Cinco anillos para Madrid

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J. A. Plaza*.- Observando tras mis gafas de sol el pigmentado logotipo de grafía imposible que abandera el renovado intento olímpico madrileño, se me ocurre como a la mayoría de los ciudadanos la pregunta del millón ¿merece la pena que nos adjudiquen los próximos juegos olímpicos? Pues depende de cómo se mire. Por un lado, la magia, la historia y la tradición olímpicas tienen su puntito épico, que buena falta nos hace una inyección de moral colectiva (vulgo subidón) en estos momentos tristones. Desde este punto de vista, nada que objetar. Recordemos la mejora que experimentó la economía danesa cuando su selección de fútbol ganó contra todo pronóstico el europeo de 1992. Por otro lado,  sopesar las cifras del proyecto requiere calma y pragmatismo. De entrada, el apoyo popular ha descendido, probablemente por el efecto que-viene-el-lobo, desde un 91% del M-2012 al 74% de hoy. Tampoco esto significa mucho si tenemos en cuenta que cuando Londres ganó apenas tenía un 68% de sustento social.

En la partida de póker organizada por el COI en la que se ha convertido la adjudicación  de los juegos, el envite de Madrid 2020 suma ya 25 millones de euros, de los cuales 7 los aportará el consistorio municipal. Una fortuna para algunos, dada la actual crisis económica; una cantidad mínima para otros, dado el caché de nuestra ciudad. A mí personalmente me parecería mas adecuado que toda la dotación económica la hubiese provisto el patrocinio privado, aportando por su parte el Ayuntamiento la fuerza de trabajo y organizativa de sus funcionarios, cuyos sueldos, al fin y al cabo, ya están pagados; seguro que entre los cuadros técnicos del Ayuntamiento hay personal suficientemente preparado que podría llevar a cabo honrosamente las funciones necesarias.

Hay que tener en cuenta que para tener oportunidades reales de ganar hace falta una organización que organice, viaje, convenza y promocione. Videos, merchandising, invitaciones a cocido al comité olímpico… Llegar a la fase final cuesta tiempo y dinero, y en estos momentos hay que medir con pie de rey cualquier acción que conlleve gasto público. Recordemos que la meta de esta fase está en Septiembre de 2013; tenemos muchos meses por delante. Por eso mismo hay que exigir a nuestros responsables que todo el proceso se lleve, si no con cicatería -contraindicada en estos eventos-, sí con rigor y transparencia, y aprovechando al máximo los recursos existentes.

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Esta norma debería aplicarse también en el caso de resultar agraciados con la organización del acontecimiento. Aunque a priori en estos momentos de paro desbocado cualquier inversión que cree empleo suena bien, debemos recordar el desastre económico que supusieron para Grecia los Juegos Olímpicos de Atenas 2004: contra una inversión de 9.500 millones de euros, solo se recaudaron 1.300 millones. Grecia se dejó en el invento un 4% de su PIB, cantidad que ahora le tendremos que aportar como parte del plan de rescate. Está claro que el éxito económico pasará por la implicación profunda del sector privado, pero sin que éste domine la organización de los juegos, como ocurrió en Atlanta 96, un éxito económico y una mediocre organización. El equilibrio entre las parte publica y privada será el éxito del proyecto. Es decir, igual que en la economía. Si resolvemos uno, podremos impulsar la otra. Todavía me duelen los oídos cuando oí decir a Roque Gistau, comentando las pérdidas de 500 millones de euros que produjo la feria del agua en Zaragoza que él dirigía, “que estos eventos no se hacen para ganar dinero”. Pues así nos ha ido y así nos va. Aunque no se gane, que se debería, lo que no se puede hacer es financiarlos con dinero público y que el balance arroje números rojos. Es cierto que hay otros efectos indirectos: imagen, turismo, inversiones extranjeras, etc., pero son diferidos y de difícil cálculo. Por eso me gusta el tratamiento low-cost (que diría nuestro compañero de Zona Retiro Andrés Madrigal -Andrés, escríbeme algo-) que se le está dando desde la dirección de la candidatura: con el 80% de las infraestructuras deportivas ya terminadas, voluntarios de sobra y un sistema de transporte mejorable pero solvente, la mayoría de las inversiones: hostelería, promoción, servicios… quedarían en la parte privada, que se encargará de recuperar su inversión vía empresarial. Lo cual de paso y si la economía madrileña se comporta como debe, que lo hará, se traducirá en creación de empleo y en nuevo vigor a nuestros comercios.

