La tortilla al poder

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Foto: High Voltage (Flickr)

J. A. Plaza*.- Pocas cosas seguras hay en el mundo, pero una de ellas es que la mejor tortilla de patatas que ha probado usted en su vida, amigo lector, es la que hacía su mamá. ¿He acertado? Eso es porque la cocina es un problema de referentes, como otros en la vida. Si el ser humano ha llegado a donde ha llegado es porque como raza hemos aprendido de la experiencia previa, mejorándola. De ahí el valor de las tradiciones que a veces nos empeñamos en replantearnos y en sojuzgar una y otra vez.

Llama la atención la noticia que nos llega de allende el océano, con resonancias conocidas para nuestra sociedad; el alcalde de la ciudad de Nueva York quiere prohibir los refrescos de tamaño grande para los niños debido a la masiva ingesta de azúcar que promueve en ellos. Cuando similar medida se intentó poner en marcha en nuestro país, sufrió amargas críticas desde todos los sectores, aunque finalmente se llevó a término de forma parcial. Cierto es que la medida suena algo radical y puede ser sustituida por otras como la desincentivación mediante la prohibición de la publicidad de los productos de alimentación insanos, pero en realidad es sólo la punta del iceberg del problema que sufre nuestra sociedad. El problema de fondo tiene una doble vertiente.

Por un lado, las empresas han descubierto a los niños como consumidores ideales; susceptibles a la publicidad, maleables, con gustos homogéneos, compulsivos, con disponibilidad del dinero de los padres. Son el nuevo becerro de oro de los publicistas. Desde los clásicos cromos de fútbol que antes te jugabas en el recreo y hoy son objeto de lujo, hasta la ropa de marca, pasando por ídolos musicales imberbes y prefabricados u ocio específico (pidan un crédito y vayan a Eurodisney si no me creen), nuestros hijos nos condicionan para que les proporcionemos alimentos poco saludables, gestión de su vida social o vacaciones confortables.

Pero la otra pata del problema, a mi modo de ver ,más grave y de más difícil solución, es la pérdida de referentes que hemos sufrido los padres respecto a las generaciones anteriores. En este afán de metamorfosear continuamente la sociedad hacia no se sabe muy bien qué, nos hemos replanteado la relación con nuestros hijos, los valores que les debemos transmitir e incluso la alimentación que les ofrecemos. Ahora lo fashion es enseñar a los niños que existen veintitantas clases de condiciones sexuales, que Epi y Blas eran pareja de hecho y que el cocido es cosa de las abuelas, donde esté una buena whoppercocacolapatatas que se quiten los bocatas de salchichón e incluso de lomo (¡qué pecado, Señor!). Si tu hijo no te demanda verduras, cosa natural a su edad, es tu deber enseñarle a comérselas, no esquivar la cuestión con un golpe de pizza. Hay que tener en cuenta que, según el ministerio de sanidad, casi un 20% de centros educativos de secundaria tiene máquinas expendedoras de “chuches” y que nuestro país es el cuarto de Europa con mayor número de obesos infantiles, alrededor de un 20%.

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Hoy hay tres veces más niños obesos que hace 15 años. Y no lo son de comer tortilla de patatas de la abuela, se lo aseguro, sino de la mala inculcación que a veces los padres les hacemos de los hábitos saludables. Cierto es que la natural incorporación de las mujeres al mundo laboral ha restado protagonismo a la madre como gran educadora; pero es el momento de que los padres tomemos el relevo y realmente participemos en la educación, incluso culinaria, de nuestros hijos. Fíjense si es un problema preocupante, que la Academia Europea de Alergia e Inmunologia Clínica (EAACI) comunica que el número de personas con reacciones alérgicas a la comida se ha duplicado en los últimos diez años, siendo un tercio de las reacciones alérgicas (y las más graves) las que ocurren en lugares donde los niños están expuestos a nuevas comidas: www.eaaci.net , que no suele ser el cole, dicho sea de paso.

