Profesores empeñados en memorizar datos cuando todo está en Google

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K. Mc Cann/ P. Delgado.- Como producto de la integración de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en la dinámica social, se han ido produciendo de manera progresiva cambios estructurales y funcionales a diferentes niveles, que nos sitúan en el camino hacia una sociedad del conocimiento. La escuela, como uno de los principales engranajes de la estructura social, no es impermeable a toda esta transformación, y se encuentra en un vertiginoso proceso de cambio, que coincide con la crisis de la institución escolar en su formato actual, y que formula una redimensión de los planteamientos y necesidades educativas ante las nuevas demandas generacionales en relación al rol preponderante de las TIC en la construcción de la realidad.

Marc Prensky, experto en materia de aprendizaje y educación, presenta este proceso con la idea del término digital natives (nativos digitales), en contraposición al de digital immigrants (inmigrantes digitales), poniendo de manifiesto las evidentes diferencias existentes en la brecha generacional según la familiaridad y el manejo de las nuevas tecnologías, y destacando la importancia de la incorporación de estos nuevos códigos y patrones de relación y comunicación a los centros escolares como respuesta a la creciente necesidad de renovación pedagógica.

Dentro de todo este fenómeno, Internet ha jugado y juega un papel fundamental, y se presenta como uno de los elementos esenciales de esta actualización de los procesos educativos, si bien hay que tener en consideración que  lleva aparejados toda una serie de cambios que van a modificar de manera radical la dinámica escolar. Así pues, no se trata de trabajar en la implantación administrativa descontextualizada de las nuevas tecnologías de la comunicación en las aulas, sino más bien de trabajar en busca de un cambio metodológico real y eficaz para una canalización y optimización de sus potencialidades como herramienta educativa.

El uso del internet permite que, por primera vez, la acumulación de información no sea el eje central de la actividad educativa, haciendo mayor hincapié en la comprensión y el manejo sobre los procesos de acceso y construcción del conocimiento. Todo ello deriva en la necesidad de un cambio en la concepción de la figura del profesor. Los docentes, ya no pueden ser meros agentes de transmisión de la información (función que quedó totalmente obsoleta con la aparición de buscadores como Google), sino que deben actuar como mediadores entre el alumno y el conocimiento, promoviendo el desarrollo de las competencias que le van a permitir acceder a la información de manera selectiva, y que le posibiliten una comprensión y análisis crítico, para elaborar un producto final propio. Todo este nuevo diseño de los contextos de interacción en el aula ha de incluir el compromiso de formar a los docentes para que sean capaces de asumir la iniciativa y la responsabilidad para que este cambio sea viable en términos reales.

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Patrones de relación

Otro de los retos más actuales, y sin duda más ambiciosos, que plantea internet en este sentido, es el traslado a los centros educativos de los nuevos patrones de relación a través del uso de las redes sociales. El reciente auge de espacios como Facebook, Twitter o Ning (especialmente enfocado a la educación), generan nuevas comunidades de participación activa que funcionan como puntos de encuentro entre personas con un mismo interés. Esto es justamente lo más importante de estas iniciativas, la posibilidad de mantener el contacto entre personas, que extrapolado al ámbito educativo, podría significar la conjunción de toda la comunidad educativa en un mismo espacio compartido, facilitando las tareas de comunicación entre sus miembros, y extendiendo las posibilidades de la acción educativa más allá de un espacio físico con limitaciones estructurales y de recursos, generando un número ilimitado de posibilidades y sistemas que nos permitirían diseñar todo tipo de actividades: grupos flexibles para atender a alumnos de diferentes niveles, sistemas de tutoría individualizados online, debates, o la creación de entornos virtuales para el profesorado donde intercambiar experiencias dirigidas a la innovación pedagógica, entre otras.

Internet, supone hoy por hoy, una escuela que actúa en paralelo a la acción educativa de los centros, donde los alumnos “viven” gran parte de su tiempo. Si el sistema educativo pretende ser un reflejo de la realidad actual, debe poner en marcha mecanismos que acerquen todo este tipo de iniciativas a su dinámica cotidiana, traducido como una inversión para el aumento de la funcionalidad de los aprendizajes que se desarrollan, y con la intención de dar respuesta a las demandas motivacionales del alumnado. Como conclusión, conviene también señalar la otra cara, la facilidad de perversión de sus objetivos como medio de comunicación. El uso de internet como herramienta de apoyo en el aula ha de conllevar una constante labor de observación, prevención e intervención para evitar las consecuencias negativas de un uso indebido, como empiezan a ser la saturación de información, la pérdida de la intimidad o nuevas formas de manipulación y control. Sin duda alguna, y desde la perspectiva de conjunto del trabajo, no es una tarea exclusiva de los centros educativos, sino de todos los agentes de educación que intervienen en el desarrollo de las personas, asumiendo cada uno la consiguiente responsabilidad.

· Publicado en La otra Educación

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1 Comentario

  1. Creo que el estudio es bueno, pero nada más que describe los cambios sociológicos que estamos experimentando.

    La memoria es una de las capacidades imprescindibles de la persona, es el polar opuesto de la voluntad o de la líbido, que gustan de llamar otros.

    El crecimiento integral de la persona pasa por el desarrollo y armonización de ambas facetas de la personalidad.

    Aunque los ordenadores no dejan de reproducir (cómo de otro modo) el ordenador principal o primario, que es la personalidad humana, realmente están haciendo la labor de muletas.

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