Escuelas… ¿O fábricas de autómatas que sólo aprenden a copiar?

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K. Mc Cann/ P. Delgado.- Podríamos describir la creatividad como una forma de entender y enfrentarse a la realidad de manera flexible, que implica un proceso de creación y adaptación dinámica tanto social como individual, basada en la creencia de que nuestras posibilidades se encuentran en un constante proceso de expansión. La creatividad es el motor que va a permitir desarrollar al máximo las potencialidades de cada individuo, favoreciendo su desarrollo, promoviendo sentimientos de confianza y autocompetencia que conducen a la realización personal, e incidiendo directamente en la mejora de su calidad de vida.

Desde estas consideraciones, en una sociedad como la actual, cambiante por definición, parece que lo más coherente es educar en la creatividad como principio fundamental para formar personas capaces de afrontar nuevos retos de una manera original y valiosa, que les permita mejorar la realidad en la que viven.

Pero, ¿son las escuelas actuales promotoras de la creatividad?

Si bien es cierto que no se puede afirmar que la escuela mate la creatividad, sí es posible identificar una serie de factores que actualmente suponen una barrera para su desarrollo. Analizando el sistema actual, la dinámica de los centros parece no ser el mejor entorno para desarrollar la creatividad. Los horarios, cargados con un exceso de horas lectivas, así como la estructura cerrada y preestablecida de las materias y su orden de prioridad en función de su aportación a los diferentes planos del desarrollo intelectual de los alumnos, son, en muchas ocasiones, incompatibles con la libertad de creación y exploración.

Por otro lado, la división clara que desde los primeros años se establece entre el juego y el trabajo como actividades incompatibles, parecen no encajar con los planteamientos teóricos de la educación, que consideran el juego como el principal motor de desarrollo. Los juegos dan lugar a un gran abanico de posibilidades y respuestas, no necesariamente pautadas, que enriquecen los procesos de enseñanza-aprendizaje, y que nos van a permitir no sólo valernos de las aportaciones de los alumnos, sino conocer sus motivaciones, intereses y peculiaridades, y sobre todo generar sentimientos positivos y ganas de aprender.

La dinámica de las aulas, basadas en estructuras diferenciadas de poder entre la figura del profesor y los alumnos, que se apoyan en sistemas punitivos y de competición social, acrecienta el miedo al error y favorecen la asunción de un único y homogéneo repertorio de respuestas como producto de un sistema de producción en cadena. La originalidad, el espíritu crítico, la confianza y el desarrollo de las potencialidades de los alumnos quedan eclipsados y sepultados bajo la cultura del silencio, como la denomina el educador brasileño Paulo Freire, creando autómatas capaces de reproducir modelos e ideas, pero incapaces de asumir riesgos y afrontar retos.

Educar en la creatividad implica partir de la idea de que ésta no se enseña, sino que se promueve, ya que desde que nacemos, todos somos seres potencialmente creativos. Como dice el filósofo y pedagogo José Antonio Marina; “genio se nace y a imbécil se llega, en medio, está el sistema educativo”. Moviéndonos en este margen, debemos insistir en la promoción de métodos y situaciones en los centros educativos que generen sentimientos de confianza, y que inviten a la participación activa y dinámica del alumnado en la construcción de conocimiento, reconociendo el valor de sus propuestas e iniciativas, equiparando el valor de la intuición al de la razón, y reforzando la idea de que los errores constituyen una inagotable fuente de aprendizaje.

Debemos cambiar la estructuración de las actividades en las aulas para que vayan más allá de lo concreto y preparen a nuestros jóvenes para enfrentarse a una realidad incierta. En toda esta convicción nos avala la historia, ya que se sabe que experiencias educativas alternativas al modelo actual son viables y que una educación no coercitiva y horizontal, que promueva la autodeterminación y la libertad, es posible; principalmente como instrumento para el desarrollo del ser humano.

A propósito de este asunto, no se pierdan el siguiente vídeo:

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Un comentario

  1. Francamente estupendos, artículo y video.
    Pero yendo a lo concreto, a lo pragmático que este caso es la política que se hace en educación y resultan las escuelas que tenemos os invito a leer,comentar,etc la propuesta ciudadana “por otra educación en Madrid”. La encontrais en la pág. de la plataforma Regional por la Escuela Pública http://www.escuelapublica.org

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