Tanto es así que el Ministerio de Sanidad ha implementado una estrategia para terminar con esta plaga sobrealimentaria y anafiláctica del siglo XXI, la estrategia NAOS ( www.naos.aesan.msssi.gob.es/naos/estrategia ). Pero yo les propongo otra más barata y mejor: volvamos a lo de toda la vida, al cocido de la abuela –me he delatado, soy cocidista -, regresemos al bocata de jamón serrano, veneremos el aceite de oliva, ¡abajo con las modas neonatas y extranjerizantes! Muchas veces, en lo tradicional, en lo que hacían nuestros abuelos, está la verdad. No queramos reinventar la pólvora.

*José Antonio Plaza Rivero es vocal vecino de la Junta Municipal de Salamanca y Jefe de Área en la Consejería de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid.

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8 Comentarios

  1. Madre mia que pinta tiene la tortilla de la ilustración!!! se me ha despertado la gula, voy a por un pincho inmediatamente.

  2. Buen canto a la tradición culinaria. Siendo uno de los países de referencia en alimentación y habiendo escuchado tantos parabienes a nuestra dieta mediterránea, sorprende que cada día nos alejemos más de ella. Estoy de acuerdo contigo en que el cambio de modelo familiar, en el que la mujer se ha incorporado al mundo laboral tiene influencia sobre estas dietas y hábitos saludables. Si a esto le unes que el ritmo que hoy nos impone la sociedad a hombres, mujeres y niños, no hay distinción, es frenético pues ya conoces la consecuencia.

    Un ejemplo rápido: familia de 5 miembros (matrimonio y tres hijos), ambos progenitores trabajando y en horarios no compatibles (es lo más habitual), cada uno de los hijos con un horario distinto (uno universitario, otro en bachiller, el tercero en la ESO)… es probable que sólo coman juntos -y no todos- el sábado y el domingo. Si los chicos comen en el colegio estarán muy bien alimentados (al menos en mi experiencia siempre me ha sorprendido el equilibrio de los menús escolares y la información por adelantado de los mismos), pero el resto harán lo que puedan. Es probable que el universitario malcoma en la cafetería de su facultad, y los padres alternen los sandwiches o hamburguesas con grasientos menús de cutrebar y veinte minutos de plazo.

    Yo también me declaro “cocidista” y más aún: “cucharista”. Raro es que un plato de cuchara no sea una joya culinaria, una sopa, un buen puré, cualquier legumbre o guiso de puchero… En fin, que son las diez de la mañana y ya estoy poniendo en alerta a mis jugos gástricos.

    Un gran artículo y una reflexión que se impone: ¿hacemos todo lo que está en nuestra mano para la correcta nutrición de nuestros peques?

  3. Aunque parece que nos preocupamos mucho por la alimentación de nuestros niños y queremos que lleven una dieta lo más sana posible, no es así. La vida que llevamos hace que descuidemos los buenos hábitos y costumbres, no solo de la comida, sino de todo y los niños van hacer y seguir lo que vean en casa. La actitud de los padres es lo que más influye en ellos y nuestra actitud en muchas ocasiones es buscar lo cómodo, evitar las discusiones, salir del paso y dejarles hacer lo que les de la gana.
    Nuestros padres tenían más tiempo para “preparar el cocido” (que a mi también me encanta).
    Juanma GG ha puesto un ejemplo con el que me identifico, es mi caso tal cual.

  4. Al margen de estar entéramente de acuerdo contigo, José Antonio, añadiría el otro gran pilar culpable de la obesidad (y no sólo la infantil) y que no se ha comentado:

    El sedentarismo.

    Una gran parte de las personas con sobrepeso dejarían de tenerlo si, en esta locura de vida de llevamos, todo tuviéramos acceso a instalaciones deportivas con actividades a todos los niveles y para todos los públicos.

    Vitoria-Gasteiz, que tiene una población muy similar a la del distrito Salamanca, cuenta con diez veces más centros deportivos y actividades; si elevamos la comparativa a la capital completa es para ponerse a llorar.

