Adif se carga el bello tapial neomudéjar de Chamartín

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Foto: Rubén Vique

J. E. Villarino*.- Señores de Adif y señores de Fomento: les ha quedado todo maravilloso. Debe ser por ello que no se han cortado un pelo en colocar ese cartelón, para mayor gloria de los valores estéticos que ustedes practican en esa empresa estatal y esa cursilería que ahora se dice de la responsabilidad social corporativa.

Pues, la responsabilidad social corporativa les ha quedado por los suelos. Todo sea por el bien de la Alta Velocidad Española, que no repara en minucias, con tal de que los trenes veloces lleguen a todos sitios. A costa de lo que sea.

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A costa de lo que sea, en este caso, es haberse cargado, primero, y deconstruido  -sí, deconstruido, no reconstruido-, después, una bella tapia del más estilo neomudéjar madrileño que envolvía primorosamente todo el perímetro del recinto ferroviario de Chamartín.

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Incluso, la señal de tráfico que prohíbe el acceso a la calle Hiedra a la circulación de vehículos rodados parece estar diciendo a conductores y peatones que se hurten de acceder a la calle para evitar contemplar tamaño engendro visual y estético.

Durante años y años las obras de la entrada en Madrid de la línea Madrid-Valladolid Norte han desbaratado esta zona para poder llevar a cabo los trabajos necesarios a tal efecto. Valga ello, en unas supuestas aras del progreso.

Pero lo que ya no vale es la horrorosa chapuza que han hecho, una vez que las obras han concluido. Sin encomendarse a Dios ni al diablo, tiraron del socorrido, monótono y, en este caso, antiestético hormigón para sustituir  -que no restituir- lo derribado. Nadie duda que en otras manos y en otras ocasiones con hormigón se hacían y se siguen haciendo verdaderas obras de arte. Pero, más bien poquitas y en manos de maestros. No es el caso, a pesar de que nos conste que en la plantilla de Adif trabajan muy buenos arquitectos e ingenieros.

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Madrid está lleno de vestigios neomudéjarres no sólo en singulares edificaciones sino en obras mucho más humildes como pueden ser la tapias de bastantes, muchos de sus cementerios, cerramientos de los palacetes, de manera especial los que pertenecieron a la corona en las fincas de verano sitas en ambos Carabancheles y en ornamentos de parques y jardines. Todas ellas han sobrevivido gracias a la valoración que le han dado los ciudadanos, aún a pesar de los incontables atropellos de la municipalía al uso.

El ferrocarril español tiene hermosas edificaciones, no sólo estaciones -entre las que destaca la joya de la estación toledana- de estilo neomudéjar. Sin ir más lejos, próximos a la estación de Atocha Cercanías, en la trasera de los edificios ferroviarios de la Avenida de la Ciudad de Barcelona se sitúan edificios de antiguos talleres, hoy reconvertidos a otras funcionalidades, destacando uno de ellos denominado precisamente ‘La neomudéjar’, convertido en sala de exposiciones y eventos culturales.

En fin, llamamos la atención de Fomento y de los responsables de Adif para darles la oportunidad de que se luzcan y que al menos por una vez puedan ser enmendados los desastres que conlleva el progreso y reconstruyan imitando lo ya existente, este bello ejemplar de tapial madrileño, que hasta hace poco tiempo en su integridad envolvía dignificando unos terrenos y edificaciones destinadas al ferrocarril de nuestra ciudad.

* José Enrique Villarino es economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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