El #reformazo y la usura de la demagogia

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A. D. Ansotegui.- ¿Cree usted necesaria la reforma de la Constitución? ¿Cree que es una medida indispensable para salir de la crisis? ¿Piensa que es una atentado a la democracia no realizar un referéndum?¿Cree que es una medida impuesta por los mercados? En estos últimos días hemos escuchado de todo de un extremo hasta el otro del espectro ideológico, ¿no cree que España está demasiado politizada?

Nos aborda la información desde todos los ángulos, y nosotros, que ya bastante tenemos con nuestras obligaciones y deberes cotidianos, desconociendo si por la incompetencia de unos o el interés de otros, nos llegan datos desde todos los extremos para posicionarnos en uno u otro lado. ¿Cree usted que su opinión es objetiva y válida si le piden votar la reforma? ¿Tiene usted los datos necesarios para ejercer la responsabilidad de tomar una decisión acertada al respecto? ¿O cree usted que al fin y al cabo al creerse incompetente en el asunto, al final votaría lo que opina sencillamente el partido mas afin, aunque este profundamente equivocado?

Esta es la democracia, absolutamente imperfecta. Los medios, más que garantizar el derecho a “recibir libremente información veraz” prostituyen el artículo 20.1.d de la Constitución en aras de unos intereses profesionales y empresariales. Como brillantemente desvela Manuel Castells, “no son el cuarto poder, son mucho más importantes: son el espacio donde se crea el poder.” y es aquí en este espacio, donde políticos y periodistas de la mano invaden a través de “imágenes”, visuales o no, la conciencia del ciudadano, construyendo poder en su propio beneficio.

Así unos, se van cargando de mensajes que llegan de todas direcciones ideológicas sobre la reforma, mientras otros, quizás la mayoría, optan por recibir el mensaje del medio de siempre… ¿es pues con esta desinformación aconsejable llevar la propuesta a referéndum, dejando el resultado en manos de las fuerzas mediáticas? ¿Es el resultado de este referéndum la mejor de las opciones posibles? He aquí uno de los problemas de nuestra democracia. Es más sano y democrático convocar un referéndum, ¿pero es lo más acertado? ¿Estamos capacitados para discutir minuciosidades técnicas y sostener positivamente la democracia?
Todo sería mucho más sencillo si todos los actores sociales implicados en lugar de politizar hasta la atmósfera que compartimos, actuaran responsablemente por el bien común.

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¿Cree que esta medida acabara con el Estado del bienestar? ¿Piensa que inunda la Constitución de ideología neoliberal? ¿Cree que reducir costes es de derechas?

La demagogia adolece el estado de bienestar, intentado atraer hacia los intereses propios las decisiones de los demás. En el estado en que nos encontramos, con más de un 20% de parados, y sin la capacidad inmediata de generar más ingresos, ¿hay algún otro remedio que no sea empezar recortando los costes en detrimento del Estado del bienestar? ¿Cree conveniente tomar medidas drásticas para que el dinero que nos prestan no nos salga tan caro como para entrar en una suspensión de pagos?

Son interesantes los datos que nos muestra Mikel Buesa, catedrático de Economía Aplicada e investigador del Instituto de Análisis Industrial y Financiero de la Universidad Complutense, en su blog: “Un reciente estudio de Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff (Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2011) estima que, entre 1800 y 2008, España ha estado en suspensión de pagos el 23,7% de los años”. Una de cada cuatro ocasiones prácticamente. Con estos datos y la situación actual, ¿cree usted normal que desconfíen de nuestra solvencia y nos salga más caro endeudarnos? ¿Cree ahora más coherente la medida?

PP y PSOE salían al paso con que la medida era urgente y necesaria para establecer la confianza de los mercados, y no han tardado en llegar las reacciones por parte de Moddy’s. El punto 4 del articulo 135, acoge el resumen de la sinrazón de la reforma: “los límites de déficit estructural y de volumen de deuda pública sólo podrán superarse (…) o situaciones de emergencia extraordinaria que escapen al control del Estado y perjudiquen considerablemente la situación financiera o la sostenibilidad económica o social del Estado”. Situaciones de “emergencia extraordinaria”, vamos, cuando la cosa esté jodida, nos lo podemos saltar a la torera con la mayoría absoluta de los miembros del Congreso.

¿Esta cláusula entierra el Estado del bienestar? ¿Con esta cláusula se pueden creer la reforma los mercados? ¿Es verdaderamente imprescindible la reforma? En cualquier caso, ¿está usted cansado de tantas preguntas? Si es así, yo también, y me desligo de responsabilidades y le informo, que quizás de lo que usted está cansado… es de tanta usura de la demagogia.

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