¿Quién diseñó la Transición?

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J. E. Villarino*.- Todos los medios hablan, han hablado y hablarán estos días de la persona de Adolfo Suárez, a la que deseamos paz en su definitiva transición, como la persona que realizó la tan traída y llevada transición política del franquismo a la partitocracia.

Malamente podemos hablar todavía de transición a la democracia porque, a nuestro juicio, malamente se dan las condiciones para que así sea. Pero, ¿quién diseñó la Transición? Intentaremos dar respuesta a esta cuestión, hoy de actualidad.

Los figurantes de la Transición

Creemos que no hay que confundir entre quienes diseñaron la llamada transición de los que fueron los figurantes de la misma. Queremos con esto decir que los autores de la transición no han sido los que el sistema y lo políticamente correcto dicen que han sido. Suárez, Carrillo, González, los militares, Tejero, el golpe, todos son comparsas de una partitura que ya estaba escrita, previamente escrita.

¿A alguien se le ocurre que la salida de una dictadura en un país situado en una de las más estratégicas penínsulas europeas, en medio de un escenario de guerra fría, se iba a dejar, sin más, en manos de personas provenientes de los bandos contendientes de la guerra civil?

Suárez no salió de la nada, pero salió de la nada. Suárez no era nadie hasta que fue nombrado director general de TVE y posteriormente secretario general del Movimiento. Alguien lo sacó de la nada. ¿Sus dos mentores Fernández Miranda y Herrero Tejedor? ¿Seguro?

Carrillo pasó de ser “la bicha” para una mayoría de los españoles de los años setenta, a ser tratado con deferencia por el primer gobierno de Suárez y ser legalizado, sorpresivamente para los altos mandos militares franquistas, en el sábado santo de 1977. ¿Quién autorizó, por acción u omisión, e instó a Suárez a hacerlo?

¿De qué piso clandestino nos han contado que salió un inexistente Isidoro, y con qué dinero se improvisó un partido, de cuya marca oficial que era la que estaba en el exilio, se apropió? ¿Quiénes y cuáles eran los CV de los jóvenes y jóvenas que estaban haciendo picnic inmortalizados en una histórica fotografía del agro sevillano? ¿Quién eligió a un vulgar abogado laboralista sin experiencia política alguna en competencia con los muchos políticos avezados de la rama histórica? ¿Qué mano oculta movió el congreso de Suresnes?

¿Quién estaba conteniendo y controlando los planes que todos los días se gestaban en los cuartos de banderas de la mayoría de las unidades militares y qué alta magistratura encandiló a los más altos y prestigiosos mandos, algún preceptor incluido, para dar un golpe, lo que no sabían teledirigido y con una ambigüedad calculada?

Al rebufo de estos personajes surgieron otros cientos de comparsas y miles de figurantes que llevaron adelante los prolegómenos del proceso a lo largo de los cinco primeros años, hasta que en 1982, el dinero de unos y el visto bueno de otros, dieron la aprobación para que un partido socialdemócrata desbancase a un gallinero de altos y pulcros funcionarios provenientes de un popurrí de ideologías y desplumasen al líder que los había amalgamado, como se vio, con escasa consistencia. ¿Quién azuzó calculadamente el falso centro y falsa democrática unión de falsos partidos, enfrentados entre sí?

Los que diseñaron la transición

La transición fue planificada con anterioridad a la muerte de Franco, e incluso, a la muerte de su segundo, el almirante Carrero Blanco, cuya muerte, en buena lógica deductiva, no fue ajena a esta planificación milimétrica de los hechos que comentamos. Se trataba de despejar el camino lo máximo posible y buscar el elenco de actores y figurantes para la representación a llevar a cabo.

En efecto, unos fueron los que diseñaron la transición y otros los que la representaron. Estos últimos seguían directrices de otros que, mayoritariamente, poco tenían que ver con los actores y figurantes implicados. Mucho se ha escrito acerca del papel de Torcuato Fernández Miranda y Fernando Herrero, inductores directos junto con Juan Carlos y el propio Suárez, actores pero no diseñadores.

Quienes diseñaron la transición española empezaron a trabajar de manera efectiva en 1972, teniendo en cuenta el reloj biológico del general Franco. Los coincidentes en diseñar una transición tranquila hacia un régimen homologable por el resto de países del llamado occidente fueron tres fuerzas fácticas que correspondían a otros tantos intereses estratégicos.

Por un lado estaban los servicios de la inteligencia militar española, que no necesariamente eran coincidentes con los servicios del entonces llamado SECED, servicios secretos creados en 1972 desde la presidencia del gobierno por el almirante Carrero Blanco, antecesor del CESID y del actual CNI.

Estos servicios eran conscientes y compartían con sus otros compañeros de triunvirato la necesidad de dar salida al régimen de Franco y a las aspiraciones de una oposición moderada, con partidos, pero sin el partido comunista, en un régimen de mayores libertades.

Estos militares y algunos altos cargos civiles del régimen estaban a años luz de aquellos otros que mandaban las principales unidades operativas desplegadas en el territorio.