Entonces, si creemos que se puede equilibrar el presupuesto, podemos crear empleo, mejorar la imagen internacional de nuestra ciudad y además a la tercera va la vencida ¿Quién puede resistirse a organizar la madre de todas las fiestas? ¡Madrid 2.020, ahora sí!

*Jose Antonio Plaza Rivero es vocal vecino de Obras Públicas de la Junta Municipal de Salamanca y Jefe de Área en la Consejería de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid.

Ilustración: Patri Tezanos

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12 Comentarios

  1. Efectivamente, Sr. Plaza, ¿para que queremos unos juegos? para ¿hacernos mas de Madrid? ¿para ganar pasta gansa? para ¿dar mas que ganar a politicos de moral dudosa? No me cabe duda de que los juegos serían buenos para Madrid. Sin duda, siempre que no nos arruinemos con ellos. Pero para algunoss sería hacerse de oro. Seguro que si Urdangarín no hubiese estado como está, estaría a la cabeza de la candidatura, y no gratis por cierto. En fin, que vale, pero que como que no.

  2. Esta es la ocasión que no debemos perder…!!
    La insistencia, o la constancia, también son muy buenos valores que el C.O.I debería de tener en cuenta. Lo que se te olvida, mon ami, es que del otro lado todavía está Don Albertito de Mónaco y su consabida seguridad. Esperemos que el alto el fuego de la Banda de asesinos de ETA, sea suficiente para él. Coincido contigo en que en los tiempos que corren, debemos de sopesar muy mucho la inversión del escaso dinero que tenemos. Es fundamental, el muy buen apoyo de las empresas patrocinadoras.
    Esperemos que a la tercera sea la vencida,,,!!!!

  3. Bien visto. A ver si ahora va a salir algun “listillo” que con la excusa de la gloria olimpica ¡pelotazo!. Pelotazos los futbolistas, los demás, buena gestión a ver si podemos recuperar esto entre todos, con juegos o sin juegos. Buen artículo!

  4. El dinero que se destinó a promocionar las candidaturas de Madrid 2012 y 2016 resultó, a la postre, un gasto público. Para que este “gasto” lo podamos considerar “inversión” debe haber un retorno que lo justifique. En 2012 y 2016 no creo yo que podamos encontrar ese retorno por mucho que queramos -como apuntas también- cuantificar el presunto aumento del prestigio de nuestra ciudad, su repercusión en el turismo, etc. Y mi duda es, como la tuya, si compensa ahora nuevamente el esfuerzo.

    Lamentablemente sólo lo sabremos con el sí o el no final del COI a la candidatura de nuestra ciudad. Hasta entonces será una apuesta con todo su riesgo. Si es un “sí,” todo lo “invertido” estará bien, habrá retorno sin duda. Si es un “no”, seguiremos hablando de un “gasto” de muy escaso rédito.

    Si finalmente Madrid organiza los juegos del 2020 el resultado en ningún caso resultaría similar al de Atenas 2004. Fundamentalmente porque gran parte de la inversión en instalaciones deportivas, transportes y hostelería está ya llevada a cabo. Por tanto, el coste del proyecto final es mucho más reducido que en el caso de una ciudad con poca infraestructura previa como fue el caso de Atenas. Además del número de puestos de trabajo que se crearían, el resultado final sería sin duda muy positivo para nuestra ciudad. Y no olvidemos que estamos hablando de un horizonte temporal a ocho años vista.

    Sin embargo, tengo que reconocerlo, me espanta el logo del “20.020”…

    Un abrazo.

