Carta abierta al juez del accidente de Angrois

Madrid,

J. E. Villarino*.- Señoría, me dirijo a usted en relación con su auto de cierre de la instrucción del procedimiento del accidente ferroviario de Angrois por el que resulta como único imputado el maquinista del tren Alvia y en el que rechaza la totalidad de los once, señoría, once recursos de las partes personadas en esta causa y la no admisión de ninguna de las nuevas pericias solicitadas por algunas de ellas.

Le he de decir, señoría, que he seguido con todo el interés del que he sido capaz todo lo que ha acontecido desde que el 24 de julio de 2013 ocurrió la enorme tragedia de Angrois. Pero, sobre todo, con una inmensa compasión y afecto por las víctimas y sus familiares, a los que la Justicia debe compensar con la verdad de los hechos, las sanciones para con los responsables directos e indirectos que tanto dolor y daños han producido en vidas y salud y la reparación social, económica y personal que todas ellas se merecen y a la que tienen todo el derecho.

De entonces acá, como algo conocedor del ferrocarril he escrito en esta columna de Zonaretiro y algún otro medio más de cincuenta artículos sobre aspectos técnicos unos y menos técnicos otros, fruto de mi dilatada experiencia profesional en la empresa ferroviaria Renfe, intentando desvelar no solamente las causas inmediatas y visibles del accidente sino otras circunstancias que también forman los eslabones de una cadena de factores: políticos, errores, incompetencias, omisiones y negligencias, que propiciaron la tragedia.

Sabe usted, como es de general conocimiento, que en un siniestro casi nunca existe una sola causa. Mucho más, en los siniestros del transporte. El accidente de Angrois no es ninguna excepción: el despiste del maquinista presuntamente inducido por una llamada de servicio, fue un desdichado y el último eslabón en una larga cadena de conductas, que me atrevo a calificar, muchas de ellas, de dolosas.

Usted es el juez instructor en esta causa. En sus manos y sobre sus espaldas descansaba y descansa la responsabilidad de hacer una instrucción que lleve a hacer justicia para todos. Pero permítame decirle señoría que sus actuaciones han estado muy lejos de lo esperable de un juez instructor.

Aunque le parezca duro, es mi opinión que usted no ha instruido nada. Tomó el relevo del anterior instructor y ha mantenido durante casi un año un denso silencio procesal. Silencio que clamaba al cielo, sin importarle el estado de los familiares y afectados y con una evidente laxitud procesal. Durante todo ese tiempo se ha limitado a esperar a los plazos de cierre de las pericias, con una actitud a todas luces inane .

Mire, Señoría, no hay peor ciego que el que no quiere ver y peor sordo que el que no quiere oír. ¿Por qué ha hecho usted uso tan parcial de las pericias tomando de ellas argumentos más que discutibles cuando no inasumibles?

¿Por qué no ha escuchado las pericias de expertos imparciales y las ha arrumbado a la papelera? ¿Dónde queda su supuesta imparcialidad?

Pero, además, ¿por qué no admite usted nuevas pruebas decisivas para aquellos colegas suyos que han de juzgar los hechos y, posteriormente dictar justicia? ¿Por qué les priva usted de nuevos elementos de juicio si procesalmente no hay nada que lo impida?

Permítame que le diga que sus argumentos contenidos en el auto de cierre de la instrucción son harto peregrinos y está plagado de inexactitudes y del desconocimiento de los procedimientos y la normativa sobre la circulación y la seguridad ferroviaria.

Ha elegido usted los argumentos de las pericias que le ha parecido y ha despreciado otras mucho más fundamentadas e imparciales. Para usted no parece existir la obligatoriedad de los análisis de riesgos respecto de los cambios habidos en el proyecto original, así como en la anulación efectuada a petición de Renfe del sistema ERTMs embarcado en los trenes.