Por otro lado, no podía faltar la CIA, central del espionaje norteamericano, encargada de velar, en versión civil (de la otra versión se encarga el ejército), por los intereses de USA en el resto del mundo con la anuencia del Departamento de Estado, misión dirigida por su director Vernon Walters, militar y diplomático estadounidense.

Dicha agencia no podía consentir que en el suelo donde tenían implantadas un montón de bases tácticas y estratégicas, con potencia de fuego nuclear, se vieran de la noche a la mañana amenazadas por un régimen de cariz comunista o filocomunista. Para ello no dudó de allanar el camino de quienes, personas o partidos, de un signo o de otro, se opusiesen al proyecto programado.

En tercer lugar, estuvo la SPD alemana y el socialdemócrata Willy Brandt que pusieron el dinero necesario, la logística y el asesoramiento para que un partido, el PSOE, que en 1976 tenía 1.500 activistas y 125.000 pesetas de presupuesto anual, entrara en el juego de contrapeso al partido comunista.

Estos, incluso es posible que el propio Franco en su dualidad galaica, fueron quienes diseñaron y dieron el visto bueno a la transición española hacia un sistema homologable al resto de países europeos, otros, los primeros actores: F. Miranda, el Rey y el propio Suárez y, otros muchos más, los figurantes.

Incluso, el golpe del 23F fue un diseño de laboratorio pensado y dirigido desde los despachos de los servicios de inteligencia con apoyo de la CIA para poder proceder a una nueva etapa, mediante la depuración de los altos mandos franquistas, que con insinuaciones equívocas creían que el golpe contaba con el más alto aval institucional.

De esta forma, se podía abrir una nueva etapa partitocráticamente bifronte, más estable. Los que diseñaron esta transición estimaron que Suárez ya no servía y todos, incluidos los que hoy derraman lágrimas de cocodrilo sobre su féretro y le alaban hasta límites cínicamente empalagosos, le apuñalaron y le dieron la espalda.

El héroe de la transición, que fue elegido por su juventud, arrojo político y desclasamiento respecto de su currículo anterior, fue arrumbado porque empezaba a ser peligroso e imprevisible, por su carisma y por haberse creído el papel que representaba.

A modo de epílogo 

A la casta del régimen franquista le sucedió la casta partitocrática: libertades solamente formales, dictadura de los partidos, sobre todo de los mayoritarios, listas cerradas, representación no directa, amalgama de los poderes fácticos (política, economía y grandes medios), perversión del poder judicial, administraciones elefantiásicas, despilfarro público, saqueo y corrupción por doquier, competencias a las que nunca debió renunciar el estado y avance imparable del secesionismo y el independentismo, sin que nadie se haya atrevido a reconvenir judicialmente a las prevaricaciones, bravatas y delitos de algunos de los máximos funcionarios autonómicos. Ésta ha sido la tan cacareada transición y sus frutos. Quizá pudieran haber sido peores.

*José Enrique Villarino, economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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4 Comentarios

  1. me ha gustado y creo que estoy “casi totalmente de acuerdo”. Algo me escamaba la simplicidad con que nos han contado las cosas e, intuitivamente, entiendo que algo parecido a este relato ha debido pasar. Esta realidad debería difundirse más.
    Nos movemos entre la tontuna y la ignorancia, Pero estamos deseando que se mejoren las cosas. Gracias

  2. Pies mire, le digo algunas cosas irrebatibles. ¿No hay autores muy serios que afirman que la CIA al menos hizo la vista gorda ante el asesinato de Carrero Blanco?
    Nadie lo ha desmentido después de 40 años. Otrosí, ¿no es cierto que el PSD alemán financió al Partido Socialista de Felipe González? Lo sabe hasta el Tato, menos ud; ¿no es cierto que nadie conocía a Felipe, Guerra, Benegas, etc hasta bien entrado 1976?, ¿a que vino el general y director de la CIA V. Walters a España en 1972 y sucesivas veces?. ¿No es menos cierto que el 23 F fue teledirigido por los servicios secretos españoles para reconducir los múltiples golpes en curso de los militares en aquellos años y potenciar la imagen del Rey, a costa de quemar y purgar a altos mandos y preceptores suyos?
    Ponga sobre esta mesa sus anti-conspiranoias, y todos tan contentos. Y si no las tiene, guárdese otra vez de lanzar acusaciones falaces.

  3. Por supuesto que EEUU siempre ha influido en el devenir poítico del resto del orbe, en unos casos comprando voluntades y en otros por las bravas. Por supuesto que el Psoe español en la clandestinidad y después estuvo financiado por su homólogo alemán. Está en la historia y nadie lo ha negado. Pero de ahí a montarse las películas que usted se monta (y que no son nada originales), media un abismo.

    Cuanto más ignorante es una persona, más tiende a inventarse, creerse y divulgar confabulaciones y misterios que tienen una sencilla explicación a poco que se haya estudiado un poco de historia y se tenga sentido común.

    Recuerdos a Elvis.

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