  5. Muy buenas Jose,

    Me ha gustado el planteamiento. Desde luego sería la única forma de compensar el dinero que llevamos invertido en los anteriores intentos, pero aún así me da miedo, dado el carácter “apandador” del personal patrio que hagamos una mezcla entre el desastre económico de Grecia (claramente por el reparto de dinero a los no participantes) y el organizativo de Atlanta. El miedo no es por la capacidad de la gente, que no creo que haya duda, sino porque si colgamos el cartel de “low cost” para unas olimpiadas, tal y como has dicho, en este país y dado que nuestro nivel de inglés no vale lo entenderemos como “todo vale” o más comúnmente como un “ancha es Castilla”. En fin, que habría que ir con muchísimo cuidado y no quiero decir muchísimos controles porque de nuevo empezaríamos a meter por medio burocracia y más gente.

  6. Enhorabuena de nuevo al Sr. Plaza por su artículo.
    Tan solo dos puntualizaciones:
    – el tema de Atenas no es un buen ejemplo, ya que fueron unos juegos otorgados por aquéllo del centenario de los Juegos modernos, y que deberían haber sido 4 años antes, cuando los de Atlanta.
    – A mí el tema de inversión privada únicamente para la promoción me suena a que, en caso de que la candidatura gane, todas las entradas a los principales acontecimientos serán para los empleados y amigos de las grandes empresas que apoyen la candidatura. Vamos, que me veo viendo el tiro con arco, el piragüismo y…si me dejan un centímetro de acera, ¡la maratón!

  7. Aunque la semana pasada me pasó sin hacer comentario al maravilloso artículo de Jose Antonio, esta no va a ser así y tengo que decrle algo a este chico tán polisémico él (con acento en la e).
    Organizar unos juegos olimpicos pienso que deja mucho dinero en el pais, pero lo malo es intentarlo tantas veces y luego no conseguirlo.
    Puede ser rentable a corto plazo, quedan infraestructuras que pueden ser utilizadas a posteriori (aunque según dicen están realizadas en un porcentaje alto). Tener la certeza de lo que va a pasar es difícil, quien sabe como estaremos economicamente dentro de 8 años. La economía son ciclos y posiblemente en un tiempo hayamos pasado está crisis y nos venga un momento de auge.
    Si ahora no se consigue pues que se vuelva a intentar en el 2024. ¿Esto no té produce repelús?.

    A J.A. un beso fuerte.

  8. Totalmente de acuerdo J.Antonio, en los tiemnpos que corren, nada mejor que organizar un evento de estas dimensiones con dinero privado que, si lo conceden, puede abrir la caja de pandora con la creación de empleo; además no nos olvidemos que la banca ha estado suministrada con dinero público y no han ayudado en abosluto a levantar, ni siquiera un ápice, la economía actual, al contrario hasta ellos mismos han tenido la desfachatez de prejubliar gente válida y preparada para suplirla por la inexperiencia. ¿Cuando vamos a aprender que la experiencia unida a las nuevas y renovadoras ideas y bien gestionado, pueden hacer un país fuerte y competidor capaz de enfrentarse a retos y a eventuales crisis y salir airoso de ello?.

  9. Me gusta el artículo, pero en él me das la razón en algo que hemos discutido muchas veces: no se puede dejar TODO en manos privadas. Siempre tiene que haber una autoridad pública (lo que debería significar imparcial y justa) que supervise, tanto el gasto como el uso óptimo del dinero y de los recursos, es decir, la optimización.
    Por lo demás de acuerdo, si a Madrid realmente sólo le cuesta 7 millones de euros. No creo que sea un gran dispendio cuando los beneficios pueden llegar como una telaraña a muchos sectores de la sociedad.

