San Isidro ha costado 800.000 euros, un 12% menos que en 2011

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J. A. Plaza*.- ¡Fiesta!, que diría el afamado escritor y más afamado aún juerguista Hemingway. Tras las celebraciones bicentenarias del dos de Mayo en la que nuestra Comunidad rememora la lucha por la libertad ante el invasor francés, llegan los festejos en honor de nuestro patrono San Isidro Labrador. Recordemos que los orígenes de nuestra ciudad fueron muy rurales (como los de todas), aunque ahora sea casi imposible rememorarlos contemplando nuestra cosmopolita Gran Vía. Tan rurales que San Isidro vivía en casa de su amo Juan de Vargas, señor de estos andurriales, en una suerte de relación feudo-medieval. Por lo visto, aunque entonces no existía la prima de riesgo, ninguna época fue fácil.

Ilustración: Patri Tezanos (Zonaretiro.com)

Concursos de chotis, gigantes y cabezudos, festivales folklóricos a cascaporrillo, homenajes sinfónicos al maestro Alonso, premios de rock, festivales de teatro, fuegos de artificio, recorridos en bici por la ciudad y hasta actividades ornitológicas; todo tiene cabida en las fiestas que ha preparado nuestro Ayuntamiento para levantarnos el ánimo, que buena falta nos hace. ¡Olvidemos la crisis por un rato, invitemos a Merkel a un bocata de calamares en la Plaza Mayor y seguro que nos rebaja el diferencial con el bono alemán!. El que no se lo pase bien será porque no quiera. Desde la típica visita a la ermita del Santo hasta la castiza verbena de pasodobles y churros, todo sirve para festejar una de las tradiciones más arraigadas en Madrid como es el recuerdo a nuestro patrón. Nunca ha sido tan fácil y agradable como en estas ocasiones el luchar por nuestras tradiciones.

Porque frente a la uniformidad cultural que propaga la globalización (algo malo tenía que tener), frente a la importación de festejos extranjeros y junto a la creación de nuevas celebraciones de reciente cuño, tenemos la necesaria obligación de mantener aquello que nos legaron nuestros mayores: nuestro bagaje cultural, que también incluye los festejos. Que a través de las celebraciones de un pueblo puede uno deducir el carácter y la forma de ser del mismo, ya lo dicen las palabras de la alcaldesa en la presentación del programa de festejos. Y frente a la crisis de moralidad que vive nuestra sociedad, una manera estupenda de mantener el arraigo y de poder transmitir a nuestros hijos la misma escala de valores con la que vamos navegando por esta vida, es participar en estos eventos. Procesiones, tamborradas, desfiles, romerías, verbenas, bailes, ornamentaciones, conciertos… también son parte de nuestro acervo cultural como pueblo. ¿Alguien se imagina una Valencia sin fallas o una Sevilla sin procesiones de Semana Santa? Al participar, no sólo reforzamos nuestro sentido de pertenencia a una comunidad, además preservamos ¿por qué no decirlo? un estilo de vida. España es España con toros, pese a quien pese, y no hay Madrid sin pradera, con sus chulapos de parpusa y sus modistillas de clavel en el pelo; con sus rosquillas listas y tontas y con la bendición de San Antón, aunque en estos tiempos modernos quizá acabe administrándose por twitter.

Y aunque algunas personas puedan molestarse por el presupuesto que hayan podido suponer las celebraciones, tenemos que señalar que el coste final para el erario público está en torno a los 800.000 euros -un 12% menos que el año pasado- siendo sufragado el resto por patrocinadores privados. Hay que tener en cuenta también que este tipo de eventos son un buen revulsivo para la economía local, al fomentar que la gente nos echemos a la calle demandando nuestra Mahou (tapa obligatoria por ley, ¡ya!) y nuestro bailoteo. Más aún, como personas las fiestas no sólo nos enriquecen, sino que también rompemos la rutina y la cotidianeidad que desgastan nuestra calidad de vida, permitiéndonos la relación con otras personas sin Facebook y haciendo nuevas amistades.

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En definitiva, en el crisol multicultural en que se ha convertido el Madrid de principios del siglo XXI es bueno que también saquemos a pasear las mantillas y aprendamos a bailar el chotis en una peseta, como decía mi abuela. Una buena manera de ser madrileños de toda la vida.

