselas, nos toca disfrutar de las tardes más largas, aunque nos cueste un poco más despegar los ojos de la almohada.