Y ahora ¿qué?

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J. E. Villarino*.- El pasado día 25 España pasó de ser mayoritariamente bipartita a cuatripartita, y he de confesar que el nuevo escenario me llena de dudas y riesgos que atisbo, que paso a compartir con ustedes.

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Casi todos han ganado

Como siempre ocurre, todos los partidos han ganado pero si somos veraces el PP de Rajoy se pegó la mayor bofetada, perdiendo casi 2,5 millones de votos. El Psoe presume no se de qué, con una pérdida también de más de 600.000.

Podemos y Ciudadanos son los partidos emergentes, Ciudadanos, ha pasado a ser la tercera fuerza municipal en votos, haciendo su remontada en poco más del último trimestre y Podemos está muy bien posicionado en algunas autonomías y capitales, a través de sus marcas blancas en coalición con otras fuerzas.

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Los emergentes les tienen cogidos a los veteranos por, dicho sea, cierto sitio de tal manera que la mayoría de las nueve autonomías en que resultó ser el PP el más votado no le sirve de nada si Psoe y Podemos le hacen la pinza, o bien salva tres, si Ciudadanos apoya a sus candidatos.

Pero hasta los partidos emergentes han perdido algo ganando. Han perdido en expectativas de voto. Podemos porque contaba con mejores expectativas en las encuestas de hace tres meses y Ciudadanos porque se ha quedado sin alcanzar lo que decían los últimos sondeos. Pero, nada que ver lo de estos dos partidos, con los batacazos de los bipartitos.

Los que han perdido, perdido, han sido IU y UPyD que desaparecen del mapa electoral de las instituciones autonómicas y los principales ayuntamientos españoles. A IU la fagocitaron los quinta columnistas de Podemos con la aquiescencia del aparato y algunos más y a UPyD, el electorado no le ha perdonado que no llegasen a ningún acuerdo con Ciudadanos.

En las grandes capitales ahí están Carmena (que por cierto, Carmena se zampó de una tacada a Carmona) y Colau, que tienen acongojados a los inversores que proyectaban grandes proyectos en ambas ciudades. Otro tanto ocurre en cientos de ayuntamientos, menos grandes, medianos y pequeños donde las marcas blancas de Podemos se han alzado como las opciones preferidas de los electores.

En Madrid los grandes perdedores han sido Aguirre que iba pasada de revoluciones y Carmona que a pesar de currarse la campaña, buena parte del aparato de su propio partido hizo labor de zapa en su contra.

El mensaje que dicen entender y donde dije digo, digo Diego

También, como siempre, todos los políticos, sobre todo los perdedores acaban apelando a que han entendido el mensaje de que el pueblo ha querido pactos y no paran de contarnos las bondades de llevar a cabo una cultura de pactos, que cada cual entiende a su manera.

Miren políticos, no nos cuenten cuentos chinos, los votantes no nos hemos puesto de acuerdo para nada, ni se nos ha pasado por la cabeza planificar nuestros votos para que ahora ustedes tengan que ponerse a pactar. No hay mensaje de pactos. Hay una suma de votos que les permiten, si quieren, que tampoco es obligatorio, a ponerse de acuerdo en lo que ustedes quieran.

Es asombrosa la capacidad de mentir que tienen los políticos, los viejos y los nuevos, que tanto monta, monta tanto. Les da lo mismo que las hemerotecas estén ahí de incómodos testigos de cargo.

Hasta hace nada, Sánchez se hartó de decir que el Psoe no pactaría con partidos populistas, al igual que el candidato a la alcaldía de Madrid. Qué decir del PP con la pifia de llamar naranjitos a Ciudadanos. Ahora tienen que comerse lo dicho con patatas y el partido socialista pierde el trasero para pactar con Podemos y tocar poder, del que lleva bastante ayuno algún tiempo.

Buena parte del aparato dirigente del Psoe, secretario general incluido, ha optado por fundirse en un pacto con Podemos para aupar su imagen de cara a las elecciones generales y, de paso, dar empleo a sus huestes mientras duren los acuerdos, que pueden trocarse a medio plazo en una crisis de identidad sin precedentes para el partido socialista, mucho mayor de la que ya tiene y que puede conducirle a quedarse en un partido minoritario.

Otra parte del partido, bien es cierto que minoritaria en dirigentes y militancia, es partidaria de no pactar o de pactos muy limitados con Podemos y reservarse para, según se desarrollen los acontecimientos, dejar la puerta abierta a un posible pacto institucional PP-Psoe.

Este comentarista no entiende cómo quienes ahora defienden pactos con quienes denominan progresistas, se permiten rechazar como apestados a un partido con el mayor número de votantes de España.

El PP cumple los mismos requisitos democráticos y menos democráticos que el Psoe, ambos han hecho políticas bastante similares y ambos tienen pendiente sacar adelante una reforma constitucional que garantice las condiciones mínimas democráticas (reforma de la ley electoral, separación efectiva de poderes, representación directa, etc) y el reforzamiento territorial del Estado que frene el avance independentista que ambos han consentido.

Los riesgos

Se abre, por tanto, un panorama político lleno de incertidumbres: ¿habrá pactos Podemos-Psoe, o PP-Ciudadanos, o incluso Psoe-Ciudadanos?
¿Obligara Podemos a llevar a cabo medidas antisistema que fuercen la legislación vigente?

Si se producen pactos de esta índole, ¿Qué efectos van a tener en el sistema económico?, ¿perderá España la confianza exterior que parece haber alcanzado con la mejora macro de la que presume Rajoy?, ¿volveremos a los años más duros de la crisis, los años de plomo y fuego?

Lo que sostiene cualquier sistema económico es algo invisible que no sale en las estadísticas: la confianza. Su pérdida es imperceptible pero inexorable. Actúa como muchas enfermedades silentes que no dan la cara hasta que ya es casi imposible de plantarles cara.

Habiendo confianza hay inversión y si hay inversión hay empleo y si hay empleo hay consumo y ahorro y éste alimenta las nuevas inversiones y así se retroalimenta el círculo virtuoso económico. Sin confianza, todo se viene abajo.

* José Enrique Villarino es economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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