Pesadilla en los colegios catalanes

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J. A. Plaza*.- En uno de los programas más seguidos actualmente en la televisión, un afamado chef se echa a la carretera para visitar restaurantes ajenos y compartir su docencia culinaria con otros jefes de cocina. Cuál es su sorpresa al comprobar que en éstos no sólo no se practica la nouvelle cuisine de miniaturas y química casera que tan de moda ha puesto el ínclito Ferrán Adriá, sino que más bien al contrario, no se respetan ni las más mínimas normas de salubridad al uso.

Continúa el programa con el consiguiente estrépito de enfrentamientos varios para solaz de la audiencia hasta que finalmente se impone la razón y vienen los buenos usos que nunca debieron abandonarse.

El Instituto Beatriz Galindo, en la calle Goya – ZR

En su particular versión de pesadilla en la cocina, el ministro Wert ha puesto en negro sobre blanco lo que algunos ya veníamos diciendo desde hace tiempo: que hay que unificar los criterios docentes en todo el territorio del Estado. Pero no sólo porque finalmente se ha demostrado que los regionalismos excluyentes han convertido las ikastolas en madrasas y las inmersiones lingüísticas en ahogamientos sin remedio; sino también y principalmente porque hay que salvaguardar la calidad de la formación de nuestros jóvenes.

La libertad otorgada a las comunidades autónomas por los reales decretos 1513/2006 y 1631/2006 que fijaba el porcentaje de la materia lectiva controlada por los gobiernos regionales (55% o 65% según tuvieran lengua cooficial o no) ha sido aprovechado por algunos como Madrid para implantar un sistema de enseñanza bilingüe español/inglés, mientras que otros lo han aprovechado para intentar eliminar la lengua común del currículo escolar.

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¿Qué estrategia les parece más producente para el alumno? Pero aún así, hay algo poco edificante en que nuestros hijos conozcan perfectamente el cerro de Pingarrón o el Tajuña y no sepan colocar la cordillera penibética en el mapa. De ahí a decir que el Ebro es un río que nace en tierras extrañas hay un paso.

Por eso debemos intentar que la famosa inmersión en lenguas regionales no se convierta en apnea para los propios ciudadanos, sus vidas y sus economías. En cuestión de negocios está demostrado que es más útil manejarse en una lengua común que en varias lenguas a la vez. De hecho, por ejemplo, el Deutsche Bank no opera internamente en alemán, sino en inglés, porque es más barato.

Como decía Xavier Triadú hace poco en público, “el idioma catalán no sirve para nada, sólo para ser”. Y no es poca cosa, señor Triadú, ¿pero para ser qué? A ver cómo se le explica a los empresarios catalanes que sus empresas perderán competitividad y clientes gracias a la eliminación del español. O cómo se le explica a los estudiantes catalanes que quieran cursar estudios en una universidad madrileña que tendrán pasar el primer año de la carrera aprendiendo el idioma común. Por eso, es importante que una sola autoridad fije el contenido de las asignaturas troncales de la formación de los alumnos.

El español realmente no corre peligro en Cataluña. Las personas de la calle lo hablan de forma habitual -así lo he constatado- y la fuerza de la vida lo mantendrá vivo en las personas le pese a quien le pese. Sin embargo, las derivas nacionalistas que pretenden a cualquier precio enfadar a unos españoles con otros para tapar sus gestiones despilfarradoras y otros pecadillos no van a cejar en su línea de enfrentamiento. Sin embargo, como explicaba Aldous Huxley en ‘Retorno a un mundo feliz’, los sentimientos negativos no son sostenibles en el tiempo, sólo los positivos perduran. Por eso nuestro amor por Cataluña sobrevivirá y sus nefastas iniciativas perecerán.

Si hay algo deplorable en la iniciativa del ministro Wert es que no haya conseguido presentarla desde el consenso político; al menos con el de algunas de las fuerzas constitucionalistas más representativas del país, como el Partido Socialista o UPyD. Se ha perdido otra oportunidad para consensuar un modelo educativo estable en el tiempo que garantice su permanencia sea cual sea la ideología que gobierne el país.

Esperemos que, como en el programa de ‘Pesadilla en la cocina’, tras la bronca despertemos a las buenas maneras y a los buenos usos de los que no debimos salir.

