Atentados al pobre español

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J. E. Villarino.- No, hoy no nos vamos a quejar de lo mal que nos va a la inmensa mayoría de los españoles, que nos va como nos va, excepto a unos, bastantes más de los necesarios, que les va requetebién. Hoy nos referimos al pobre idioma español que también anda acorralado y a verlas venir.

Yo soy de los que piensan que hemos hecho dejación de muchas funciones respecto de nuestra lengua común de todas las regiones y peculiaridades históricas y geográficas de nuestro solar patrio que es el español o castellano. En todos los países con una calidad democrática aceptable la lengua común es el activo social más importante. Si una lengua se acaba, se acaba la sociedad que la hablaba.

Esto anterior para nada quiere decir que esté negando que lo mejor sería que sólo existiese y sólo se hablase una sola lengua, el español. Todo lo contrario: cuantas más haya y se hablen, mejor para todos. Pero sin los dogmatismos, intransigencias y cateteces que todos conocemos y sabemos, propias de ayatolás, con los intereses puestos en otras cosas menos confesables.

La ‘ebolización’ de nuestro idioma

A la dejación que hoy me refiero es a la infección vírica que asola a nuestro idioma español, “ebolizado” por los vocablos importados de otras lenguas, y casi en exclusividad por el inglés, que van carcomiendo como termitas verbales nuestra lengua, con muchos más siglos de antigüedad, riqueza expresiva y belleza sonora y escrita que las lenguas invasoras.

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Al español le está haciendo mucho daño la importación de vocablos técnicos sobre todo, pseudo técnicos, del mundo de la economía y los negocios y de otros especímenes, sustitutivos de palabras y expresiones que llevan muchos años en nuestro diccionario y que nada tienen que envidiar a los intrusos. No voy a poner ningún ejemplo que todos vemos en prensa, radios y TVs a diario, para no hacerles todavía más el caldo gordo.

Reconozco que el idioma inglés es una lengua universal del mundo técnico y científico, pero ello no debe suponer, que constantemente, con un afán mayoritariamente diletante excluyamos y empobrezcamos nuestra lengua común. Le hace mucho, mucho daño.

Y la repera es que instituciones oficiales, económicas, científicas y sociales publiquen en sus revistas artículos, exclusivamente en inglés. Ejemplos; los artículos que publica el Banco de España en sus distintas áreas y estudios, buena parte de los departamentos de nuestras universidades públicas, fundaciones del Estado y un largo etcétera de organismos que dependen de los presupuestos generales.

Es bastante incomprensible que organismos que pagamos todos con nuestros impuestos le hagan al caldo gordo a una lengua foránea postergando la nuestra. No digo, válgame Dios, que se prohíba la publicación de estas obras en inglés, estoy diciendo que sería poco pedir que, al tiempo, se publique otra versión en castellano, es decir, en español. No supone mayor coste ya que hoy día casi todas estas publicaciones están en la red y se trata de añadir un archivo más. Poca cosa, en definitiva, que esperamos atiendan nuestros doctos académicos de nuestra RAE, aunque pocas esperanzas albergo ya que esta misma argumentación les hice llegar al sr secretario de la Academia y jefes del Congreso y Senado hace años, sin éxito alguno.

Pero, aún peor: es la propia Academia de la Lengua quien con una permisividad y manga ancha incluye, edición tras edición, un buen puñado de estos vocablos que maldita falta nos hacen, ni nada aportan al acervo de la lengua española y acaban engulléndose a bellas palabras y expresiones autóctonas que dicen significan y expresan lo mismo, o mejor. Como el cangrejo americano que acabó antaño con nuestros más sabrosos y recoletos cangrejos de nuestros ríos. Los de verdad.

La Academia ha hecho dejación de funciones en su deber de proteger y defender la puridad del idioma

No sólo por lo dicho ya anteriormente de consentir que una carcoma mine soterradamente nuestro idioma, hace ya tiempo, no se por qué razón, la Academia ha aceptado que los topónimos de ciudades y localidades se deban expresar en la lengua vernácula, aun a pesar de que el parlante o escribiente lo esté haciendo en español. ¿Alguien me puede explicar por qué cuando me expreso en español he de decir A Coruña, en vez de La Coruña, como se ha dicho toda la vida? Otro tanto con Ourense, Girona, etcétera.

Lo lógico es que cuando use el gallego o el vasco o el catalán me exprese en la grafía y fonética propias de la lengua de que se trate, pero cuando me exprese en castellano lo haga en la versión castellana, que antaño se usaba. Sí, la versión fonética y/o grafía española.

Lo que ha ocurrido es que los señores de la RAE se bajaron los calzones argumentales ante las presiones de los partidos nacionalistas y una caterva de analfabetos y ágrafos que han poblado, pueblan y seguirán poblando nuestras excelsas y sangradoras autonomías que padecemos. Admitieron la falsedad de que fue el franquismo quien castellanizó a golpe de decreto topónimo va y topónimo viene y que ello restituía las cosas a una situación pretérita idílica en la que sólo existía una grafía y fonéticas. Pues no es así. Los de la RAE se la envainaron ante una panda de oportunistas e indocumentados.

Por la misma regla de tres el Registro Civil, siendo yo gallego, debería haberme llamado para trastocar mi primer apellido que es Villarino en la versión galaica que es Vilariño. Y afortunadamente, no ha sido así. No por apellidarme Villarino soy menos gallego que si me apellidase Vilariño. Y como mi caso, decenas o cientos de miles en otras regiones españolas que fueron hace treinta años definidas como históricas, como si el resto no tuviesen, aunque otra distinta, a sus espaldas.

Se ha usado el idioma como moneda de trueque político

La Academia no es la única culpable de la situación en que está nuestra lengua y de los atentados que ha sufrido y sufre a diario. Son también muy culpables los políticos que han intentado domeñar el idioma en su beneficio propio, electoral y crematístico y no del interés general. Son también culpables los gobiernos de la transición y los más recientes que han sido débiles a la hora de defender el español en determinados ámbitos regionales y han mercadeado unas competencias educativas que nunca debieron producirse. De aquellos polvos vienen estos lodos.

Son culpables también la pléyade de Academias de variados pelajes, de la Historia, de las cosas Morales y Políticas, de las Ciencias, etc, que juntamente con la RAE, callaron, y siguen callando para hacer una defensa seria del idioma español.

No digamos ya los grandes grupos mediáticos, editoriales y televisivos cuyo negocio es la importación de no poca producción basura y cuyos medios en nada vigilan la calidad idiomática ni son cuidadosos de sus contenidos y suelen a diario escribir y hablar con expresiones llenas de barbarismos e incorrecciones.

Volver la vista a Hispanoamérica

Desgraciadamente, o afortunadamente, hemos de volver la vista a América para deshacer un viaje emprendido hace 522 años y ser nosotros los que debamos aprender del español que se habla en todo el rosario de países que con nosotros forman la Hispanidad.

Decía que afortunadamente porque América es un reservorio muy importante de nuestra lengua y allí existen países -no todos- en donde se habla un castellano de mayor calidad, pureza y belleza que el que aquí hablamos. Se me ocurre Colombia por ejemplo y otros muchos más.

Reaprendamos de allí la lengua que allí llevamos a partir de 1492, con humildad, porque allí están todavía buena parte de sus fuentes y mientras, pongámonos todos manos a la obra, procurando usar sin miedo a que se gasten, unas mínimas normas de las que nos enseñaron en la escuela. A la hora de hablar, escribir, enviar nuestros correos electrónicos, que no e-mails, y los mensajes telefónicos, que no Whatsapp.

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