  10. Estoy totalmente de acuerdo con uno de los comentarios (paraGC). La situación actual no invita a realizar inversiones de dudoso retorno. Estamos en una profunda crisis y el futuro próximo no es muy prometedor. Utilicemos esos recursos para salir de esta situación y cuando nos encontremos en un momento mejor, económicamente hablando, destinemos nuestros esfuerzos a este tipo de objetivos. Debemos cambiar la mentalidad y darnos cuenta de que somos pobres, dejemos este tipo de hazañas para quien se lo pueda permitir en estos momentos.

  11. En este tiempo de crisis realmente aguda, cada día nos desayunamos con un escándalo más o un gasto difícilmente justificable. Es cierto y triste que hemos padecido (y padeceremos siempre, está en la condición humana) el abuso de lo público por parte de algunos.

    El hecho diferencial en estos momentos es la situación económica del país, que sin duda resalta y realza ciertos comportamientos delictivos, incluidos gastos públicos de dudosa necesidad o conveniencia, por encima de lo que hubiera ocurrido en un momento de bonanza económica. Es lógico: ahora todo gasto nos parece malo y superfluo.

    Entiendo que es difícil abstraerse de la situación que nos toca vivir y, hablando de los Juegos, no dejarse embaucar por la comparación simplista y demagógica de “más vale que no se gasten ese dinero y nos bajen el IBI”…, por ejemplo. (Seguro que todos podríamos construir una frase semejante).

    Pero ese tipo de comentarios, llevados al extremo, paralizarían cualquier actuación de la administración. No podemos aplaudirlos sin más.

    Unos Juegos Olímpicos son una gran oportunidad de desarrollo, una gran oportunidad de que todo el planeta ponga cara a Madrid… También son una oportunidad de ruina y bochorno ante una organización mediocre. Bueno, pues toca demostrar que Madrid puede ser de los primeros. A menudo presumimos de ciudad y Comunidad; si nuestra ciudad, por fin, es elegida, toca demostrarlo. Y no caigamos en la demagogia.

    Para terminar, ¿por qué nuestra alcaldía se empeña en cometer a sabiendas faltas de ortografía? Empezamos con “madrid!” y ahora lo completamos con “madríd”… ¡Válgame Dios!

  12. Querido Juan:
    Antes de comentar tu incisivo artículo, permitemé matizar tu pregunta inicial. ¿Merece la pena el esfuerzo económico y la estrategia de ciudad que llevamos ejecutando desde hace ya largos lustros ante la bisoña posibilidad de que nos adjudiquen los próximos o siguientes juegos olímpicos?. Creo que ésta redacción, cuestionable, es más ilustrativa incluso inquietante.
    Fijaté que a mí, salvo la mala gestión o la excesiva implementación de medios para lograr el fin, no es lo que más me preocupa. Si, en cambio, aspectos como la posible desconexión social, la distracción sobre el objetivo responsable de la gestión de la Ciudad Real, con sus deficit y problemáticas si me intranquilizan..
    La experiencia histórica, en el patrocinio de éste tipo de eventos de proyección global, nos indica que su éxito o fracaso está más en el control de la gestión y la contratación de todo el aparataje de merchandising, outsourcing broadcasting y derechos de emisión.
    Por su puesto, también la implicación de la ciudadanía, el voluntariado, como el excelente ejemplo de Londres y cómo no “la paz social” y el compromiso de colectivos sindicales, empresariales y políticos.
    La sola nominación de una candidatura de éste calado, produce una proyección, imagen, exposición y expectativas económicas que pueden cuantificarse positivamente incluso desde los primeros momentos.
    Para no extenderme, otra problemática sería:
    -Si generaremos y crearemos economía para hacer Ciudad o se tratará de un parque temático temporal con fecha de caducidad.
    -Si el modelo propuesto es compatible con la Ciudad o la Ciudad deberá ser compatible con el evento.
    -Si Madrid cederá por presiones políticas parte de su protagonismo a otras Regiones, dispersando el efecto previsto.
    – y si confiaremos en empresas de reputado prestigio para la organización de actividades, o convendremos como buenos españoles en improvisar ante tamaña responsabilidad.

    No es un asunto facil, …

    Siempre un abrazote

    Martin Sainz-Trápaga Castell (El Breve)

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