Taxi vs Uber

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Foto: Zonaretiro.com

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J. E. Villarino*.- Afortunadamente, no tengo detrás ningún partido para ser votado y no me importa que 15.000 taxistas en Madrid y otros bastantes más en el resto de España estén en desacuerdo con lo que a continuación voy a decir.

¿Qué es el taxi? Pues una actividad gremial, como algunos de los propios taxistas no dudan en autodenominarse en su propia definición para la defensa de sus intereses: “la gremial del taxi”. Dice el diccionario de la RAE: (Del lat. gremĭum). 1. m. Corporación formada por los maestros, oficiales y aprendices de una misma profesión u oficio, regida por ordenanzas o estatutos especiales.

Como es bien conocido, las actividades gremiales de hoy día entroncan con sus antepasadas medievales: los celebérrimos gremios artesanales que han dado nombres todo a lo largo y ancho de las calles de nuestros pueblos patrios: tintoreros, cordeleros, curtidores, etcétera.

Como tal actividad gremial, defiende los intereses de sus componentes, incluidas aquellas situaciones que puedan suponer una situación de privilegio respecto del resto de los ciudadanos. Por ejemplo: no llega a taxista quien tenga una adecuada preparación educacional, sino quien tenga los posibles para adquirir una licencia, que se mercadean en un mercado tan específico como es el del acceso al taxi.

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Es una actividad de profesionales autónomos, que pueden tener o no asalariados a su cargo. Cualquier otro profesional autónomo de este país no tiene traba alguna para ser tendero, mercero, siempre que cumpla con los requisitos que fijan las administraciones. Sí, para ser taxista.

Se trata de una actividad que contradice el libre juego de la oferta-demanda, ya que se rige por el númerus clausus que regulan entre la administración y los propios taxistas para que exista un número determinado de licencias y no las que demande el mercado.

¿Qué es Uber? Es una empresa que opera en una gran cantidad de ciudades de un amplio abanico de países. Básicamente, esta empresa pone en contacto a personas que disponen de un vehículo con demandantes de servicios de desplazamiento en las ciudades y servicios entre ciudades.

Todo ello se hace mediante una aplicación para móviles de fácil manejo, con todo un conjunto de prestaciones: servicio para personas, servicios para empresas, pagar sin dinero, calidades estandarizadas, información sobre coste del viaje, y un largo etcétera.

La concepción del servicio y el servicio en sí mismo está a años luz del taxi, que a lo más que llega es a poder pagar con tarjeta y llamada telefónica a una central de servicio.

La oposición que la irrupción de este nuevo sistema ha provocado en el gremio de taxistas es justificable, porque viene a incidir en plena línea de flotación de un sistema cuya gestión es obsoleta, anticuada y fuera de contexto del siglo en que vivimos.

Los argumentos del taxi se centran en poner de manifiesto las ataduras y regulaciones administrativas de que “goza” este sistema, al que se ha llegado a través de una maraña de reglamentaciones municipales, el otro agente interesado en recaudar dinero y regular a este servicio. Tan culpables son los unos, los taxistas, como los otros, los ayuntamientos y las otras administraciones.

Lo que no es admisible es argumentar que como el taxi tiene que pagar licencia, permisos, etc, exigir que todo aquel que quiera mover un coche tenga que pasar por las mismas regulaciones. Que pongan fin a esa vergüenza de las licencias y que protesten a los ayuntamientos y estado que no les frían a normas, impuestos y tasas especiales, a todas luces, abusivas.

Si el sistema Uber paga o deja de pagar más o menos impuestos, tasas, etc a las administraciones es una cuestión entre Uber y éstas. Que los taxistas negocien con las administraciones lo que tengan que negociar, y punto.

El taxi podría ser un buen servicio si se adaptase a los nuevos tiempos con nuevas prestaciones del estilo de las de Uber y si se despojase de tanta hojarasca histórica reglamentista, que en los aspectos de cara al cliente sigue con prestaciones de inicios del siglo pasado.

Los taxis, como el resto de actividades, tiene derecho a seguir existiendo, pero no a costa de mantener unos privilegios, al tiempo de unas ataduras, impropias de los tiempos que corren.

* José Enrique Villarino es economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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4 Comentarios

  1. “La concepción del servicio y el servicio en sí mismo está a años luz del taxi, que a lo más que llega es a poder pagar con tarjeta y llamada telefónica a una central de servicio.”
    “El taxi podría ser un buen servicio si se adaptase a los nuevos tiempos con nuevas prestaciones del estilo de las de Uber”

    Veo que usted desconcoce por completo el sector y sus sistemas que funcionan desde hace años. Hailo, Mytaxi, Joinuptaxi, Pidetaxi…. son solo algunos ejemplos de aplicaciones que hacen lo mismo que Uber, pero de forma legal.
    Pruebelas, que es lo que tenia que haber hecho antes de escribir.

  2. Hailo, Mytaxi, Pidetaxi y otras tantas App llevan funcionando en Madrid algun año, hacen lo mismo que Uber y además de manera legal. Le recomiendo que las pruebe, cosa que tendría que haber hecho antes de escribir siemejante articulo. Pero la opinion es libre, mi opinion es que es usted un ignorante y además lo ha demostrado.

  3. Claro que no hacen lo mismo. Siento decirle que son más de lo mismo, son el taxi de toda la vida un poquito modernizado. Si le llama a poder hacer una reserva telefónica o por internet a hacer lo mismo, pues me callo. Lo de la legalidad tiene mucha gracia. Bajo la legalidad del taxi se esconde un oligopolio, con trabas a la entrada de nuevos operadores a manera de los cárteles de toda la vida. Yo, expongo argumentos, que pueden gustarle a ud, o no. Y yo respeto los suyos. Pero no insulto.

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