Alcalde(sa): arregle el transporte y arreglará el aire

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J. E. Villarino.- Antes de irse, Ruiz Gallardón lo presenta todo. Lo último, el ‘Plan de calidad del aire de la ciudad de Madrid 2011-2015‘, que mejor debería llamarse ‘Plan para empeorar el transporte en la Villa y Corte de Madrid’, porque resulta que para arreglar la calidad del aire que respiramos -que es un suponer- se carga -todavía más- el estado del tráfico capitalino. Es la aplicación de una visión profundamente retrógada y reaccionaria, basada en el palo y tente tieso. En el recital de 70 medidas presentado, la mayoría de ellas son de este corte y las restantes, utopías inalcanzables y puro bla, bla, bla.

Se amplía hasta las 21:00h la zona SER; se encarecen un 10% las tarifas de las Zonas De Bajas Emisiones; se amplían los parquímetros a gran parte de la ciudad y muchos de sus cascos centrales; se incrementan las áreas de prioridad residencial a Justicia, Ópera y Universidad; se peatonalizan 7.000 metros cuadrados; se instalan nuevos radares fijos y móviles en Calle 30, Castellana y Recoletos; se amplía el número de ciclocalles en las ZBE, se crea la M-10 ciclista y el eje Mayor-Alcalá.

A estas medidas se añaden otras como el impulso de los llamados ecobarrios; 307 autobuses limpios de GN que sustituirán a los biodiesel actuales y, finalmente, la creación de una línea de subvención para la renovación de calderas de gasóleo de más de 10 años y 1.000kw. O sea, medidas disciplinarias, recaudatorias y otras, meras declaraciones bienintencionadas, acompañadas de otras inversoras en sustitución de parte del parque de buses, cuando la situación económica del consistorio no está para muchas amortizaciones más.

El pagano, como siempre, es el ciudadano al que el alcalde -y su segunda-, para darle una patada en salvo sea el sitio y, con el pretexto de arreglar la calidad del aire que respiramos, lo que hacen es darle caña, nuevamente, al transporte de la ciudad. Lo hemos dicho en estas columnas varias y repetidas veces. El transporte de la capital, señor alcalde, no se arregla de puertas adentro, multando más, recaudando más y fomentando un revoltijo de medidas contradictorias entre sí. Aquí el problema es que la ciudad, lo decimos en román paladino, mide lo que mide y todos los días entran y salen los vehículos que entran y salen. Y ello ocasiona los problemas que se ocasionan todos los días, que vemos y sufrimos todos los días. Con el parque de plazas de aparcamiento, libres, semipúblicas, públicas y privadas, los coches no caben, se ponga y haga lo que haga y tampoco arreglarán nada los elevados niveles de contaminación atmosférica de la ciudad que el desbarajuste circulatorio produce.

Lo que hay que hacer es ir al origen del problema, que no es otro que no entren todos los días a la almendra central y periferias el número de vehículos que lo hacen procedentes de los espacios metropolitano y regional, porque ése es el problema y si el transporte público no es capaz de captar una parte importante de esa demanda motorizada por la inexistencia de verdaderas políticas de fomento del transporte público, tendrá usted que hacer algo, que ni usted, ni nadie, quiere hacer por el alto coste electoral: instaurar medidas disuasorias efectivas, como pueden ser el canon por entrar a la ciudad -en este caso sí procede el pago de una tasa-, la alternancia de matrículas u otras que bastantes ciudades de occidente septentrional ya han ensayado e implantado. Verá usted, alcalde, cómo con menos coches en la ciudad se arregla, no sólo el aire que respiramos y el transporte que padecemos, sino también, otras muchas cosas más.

Foto: miguelsaez7 (Flickr)

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