*Jose Antonio Plaza es vocal vecino de Obras Públicas de la Junta Municipal de Salamanca y Jefe de Área en la Consejería de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid.

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5 Comentarios

  1. Como bien señala usted, estimado señor Plaza, han sido las formas digamos “tancredistas” (o tancrédicas, tancredoides… al gusto) del ministro Wert lo que han inflamado ánimos y tensado la situación. Ya empezó mal con la declaración de “españolizar” al personal. Sabiendo que está el simpático nacionalista catalán con piel de cristal preparado para esas divertidas soflamas, no se queda corto el jovial nacionalista español (de piel aún más frágil) soltando una ocurrencia perfecta para provocar el terremoto. En realidad, y esto lo digo a título personal, hemos asistido a una campaña catalana que sólo podía beneficiar a CiU y PP, debido al mundo nacionalista insertado a modo de telón para tapar recortes de unos y otros. Pena para ambos, al final ha salido ERC con una fuerza (creo que) inédita hasta la fecha.
    Conozco a muchos catalanes y lo suyo lo asocio a un bilingüismo forzado. Nunca he encontrado a ese mítico catalán que no habla el castellano (lo mejor no les dejan salir de Catalonia, que también podría ocurrir). Más bien he visto a gente simpática con escasas quejas de Madrid, con el único defecto de ser casi siempre del Barça. Por ahora, lo que he visto de nuestro actual ministro me chirría bastante, y tengo esa sensación que me entra cuando veo a alguien queriendo matar moscas a cañonazos antre la mirada de propios (principalmente) y ajenos (ya dijo una sabia aquello del “¡que se jodan!”).
    Como ya es costumbre, reciba un cordial saludo.

  2. Estimado Sr. Plaza, en mi opinión el Sr. Wert ha aplicado una táctica que, a pesar de haberse demostrado nefasta, sigue empleándose en los más variados ámbitos y que podríamos titular como “pos” yo más. Más “burro” quiero decir… Así, ante la evidente y reiterada rebeldía de Cataluña en el incumplimiento de las sentencias del Constitucional, a nuestro ministro no se le ocurre otra cosa que “obligar” (a ver cómo lo hace) a la autonomía rebelde a pagar la escolarización en español en un centro que los padres deberán buscar. O lo que es lo mismo: santifica y aprueba la rebeldía ante la incapacidad gubernamental de hacer cumplir la ley y pretende que Cataluña pague un peaje (pagar el coste a los padres) y así permitir el incumplimiento de una sentencia.
    ¿Con qué catadura moral nace una ley que basa su propia existencia en la incapacidad del Estado de hacer cumplir una sentencia de rango superior (en tanto en cuanto, es del Constitucional)? ¿Cómo queda tanta moralidad sobre el derecho a elegir idioma vehicular gratuito para todos? ¿Y si no hay un colegio que imparta clases en español? ¿Qué es esto, una tasa por incumplimiento?
    Como decía al principio, “pos” yo más…, o dicho de otra forma, Wert ha sentenciado: “pa bruto, yo”…

  3. Yo estoy de acuerdo con la escolarización en castellano.
    Respecto al resto de cambios que recoge la nueva reforma educativa, el tiempo nos dirá si hacer pruebas de paso de nivel, adelantar un año la elección de bachiller o FP o quitar la selectividad, etc han mejorado el nivel de los alumnos o no. Había que hacer una reforma, pues según todos los baremos, el nivel educativo en España es de pena.

    Un saludo.

  4. Mi intención ahora Sr. Plaza no es comentar su artículo, pues doctores tiene la iglesia y además en estas cosas nunca llueve a gusto de todos. Pero si decirle, lo buenos que me parecen sus artículos y la originalidad de los mismos. Aunque no le conozco pero me gustaría hacerlo (pues llevo leyéndole desde que escribe en zonaretiro) me encanta como lleva el desarrollo de los escritos y como “el que no quiere la cosa” entra en temas sumamente importantes y también como “el que no quiere la cosa”, sale de ellos (su introducción, nudo y desenlace).

  5. Pues que se fastidien los catalanes¡¡¡¡¡
    En España nuestra lengua es el español, lo siento pero es asi.

    Has hecho buen simil con el progarma de “Pesadilla en la cocina”.

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