Renfe deja en tierra a un niño solo

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J. E. Villarino*.- Entre kafkiano e increíble, si no fuese tan real como la vida misma. Renfe deja tirado a un niño con equipaje en el andén de la estación de Murcia-El Carmen, mientras su madre y otros hermanos partían en el Talgo de las 6:10 h, con destino Madrid.

Ni éste es el andén de la estación de Murcia-El Carmen, ni el niño de la fotografía es el que 
se quedó sólo viendo partir a su madre y hermanos hacia Madrid, pero la escena es la misma:
 un despropósito y la justificación, otro, todavía mayor, si cabe.
Ni éste es el andén de la estación de Murcia-El Carmen, ni el niño de la fotografía es el que 
se quedó solo viendo partir a su madre y hermanos hacia Madrid, pero la escena es la misma:
 un despropósito y la justificación, otro todavía mayor si cabe.

Quienes amamos el ferrocarril, aunque tenga cosas que hacen los políticos que no nos gustan, sentimos vergüenza ajena de algunos comportamientos que se dan en nuestra, hasta ahora, empresa ferroviaria de bandera.

Sentimos bochorno y deploramos estos hechos lamentables, que no tienen explicación ni justificación alguna. Pero, sobre todo, deploramos la reacción de los responsables de la empresa que nos abochorna todavía más.

Así finaliza la crónica que la periodista de La Opinión de Murcia escribía sobre los hechos que denunciamos: “Fuentes oficiales de Renfe afirmaron que lo ocurrido ayer «es una excepción», pero que los trenes cierran las puertas «porque deben cumplir horarios». Una vez surgido el problema «el objetivo era garantizar la movilidad de los pasajeros, y así se hizo».

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Siempre hemos criticado el reglamentismo absurdo con el que se quieren justificar y amparar conductas que son injustificables en sí mismas. Las personas y el sentido común están por encima de los reglamentos. Es inadmisible que un tren inicie la marcha dejando a un niño solo en medio del andén mientras su madre y hermanos partían en el tren hacia su destino.

¿Cómo se puede decir que lo ocurrido es una excepción? Faltaría más. Decir eso no es nada, ni justificar nada, ni explicar nada. Es la muestra de la incompetencia de las personas que desempeñan el trabajo de comunicación en la empresa.

Después de hechos como el que denunciamos, métanse debajo de la mesa y dejen de hablar y presumir de la Responsabilidad Social Corporativa, de la Atención al Cliente, y demás zarandajas vacías de contenido que simplemente son pura palabrería hueca, sin contenido.

Claro que los trenes deben cumplir sus horarios. Lo mismito que los trabajadores cuando acuden a su trabajo. O cuando van al dentista, o el médico atendiendo a sus pacientes. Todo el mundo tiene que cumplir horarios, pero eso no lleva a actuaciones tan incalificables como la mencionada.

Y, a la hora de cumplir horarios no nos den lección alguna, ya que si hay algo proverbial y paradigmático de la impuntualidad ha sido “la Renfe”. Pero, además, un par de minutos no iba, en este caso, a ninguna parte.

La gente a lo mejor no lo sabe, pero nosotros sí. Sabemos los “colchones” con que Adif y Renfe -pero sobre todo Adif- programa los trenes, cubriéndose las espaldas precisamente frente a retrasos. Seguro que el colchón de la marcha del Talgo de las 6:10 de Murcia, le hubiese permitido recuperar tranquilamente los dos o tres minutos necesarios para que la criatura pudiese embarcar con su familia.

¿Para qué gasta Renfe una millonada al año en contratar a tripulaciones de atención a los viajeros, si luego no sirven para nada en circunstancias como ésta porque Renfe no protocoliza estas tareas?

Nosotros hemos comprobado hasta la saciedad como los tripulantes se colocan a entrada de las puertas, eso sí de guantes blancos, impasibles ante lo que ocurre a su alrededor, poniendo una sonrisa “Profidén”, mientras personas mayores arrastran bultos, hatillos, maletas y otros equipajes sudorosos y despistados.

Nunca hemos visto que los acompañantes echasen una mano para introducir sus equipajes al tren y su acomodo en las plataformas correspondientes. Esto es lo que les interesa a los viajeros y no la comida de la señorita Pepis que antes daban en Preferente.

El último párrafo de la justificación que alega Renfe, es de traca: “Una vez surgido el problema «el objetivo era garantizar la movilidad de los pasajeros, y así se hizo».

O sea, que una vez hecho el entuerto, como se dice, surgido el problema que los empleados fueron incapaces de resolver, el objetivo era garantizar la movilidad de los pasajeros. ¿Y el derecho a la movilidad del niño que ustedes dejaron en el andén, solo y separado de su madre y hermanos, qué?

¿Dónde estaba el interventor (o interventores -cuando existen dos ramas hay un interventor por rama), dónde los miembros de las tripulaciones, dónde el maquinista? ¿Es que al maquinista no se le comunica que todo está ok para que éste pueda iniciar la marcha? ¿Para qué tanta tecnología de comunicación a bordo, interfonos, móviles, etc? ¿Nadie pudo advertir al maquinista que había un pasajero en tierra?

Eso de que los horarios son rígidos, deben ser rígidos hasta estos extremos, es sencillamente una leyenda urbana sin fundamento de la que gusta presumir a algunos empleados que todavía ven al viajero como un personaje que tiene la mala costumbre de viajar y, por tanto, de dar el coñazo.

Lo que se ha producido es un verdadero maltrato hacia unos viajeros y la empresa no debería justificarlo, cuando su obligación es todo lo contrario: investigar lo ocurrido y, una vez investigado, desautorizar o sancionar -si procediese- a los empleados negligentes.

¿Por qué entonces Renfe ha corrido con los gastos extra de retornar madre e hijos a Murcia para recoger al pequeño abandonado y los nuevos billetes Murcia-Madrid? ¿No es eso reconocer la culpabilidad en los hechos?

Hechos como éste y respuestas de la empresa como ésta, retrotraen a nuestro ferrocarril a tiempos pretéritos muy oscuros donde los supuestos intereses de la empresa primaban sobre los de los viajeros y los viajes eran una aventura llena de obstáculos.

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1 Comentario

  1. Y no es la primera vez. Yo viví lo mismo el año pasado en el tren de Vitoria a Madrid. La única diferencia es que al niño le acompañaba su abuela en la estación…

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