¿De verdad conoces La Palma?

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Foto del Gran Telescopio Canarias. Autor: Pilar Fernández

El pomo de una puerta que abre, una casa tradicional canaria llena de historias, leyendas y secretos. Casas que conducen a bonitos patios decorados armoniosa y elegantemente con flores y plantas. Casas con alegres balcones típicos de alegres tonos.

Caminos que acaban convirtiéndose en catedrales de la naturaleza o que esconden antiguas piletas o fuentes.

Flores que adornan balcones, jardines, terrazas…Que embellecen, aún más, una Bonita Isla, La Palma.

Recovas o mercados, incluso mercadillos, que con su ritmo frenético, sus colores, sus sabores, sus aromas, nos regalan un viaje a través de los sentidos por la cocina isleña. Puestos repletos de plátanos, aguacates, papas, quesos, verduras… La energía de La Palma entra por su comida.

Volcanes que, con cada pisada, te transmiten su calor, aún latente. Su energía. Repetimos, otra vez, la palabra “energía” y es que en una isla como La Palma se hace imposible no repetirla.

Laurisilva que, con su verdor exuberante y su frescura, te dan la sensación de estar en medio de una jungla o de un bosque tupido en el que, de un momento a otro, aparecerá un elfo para ofrecerte la mejor de las pócimas.

Cúpulas de telescopios que brillan al sol, dejando entrever que, en el punto más alto de la isla, la naturaleza y la ciencia conviven felizmente.

Arena negra que transmite su calor, relajando todos los músculos de tu espalda, mientras descansas sobre la toalla.

O piscinas naturales esculpidas caprichosamente por la naturaleza entre rocas. Para que un chapuzón sea posible, incluso, sin sentir el arrullo de las olas.

O, es más, “porís” que en su día bullían de actividad frenética con intercambio de mercancías y ahora bullen con los chapuzones de quienes les visitan o las conversaciones de los que allí habitan en alguna de sus improvisadas cuevas o casetas.

Cardones en flor que adornan y embellecen la costa de Garafía.

Cabras que, curiosas y divertidas, te miran al pasar por “su terreno”.

Vistas que se alargan en el infinito. Que llegan lejos, muy lejos… Panorámicas que harán que de tus labios salga un “¡ohhhh!”

Profundos barrancos que ofrecen todo un desafío a tus piernas. Rincones tranquilos, sosegados, que adquieren tonos aún más hermosos al caer la tarde.

Esquinas, rincones que te sorprenderían por el efecto que producen en ti. ¿Qué efecto? El “Efecto La Palma”. ¿Cómo es ese efecto? Indescriptible, personal e intransferible.

Hay que sentirlo, hay que experimentarlo, hay que vivirlo. Un efecto que sólo se siente en esta isla, en la Isla Bonita. Sólo te damos una pequeña pista con una frase: “Quiero volver”

Una sonrisa, que te sale de manera espontánea al pisar la isla. Que te levanta el ánimo, que te hace sentir de manera diferente. Simplemente, feliz, a gusto, como en casa. La Palma te revitaliza, te sienta bien, te hace feliz.

¿De verdad… conoces La Palma? www.visitlapalma.es

* Artículo redactado por Turismo de La Palma

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