Tragedia griega

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J. E. Villarino*.- Desgraciadamente, la situación por la que atraviesan los griegos es lo que dice el título de este artículo. La frase hecha que solemos utilizar en nuestra vida cotidiana, responde en este caso a la más absoluta literalidad.

A la hora de escribir estas líneas parece que los negociadores griegos y de la UE, la troika, no han llegado a un acuerdo y que el gobierno griego someterá a referendum el fin de semana que viene las condiciones de la UE (¿), advirtiendo a los griegos que esas condiciones son injustas. El problema de Grecia, de los griegos, es mucho más profundo que prestar o dejar de prestar 15.000 millones de euros a la economía griega.

La economía griega, de mal en peor

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La situación política de estos últimos años está siendo fuertemente influida por la grave crisis económica que Grecia viene sufriendo desde 2009. Desde entonces hasta 2014 Grecia ha perdido el 25% de su PIB, que más o menos, es equivalente al de la Comunidad madrileña.

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A la crisis de la deuda soberana (que hoy representa más de un 175% de su PIB) se añadieron una serie de problemas estructurales que acentuaban la gravedad de la situación. La pertenencia de Grecia a la zona euro le da también una dimensión añadida a la crisis griega.

En apoyo de la economía griega se han diseñado dos planes de rescate, 110.000M€ en 2010 (a tres años con un coste medio del 5,2%) y, dada la profundidad de la crisis, el más reciente (20-21.2.2012), de 130.000M€.

La contrapartida del acuerdo de rescate por parte de Grecia suponía una serie de compromisos de ahorro fiscal por 28.400 millones de euros y un programa de privatizaciones que permita obtener para 2015 otros 50.000 millones. El objetivo de déficit se fijó por debajo del 2,5% en 2014 y del 1% en 2015.

Las obligadas medidas de austeridad (congelación salarial y de pensiones en el sector público, aumento del IVA e impuestos sobre vivienda, combustibles, alcohol y tabaco, entre otros) han provocado una dura contestación social ante el progresivo deterioro de las condiciones de vida de la población. Los principales sindicatos del país se han opuesto, con diversos matices, a las medidas de ahorro del gasto público que le piden la mayoría de los más importantes países de la UE y la llamada troika.

Mentiras, despilfarro y burocracia entre otras muchas razones de la crisis económica griega

Los políticos griegos ocultaron durante años y años su déficit público hasta 2009 en que el nuevo gobierno de Atenas llegó al poder y se encontró un agujero fiscal equivalente al 14% del PIB, frente al dato oficial del 3,7% comunicado a Bruselas.

A este engaño no resulta ajena Goldman Sachs, que provocó el mayor cataclismo económico desde la crisis del 29, del que el hoy presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, era el director de operaciones de Goldman en Europa en 2002, cuando Grecia inició sus fraudulentas operaciones de ingeniería financiera.

Consecuencia de ello fue la quiebra de la banca. Las entidades financieras se cargaron de deuda pública helena durante los años de la burbuja para financiar el enorme y suntuoso gasto de los distintos gobiernos.

Mientras tanto, y al margen de la burbuja de la deuda, Grecia vivió muy por encima de sus posibilidades, al tiempo que la mitad de la economía griega dependía del estado, mediante subvenciones que generaron corrupción e ineficacia.

Con un PIB mucho menor que España el salario mínimo en Grecia era un 50% superior y el estado ni siquiera sabía cuántos empleados tenía en nómina superándose el millón de personas en 2007, equivalente al 10% de la población y a casi el 20% de la población activa.

Los funcionarios tenían una remuneración media de 1.350 euros mensuales, en 14 pagas junto con otras peregrinas llegando a ganar de media más de 70.000 euros al año frente a los 55.000 euros de Alemania. Asimismo, los funcionarios también disfrutaban de otros muchos privilegios y prebendas.

La ingente cuantía de la deuda griega

Grecia fue el país que más recurrió a la deuda pública durante la época de la burbuja y, por ello, su factura anual en el pago de intereses superó, hasta el segundo rescate a Grecia, el 12% de los ingresos públicos (en 2011, antes del rescate alcanzó, el 17%), mientras que en Alemania dicha factura se ha mantenido estable en el 6% de todos los ingresos públicos.