*Jose Antonio Plaza Rivero es vocal vecino de Obras Públicas de la Junta Municipal de Salamanca y Jefe de Área en la Consejería de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid.

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7 Comentarios

  1. Amigo Plaza, simpático artículo, como no podía ser menos tratándose de un tema tan festivo. Cabe puntualizar que estos eventos festivos suponen, además de un paréntesis en nuestra tan estresante (y últimamente deprimente) cotidianeidad, un alivio (por desgracia extremadamente efímero) para algunas familias que ansían que se aproximen estas fechas no precisamente para divertirse, si no para trabajar. Por cierto, muy buena la ilustración de la chulapa chutando la calabaza al más puro estilo de Cristiano Ronaldo.

  2. En lo de participar y difundir las tradiciones tienes razón. Los niños por sí solos no irán nunca a la pradera de San Isidro y cuando sean mayores no tendrán el más mínimo interés en ir si antes no les hemos llevado nosotros. El sonido de un organillo, el humo de los churros, el sabor de un barquillo… a mí me traen a la memoria imágenes de gente que ya no está junto a mí, familiares que ya bailan el chotis en el Cielo.

    Madrid, tú lo escribes, es acogedor. Por aquí pasamos nuestro tiempo millones de personas y muchos no hemos nacido aquí. Yo soy un madrileño gallego, tú un madrileño zamorano y difícil es encontrar un madrileño de más de tres generaciones de madrileños en su familia. Esta virtud hace que las fiestas de Madrid se vean también como un tipismo, como un espectáculo del que uno puede participar pero siempre como espectador. Nunca se me ocurriría a mí vestirme de chulapo, no me lo pide el cuerpo, aunque sí coma churros que eso es otra cosa. Sin embargo muchos nos vemos más identificados con el Santo o la Virgen de nuestro pueblo y añoramos las verbenas de allí aunque haga lustros que no las vivimos.

    Madrid, si tiene una virtud, es la de acoger a las personas con una sonrisa, sin preguntarle de dónde viene. En definitiva todos somos madrileños por mucho que se empeñe nuestro DNI en decir otra cosa.

  3. Voy a incluir una nota discordante aunque sólo sea por las notas desafinadas de algunas de las voces no profesionales que dan su versión menos cañí pero no por ello menos festiva de este San Isidro (Indignado)

    http://www.youtube.com/watch?v=zqZdvZsX7ac&feature=youtu.be

    ¡Demostremos esa apertura moral, esa tramisión de valores y esa acogida de la que los madrileños y madrileñas podemos hacer gala en nuestras fiestas y en nuestra cotidianidad!

  4. Si eres de Zamora te sonara la fiesta del pueblo “Maganeses de la Polvorosa” (Zamora) en la que en honor del Santo (San Vicente) se lanzaba una cabra por el campanario de la iglesia. El tema es que la cabra es tachada por la iglesia como símbolo satánico, así el lanzamiento representa la expulsión del demonio, que se le reconoce por los cuernos y patas de cabra.
    Ahora se ha prohibido y lo que creo que hacen es que la pasean por el pueblo.

    Que cosas se hacen en los pueblos!!!!!!!. Un saludo.

  5. Tienes toda la razón cuando dices que reforzamos nuestro sentido de pertenencia a una comunidad y preservamos un estilo de vida. Sin ir más lejos yo soy una catalana, para nada nacionalista, y uno de los días que más disfruto es el día de Sant Jordi. Aquí celebráis la fiesta del libro, pero no es lo mismo. Por eso estoy de acuerdo que debemos preservar nuestras costumbres que serán las únicas que nos sirvan para identificarnos en este mundo globalizado.
    Efectivamente ha supuesto un coste, y gracias a la gestión eficiente de los recursos, menor que otros años, pero ¿que hay de los ingresos que ha supuesto la venida de turistas atraídos por ese rasgo diferenciador?

  6. AGC: No solo conozco el lanzamiento de la cabra, es que lo he presenciado porque es un pueblo próximo al mío. Pero que conste que la cabra no se estrellaba, caía en una manta desplegada por los mozos al más puro estilo de los hombres de Harrelson, como se puede apreciar en el video (de mala calidad) que os enlazo:

    http://www.youtube.com/watch?v=mhb1W0f3vW0

    Eso sí, al pobre bicho el estrés no se lo quitaba nadie, eso seguro.

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