El ático de Rouco

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J. E. Villarino*.- Rouco aspiraba a que el Papa Francisco prorrogase su desempeño como arzobispo de Madrid, que durante largos años ha gobernado con mano de hierro. Pero no fue así. Sin duda este Papa y el cardenal Rouco tienen pocas cosas en común.

El Papa destaca por su afán de cambio en la Iglesia poniendo el acento en la filosofía franciscana del santo de quien ha tomado el nombre. Rouco, por el contrario, representa todavía una concepción eclesial anclada en el pasado, si por él fuera preconciliar, donde la “autoritas” prima sobre la pobreza y la “caritas”.

Lo que es su pensamiento tiene su correlato en sus obras. Siempre se ha mostrado partidiario de los usos y las formas, incluso en el vestir, y el hacer de otros tiempos, en exigir y dar a cada uno su trato en función de su rango o categoría.

Por lo que se ve, el cardenal, gallego de nacimiento en una humilde aldea de la localidad lucense de Vilalba, piensa pasar su retiro en la capital madrileña, renunciando a disfrutar de el paisaje y el paisanaje galaicos.

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El expresidente de la conferencia episcopal, exarzobispo de Madrid y cardenal Rouco Varela ha abandonado la sede del palacio episcopal después de cinco meses de su cese.

El jubilado y emérito cardenal se ha trasladado a un ático de 370 metros en la céntrica calle Bailén, donado en su día a la Iglesia, con inmejorables vistas sobre todo Madrid, a pocos metros de la Catedral de la Almudena.

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Mientras el inmueble ha sido reacondicionado, el cardenal Rouco ha seguido residiendo en el palacio arzobispal una vez nombrado su sustituto Carlos Osoro, que ha residido en este interregno en el asilo de las Hermanitas de los Pobres Desamparados de Aravaca. El acondicionamiento de este inmueble ha costado a la diócesis madrileña más de 500.000 euros.

“El lujoso ático, de 370 metros cuadrados, cuenta con seis habitaciones, dos de ellas en la zona de servicio, y cuatro cuartos de baño. La habitación principal tiene baño incorporado y vestidor. El piso tiene también una amplia terraza con unas imponentes vistas de Madrid, y ha sido reformado recientemente. El cardenal vivirá acompañado por dos religiosas, así como un secretario sacerdote. Junto a la reforma del piso, Rouco ha adquirido un coche nuevo”.

El apego de este clérigo al buen vivir es un auténtico insulto a los ciudadanos y un despropósito de un miembro de la Iglesia Católica que, anclado en Trento, todavía no ha entendido el signo de los tiempos que corren. Un escándalo que le quita toda autoridad moral, eclesial y cívica a este señor. ¿Qué opinará de esto el Papa Francisco?

* José Enrique Villarino es economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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