El legado de la señorita Pepis

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J. E. Villarino*.- La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, se va. Se va aburrida de esperar a ver si el pontífice de su partido le daba el visto bueno como candidata a la carrera electoral del año que viene, hasta que vio que sus posibilidades de participar en la carrera eran las mismas que las mías para obispo de Sigüenza.

La malquerida

Parafraseando a Jacinto Benavente en su famosa obra teatral, Ana Botella no es querida en su partido, ni fuera de su partido. Tiene quizá más detractores dentro que fuera y tanto en uno como en otro campo de juego no goza de simpatía ni es vista con gracia personal, arrojo político y conocimientos suficientes para el cargo que ha venido desempeñando.

La gente se ha dado cuenta de que el cargo de alcaldesa le ha venido una o dos tallas grande y tanto para la parroquia popular como para el paisanaje municipal no deja de ser una señora bien del barrio de Salamanca, Pozuelo o Mirasierra metida a alcaldesa para echar un rato y salir en el couché. Y así no se gana. Bien lo sabía el de Pontevedra con su olfato y retranca gallega.

La alcaldesa deja tiritando a los madrileños

Por peloteo e imbuida por lo que hace su jefe de Génova 13 se lanzó al racarraca de moda de reducir el déficit que le endilgó su antecesor -cosa loable- pero dejó a Madrid tiritando, con impuestos y tasas confiscatorias, con una cultura de la señorita Pepis -de ello hablaremos ahora-, con la suciedad campando por todos los barrios, con la contaminación disparada a la primera de cambio y hasta con la mala suerte, para algunos ciudadanos, muy mala suerte, de que se le caen los árboles, cada vez más árboles.

Dejamos, por obvios, la multiplicación de cargos nominados a dedo, asesores, presidentes de distritos, gerentes, gerentillos, amigos, amiguillos, etc porque el tema es de sobra conocido y ya está muy manido.

La gestión cultural, despilfarro en manos privadas

Nos vamos a detener en la gestión municipal de la Cultura. Quizá la cultura y lo municipal no hagan buenas migas en ninguna parte, por lo ramplón, evidente y lo que tiene de pícaro el mundo de lo municipal. Pues bien, una cosa es esto y otra haber llevado a cabo una política cultural como de la señorita Pepis.

La alcaldesa Botella y su concejal predilecto Pedro Corral han dejado la gestión de la cultura oficial madrileña en manos privadas, lo que equivale a decir de conocidos amiguetes, cuñados de cuñados, etc.

En concreto, la gestión cultural de estos últimos tiempos -no sólo los de su mandato- ha estado en manos e influida por lo que se conoce en el argot popular como el lobby rosa y el despilfarro ha estado a la orden del día. Algunos ejemplos ordenados de menor a mayor:

– 8 millones de euros en la Serrería Belga
– 25 millones en obras para el Teatro Circo Price
– 60 millones de euros en el Matadero
– 75 millones de euros en la rehabilitación del Conde Duque
– 300 millones en la Caja Mágica
– 500 millones de euros en el Palacio de Cibeles
Etc, etc

Como ocurre en infinidad de ayuntamientos de este país, para evitar los controles y las intervenciones legales, se crearon sociedades municipales en las que se delegaban las funciones, que nunca mejor dicho deberían haber desempeñado funcionarios y que han pasado a desempeñar amigos, amiguetes, lobbies, que empiezan a manejar a su antojo, a ponerse sueldos astronómicos y acaban con todo lo habido y por haber.

Madrid Destino, Cultura, Turismo y Negocios

Hablamos en este caso de la sociedad Madrid Destino, Cultura, Turismo y Negocio S.A. -con un presupuesto para 2014 de 86 millones de euros, de los cuales 38 han sido aportados por los ciudadanos (ayuntamiento) y con 390 trabajadores y 13 directivos -por donde han pasado personajes varios. Fernando Villalonga, amigo de la casa, que aspiraba a concejal como su mentora, que como ella no pasó por las urnas- y que fue descabalgado de sus aspiraciones por el Supremo, antes de irse dejó como director de de Cultura de la citada sociedad a su amigo, un tal Timothy Chapman. Su cuñado, Juan José Herrera de la Muela es nombrado director general de Museos y Música, con despachos en Conde Duque y Cibeles.

Por si el amiguismo fuera poco, aparece un director de Marketing y Ventas, que por lo menos desde el mes de marzo viene actuando como uno más de los jefes en el Comité de Dirección, y que en su caso se autoasciende a gerente. En fin, nepotismo, amiguismo y que paguen los contribuyentes con IBIs, multas y tasas asfixiantes.

En fin, no vale con la Junta de Gobierno municipal, ni las Áreas de Gobierno, ni sus Pléyades de funcionarios, sino que hay que crear sociedades para salirse del control como la citada MACSA o Cultural Strategy S.L, o Visitors & Convention Bureau  (MV&CB), o Madridec, Fundación Madrid 2020.

Visto lo visto: cultura poca y mala, y turismo y negocios para mayor gloria y beneficio de unos pocos, amigos o conocidos. Ya, sin cuentas que rendir -nunca la votaron los ciudadanos-, hasta las próximas elecciones, el despiporre puede ser glorioso.

Aunque sea por anticipado, con Dios alcaldesa, que dicen por el sur.

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