Sara Hernández, la mujer que fulminó al último tomasista

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P. Rodríguez.- Trabajó como cajera de supermercado y taquillera de cine al terminar la carrera de Derecho, con la que llegó a ejercer de abogada, aunque la alcaldesa de Getafe y nueva líder del PSM, Sara Hernández, no tardó por inclinarse por la política, un ámbito donde asegura que nadie le ha regalado nada, y que este lunes 3 de agosto de 2015 le lanzaba a la fama mundial por su decisión de fulminar al último apoyo del anteriormente destituido secretario general del PSM, Tomás Gómez: Antonio Carmona, que ya no es portavoz del Ayuntamiento de Madrid.

A sus 38 años, Sara Hernández (Madrid, 1976) ha asumido las riendas de un partido en el que milita desde 2002, un año antes de dar el salto a la política al presentarse como número dos en la candidatura del PSOE para el Ayuntamiento de Getafe.

La localidad madrileña donde vive desde los 8 años ha sido el epicentro de su carrera como socialista: antes de convertirse en alcaldesa, tras las recientes elecciones municipales, llegó a ser primera teniente de alcalde de Getafe, portavoz del grupo municipal y concejal de Presidencia, Mujer e Igualdad y Seguridad Ciudadana.

Licenciada en Derecho por la Universidad Carlos III, con un máster en Comunicación Institucional y Política, la nueva secretaria general del PSM compatibilizó sus estudios universitarios con un trabajo de reponedora en un supermercado.

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Tras licenciarse, trabajó como cajera y como taquillera de cine y, a continuación, como abogada especializada en Derecho Laboral y Civil en dos despachos.

De familia trabajadora, Hernández asegura que nadie le ha regalado nada en política, a pesar de que muchos la han identificado como la candidata de la Ejecutiva Federal del PSOE en las elecciones primarias celebradas hoy, extremo que ha negado en declaraciones a los medios.

En una entrevista con la Agencia Efe confesó que fue próxima al exsecretario general del PSM Tomás Gómez, destituido el pasado mes de febrero, hasta el punto de autodenominarse “tomasista”, y no descartó incluirlo en los órganos de dirección del partido si se lo pidiera.

“Abro las puertas para todo compañero que entienda que pueda aportar algo a este proyecto, todos y todas”, sostuvo tras ser preguntada directamente por Gómez.

La ruptura con el anterior líder de los socialistas madrileños se hizo patente cuando Hernández pasó a integrar la comisión gestora que asumió temporalmente la dirección del partido, un cargo que abandonó para concurrir en el proceso de primarias para la Secretaría General del PSM, en el que ha contado con un único rival, el diputado regional Juan Segovia.

El día de la presentación de su candidatura le arroparon alcaldes socialistas de las localidades madrileñas más relevantes como Fuenlabrada, Móstoles y Alcalá de Henares, una demostración de fuerza que Hernández en cambio atribuyó a la construcción de “un proyecto colectivo y compartido”.

Defensora de la unidad en el partido y de la participación, la nueva líder del PSM aboga por consultar de forma obligatoria a la militancia sobre temas “sensibles y relevantes” como la política fiscal o el modelo de desarrollo de la región.

Además, no oculta su preocupación por el reducido número de afiliados socialistas en la Comunidad de Madrid (en torno a 15.000).

“Hay que llevar a cabo una clara y potente campaña de afiliación para que sean más los ciudadanos que vean reflejadas en esta organización sus aspiraciones”, ha llegado a decir en una de sus comparecencias.

También ha defendido establecer una “rendición de cuentas permanente” para los cargos públicos tanto locales como regionales al menos una vez al año, celebrar auditorías externas e informar sobre la contratación de personal y la gestión interna del partido.

Compromisos que tendrá que poner en práctica en un mandato que se estima breve (en principio, hasta la celebración de un congreso ordinario) y en el que el público tendrá la oportunidad de conocer más de cerca a una política que, desde su entorno, califican de “perfeccionista” y “muy trabajadora”, además de “tímida”, “afable” y “humilde”.

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