Tradición y progresía

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J. E. Villarino*.- Malo, cuando los poderes públicos se empeñan en arreglarnos la vida. Suele ser para mal y nunca contenta a todos, ni hace llover a gusto de todos, que dice el refranero. Los poderes públicos a los que nos referimos son tales como los ayuntamientos, las autonomías, el gobierno, los partidos, hasta los códigos administrativos, e incluso los penales.

La razón de ser de estos poderes públicos no es otra que facilitarnos la vida, pero ello no quiere decir organizárnosla. Para facilitarnos la vida deben proveernos de servicios, infraestructuras, seguridad, educación salud, etcétera y, poco más.

Vamos a un caso concreto. ¿Qué pinta un ayuntamiento organizándonos unas celebraciones religiosas como son las Navidades y, en concreto, la cabalgata de los Reyes Magos? Pues, nada. Y menos cuando enmascarada en las ayudas, los poderes públicos nos quieren colar ideología de por medio.

Las tradiciones, como su etimología indica, tradire, es traer al presente, el pasado. Es la pervivencia de lo que la sociedad año a año, día a día y estación a estación ha ido decantando para que se perpetuase y llegase a los descendientes. La tradición es memoria histórica, nunca mejor dicho.

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Y la tradición, mejor no tocarla, se toca ella misma, sin que nos demos cuenta. Camina y evoluciona lenta pero segura, depurándose de aquello que no es auténtico y sólo sobrevive lo que merece la pena.

Una señora avezada en leyes y que ha impartido justicia debería saber estas cosas. Como para no hacer el ridículo como ha hecho, encabronando a todo bicho viviente, a derechas e izquierdas, y sobre todo, sobre todo, señora, defraudando a la parroquia infantil. Imperdonable, como alguien le ha dicho. Como hemos dicho, la tradición tiene sus cánones y los cánones no deben saltarse.

Nada pinta un gobierno municipal cambiando los faldones (de los de antaño saldos Arias) y las coronas (de roscón del CI) con la liturgia de siempre. La liturgia suelen ser las formas religiosas y mejor dejar a los funcionarios de estas liturgias que obren según sus cánones, por antiguallos que le parezcan a los nuevos e inexpertos ediles.

La nueva política creía que era otra cosa. Mucho más seria, rigurosa y eficaz y eficiente. Para payasadas las inconmensurables, insuperables y magistrales de los Hermanos Tonetti. Empeñarse en emularles es hacer el ridículo más espantoso.

Porque si lo que la alcaldesa madrileña y sus adláteres, así como otras comunas, mareas y demás coaligados, lo que pretenden es cargarse las tradiciones cristianas y católicas, van apañados. Ayuntamientos han pasado a miles, las iglesias y la Iglesia ahí siguen.

Los Reyes Magos (nada de Magas, aunque quede mal) pertenecen a la tradición católica y ortodoxa, como Papá Noel que es una denominación nórdica de Santa Claus, que no es otro que San Nicolás. pertenece a la tradición cristiana luterana y derivados.

Pero, la culpa de este despropósito no está sólo en quienes ahora detentan el poder en los consistorios, nutridos de bastante gente ágrafa. Está también en la Iglesia, que por unas monedas deja que los políticos metan las narices y sus manazas en los asuntos de su competencia, con los resultados visibles.

Quizá hasta ahora ningún partido político, de los de toda la vida, se había atrevido a trastocar las cosas y liturgias. Estos nuevos aspiran a cargarse las tradiciones tal y como se conocían hasta ahora y quieren laicificarlo (desconozco otra forma de decirlo en un solo palabro) todo. Navidades laicas, Reyes laicos, Comuniones laicas, bautizos laicos.

Y castigan a unos pequeños a no admitir en la cabalgata de su barrio su carroza porque su colegio es católico e imparte en unos determinados cursos la segregación entre chicos/chicas. Como si lo contrario fuese ley divina al más puro estilo de intransigencia maoísta. Nada hay más absurdo que los pequeños burgueses metidos a progres (eso que nadie es capaz de definir).

* José Enrique Villarino es economista y consultor, experto en Transporte y columnista de Zonaretiro

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