De la misma manera, resulta peregrino el argumento de que el maquinista había efectuado 59 trayectos anteriores al fatídico del día 24 y que no ha habido problema alguno, para concluir que los sistemas de seguridad existentes en la vía el día del accidente eran válidos y suficientes. Desconoce, señoría, los valores de recurrencia que contemplan los estudios de riesgos habituales en una casuística como la del siniestro que nos ocupa.

Éstas son algunas de las preguntas que a lo largo del seguimiento que vengo haciendo de los hechos siguen sin contestación. A buena parte de ellas la instrucción debería haber dado respuesta, o al menos debería haber intentado dar respuesta y no ha sido así. Veamos algunas:

• ¿Por qué se cambió el proyecto original?
• ¿Por qué la señalización con ASFA era insuficiente para la protección del vehículo en caso de una situación crítica, como lo fue?
• ¿Por qué se intentó decir en un principio que la línea del accidente no era de alta velocidad?
• ¿Por qué se desactivó el ERTMs embarcado, que hubiese protegido al tren?
• ¿Por qué a la semana siguiente Adif reseñalizó la curva y la ministra ordenó revisar toda la Red de AV?
• ¿Por qué no se hicieron los estudios preceptivos de riesgos cuando se modificó el proyecto?
• ¿Por qué no se hizo el estudio preceptivo de riesgos cuando se desactivó el ERTMs embarcado?
• ¿por qué se hizo caso omiso a las advertencias del jefe de maquinistas de Ourense?
• ¿por qué el proceso de homologación del tren no cumplió los requisitos que exige la legislación española y comunitaria?
• ¿porqué Ineco, que depende de Fomento, forma parte en la homologación del tren?
• ¿por que la CIAF que investiga accidentes depende de Fomento?,
• ¿por qué la nueva AESF (Agencia Española de Seguridad Ferroviaria) sigue dependiendo de Fomento y está formada por políticos ajenos a la seguridad ferroviaria en su C. de Admón?
• ¿por qué Renfe retiró de su web la ficha del tren Alvia 730?
• ¿por qué fue retirada también de Ferropedia?
• ¿por qué PP y Psoe no han admitido nunca una Comisión Parlamentaria de investigación del accidente?
y ahora, en lo que le toca a usted:
• ¿por qué ha desestimado su señoría la pericia del ingeniero Mariñas realizada con la máxima solvencia?
• ¿por qué ha desestimado los once recursos, todos, de las partes en esta causa?
• ¿por qué no ha admitido nuevas pericias, esenciales para explicar el alto número de víctimas registradas?
• ¿por qué priva usted de elementos de juicio muy importantes a sus compañeros, que han de dictar sentencia?

Y así podríamos seguir.

Pero, sobre todo, señoría ha incumplido e incumple usted la orden que le dio la Audiencia Provincial de la Coruña respecto de que investigase “las hipotéticas conductas vulneradoras del deber de cuidado de personas con responsabilidad en la seguridad”, que usted no ha investigado.

Señoría, su no instrucción les deja un camino plagado de incógnitas, lagunas y errores a los colegas que van a tener que dictar sentencia, en base a lo que su señoría, repito, no ha instruido, o mal instruido.

Lo siento, señoría. Como no puede ser de otra manera, todo mi respeto y consideración para con su persona, pero no así para con sus actuaciones, de las que discrepo en su totalidad. El acato a las sentencias (ahora sólo se trata de un auto) sólo es exigible a las partes, y yo no soy parte en la causa. Por encima de ello, los ciudadanos tenemos el derecho a poder discrepar de las resoluciones judiciales, cosa que mi humilde persona manifiesta en este caso.

Espero de la sala que ha de juzgar sobre lo instruido sea capaz de hacer Justicia a las víctimas y sus familiares y todos aquellos que han tenido responsabilidades dolosas en los hechos respondan por ello.

Espero que a los jueces que han de dictar sentencia no les “proteja” la alargada sombra del poder. Esa negra sombra que tuerce voluntades y ampara a los más poderosos.

Atentamente,

José Enrique Villarino

* José Enrique Villarino es economista y consultor, experto en Transporte y columnista de Zonaretiro

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