Para decirlo de forma resumida, la economía griega esta muy fuertemente endeudada y los griegos viven de las subvenciones que le damos el resto de los ciudadanos europeos. Si no hay subvenciones, sean bajo el nombre que sean, los griegos no pueden seguir recibiendo sus salarios, sus pensiones, sacar dinero de los bancos y por tanto, comprar y vivir.

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Hasta ahora lo único que se ha hecho desde la UE para arreglar esta dramática situación ha sido poner parches y agravar todavía más la situación. Cuanto más se endeude la economía griega más difícil será enderezar su economía.

Otra cuestión que casi todo el mundo piensa pero nadie se atreve a decir es que Grecia, los griegos, nunca podrán devolver lo que deben si no se producen cambios drásticos en su economía, ni aunque pasen 50 años que son los plazos de la mayoría de los préstamos que reciben. En estos momentos, como acabamos de ver, la deuda representa el 175% de lo que producen y desde que se produjo el cambio político, producen cada vez menos. Pero la economía griega no tiene solución porque los actuales políticos griegos no quieren que la tenga y han embarcado a los griegos en una huida hacia delante suicida.

La economía griega tiene soluciones de las que Syriza no quiere oír hablar

Una nueva quita a la deuda que Syriza reclama no es la solución a la economía helena, a pesar de su abultada cuantía, que tiene su origen en las desastrosas políticas que los sucesivos gobiernos han llevado a cabo, engañando al pueblo griego y al resto de países de la UE.

No es aceptable que los ciudadanos europeos hayamos mostrado una solidaridad para con los griegos y ahora tengamos que renunciar a recuperar los recursos que les hemos prestado, máxime cuando estos recursos los han aportado ciudadanos azotados por una crisis que les ha afectado, si cabe, en mayor medida que a los ciudadanos griegos.

Los políticos griegos deben reducir los gastos del elefantiásico estado a la mitad, lo que reduciría su déficit de manera progresiva a lo largo de un quinquenio en más de 60.000 millones, que supondrían un 45% del PIB anual, cifra perfectamente asumible.

Las privatizaciones que consisten en la venta de algunos activos públicos es otra actuación imprescindible, lo mismo que cualquier familia que atraviesa problemas económicos enajena algunos de sus activos para hacerle frente. Esta actuación podría aportar a las arcas helenas cerca de 100.000 millones sin que ello suponga poner al país en almoneda.

Estaríamos hablando, con estas medidas, de una reducción de un 40% del déficit actual, lo que unido a un compromiso tendente a arbitrar políticas de equilibrio presupuestario y una decidida política de crecimiento, que ningún gobierno ha querido llevar a cabo, y el de Syriza menos, cambiaría radicalmente el sombrío panorama actual.

El gobierno echa sobre las espaldas de los ciudadanos la responsabilidad política de sacarles del atolladero

El problema griego, por paradójico que parezca, es más político que económico. Los políticos griegos deben emprender reformas que hasta ahora no han realizado y comunicar a su pueblo la gravedad de su situación, en vez de regalar sus oídos con promesas imposibles y azuzar con fobias hacia enemigos exteriores inexistentes, propias de dictaduras populistas.

Sin embargo, todo apunta a lo contrario. El gobierno griego incapaz de resolver de forma prudente y adecuada el problema en que los gobiernos actual y anteriores han metido al pueblo griego, ha trasladado, mediante la convocatoria de un referendum (¿cuál será la cuestión a preguntar, que todavía se desconoce?) y haciendo dejación de sus funciones de gobierno, para que sea él quien asuma el peso de la responsabilidad de tomar una decisión que puede resultar muy nociva para los intereses de la inmensa mayoría de los ciudadanos griegos.

Sólo el hecho de convocar el referendum supone un daño evidente para el griego medio con el corralito bancario y el cierre de su mercado bursátil ya que los grandes capitales ya han sacado su dinero de Grecia hace mucho tiempo. También va a suponer daños, no colaterales, directos para la zoma euro y el resto de los europeos.

Si de aquí a fin de hoy no se llega a un mínimo acuerdo y el resultado del referendum, de celebrarse, es negativo para el gobierno, éste deberá dimitir y convocar nuevas elecciones, para intentar que otros intenten abrir nuevos horizontes de esperanza.

* José Enrique Villarino es economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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