    Un verdadero fomento de la bicicleta también ayudaría y mucho a luchar contra la obesidad; cosa que en el País Vasco también nos llevan años de ventaja.

    Parece mentira que lo moderno y futurista sea un madrileño que sale de trabajar en su coche (o en el metro) y que tiene que dedicar 30 minutos (si no más) a llegar a su centro deportivo o gimnasio (casi siempre privado, y no son baratos), y luego dedicar otra media hora para volver a casa.

    Cada uno sabrá el modelo de ciudad que quiere, pero la gente (tal y como vive con prisa) no puede estar a dieta de por vida. Es imprescindible hacer deporte y que se fomente; pero de verdad. No con carteles y eslóganes.

  5. Estando totalmente de acuerdo con el Sr. Plaza, considero que este tema podria se objeto de una tesis doctoral, tanto en medicina de familia, como en sociología o economía. En definitiva, las circunstacias que rodean a este tema son tan amplias como la misma organización de la sociedad y del consumismo.
    Ahora trabajan padre y madre, hasta las tantas, cuando los padres llegan a casa los niños llevan todo el día con la tata o solos haciendo lo que les dá la gana…entonces llegan su padres y, claro!, para un rato que los ven no se van a poner a regañarlos ni a discutir, además están agotados…
    Pélate un kilo de judías verdes, cuécelo, rehógalo con algo rico para que no se te amotinen…además has tenido que ir a comprar pescado fresco después del trabajo y antes de ir a casa: límpialo y cocínalo de tal forma que tampoco se te amotinen en el segundo plato…. y después, si has conseguido salir de los dos platos sin discutir, mandarlos a su habitación o castigarles, intenta que tomen de postre algo de fruta…..y así todas las noches.
    Sí, si yo comprendo, y a veces a mí también me dan ganas de rendirme y tirar de congelador…. es una lucha diaria, pero creo que nuestros hijos se merecen que lo hagamos por ellos igual que lo han hecho nuestros padres por nosotros. Los niños de hoy son los adultos del mañana, y posiblemente alguno de ellos tenga que lidiar,profesional o personalmente, con el tema de la alimentación infantil. Seguramente nuestro modesto pero constante e inasequible al desaliento ejemplo les ayude a construir una sociedad mejor para sus propios hijos o coetáneos.

  6. Respecto al comentario de G. Bravo, cuando nosotros éramos pequeños no había gimnasios: había amigos y balones, cuerdas para saltar, polis y cacos, el juego del látigo, churromediamangamangotero, el escondite…etc,etc,etc….
    Todo esto además de la dieta mediterránea: legumbres, bocata por la tarde y espinacas con bechamel para cenar…eso sí, recién preparadas por mamá..

    • Claro. Y además de todo eso, seguro que tendría lugares para jugar sin riesgo y sin contaminación.

      Está claro que vamos a peor caballero.

      Ve cómo estamos de acuerdo.

  7. Sr. Bravo:

    Si ha leído atentamente el artículo, cosa que no se denota por sus comentarios, estamos hablando de NIÑOS, no de ADULTOS…un niño no puede, o no debe, ir solo a un gimnasio ni a un centro deportivo, ni ir en bici por la ciudad solo.Lo que debe hacer es ir a uno de los múltiples parques que hay en nuestra ciudad, cada vez más y mejor equipados, o a nuestras amplias zonas verdes, y correr, montar en bici, patinar, jugar al balón… es decir, recuperar esos juegos diarios que se han perdido porque, o los padres estamos trabajando o nos es más cómodo sentarlos delante de la tele…
    Efectivamente, Sr. Bravo, estamos de acuerdo en que vamos a peor, pero no porque no haya gimnasios. Un niño menor de edad hace sufiente ejercicio al día jugando dos horas en el parque con otros niños en vez de estar en casa viendo la tele o jugando a la Pleiesteishon, no necesitan hacer deporte de competición para combatir la obesidad…

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