El oficio de escribir: del Café Teide del Paseo de Recoletos al diario madrileño ‘Zona Retiro’

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J. E. Villarino*.- Coincidí muy poco con el gran escritor y articulista César González Ruano en el Café Teide, donde preparaba mis clases y conocí a mi mujer, en el quicio subterráneo del Paseo de Recoletos y Bárbara de Braganza, hoy almacén de la aseguradora Mapfre. Allí escribía diariamente y en la misma mesa César González Ruano sus artículos y prácticamente casi allí se murió en 1965. Durante días, aquella mesa no se ocupó y todos los años, por el aniversario, se volvía a desocupar y en ella se depositaba un ramo de flores.

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En su último artículo del 30 de Noviembre de 1965 -hablo de memoria-, se refiere premonitoriamente a su muerte, pocos días más tarde, diciendo que “morir no es otra cosa que ir perdiendo la costumbre de vivir”. Y él me da pie para, en una pirueta sintáctica, decir que morir es ir perdiendo el oficio de escribir.

Esto del oficio de escribir tiene sus más y sus menos, aunque muchos más que menos. Los menos es cuando a uno no le salen las cosas como quiere y no puede hacer nada por evitarlo; cuando llevas escritos cuatro folios y al releerlos te das cuenta que no sirven para nada; cuando ni Dios te hace caso; o cuando sólo se fijan en ti para ponerte a caldo, viendo como vienen con la escopeta de la malicia, la intransigencia y el sectarismo político cargada; cuando se se escandalizan cual santos inocentes por volcar en el papel o en el teclado la desesperación y la rabia por tener que asistir al espectáculo de una sociedad corrompida por unos ciudadanos despreciables, que suelen pertenecer a una organizaciones pestilentes que laboran en su único beneficio para mantenerse en el poder y trincar el dinero de los demás.

Los más, es cuando lector y autor se hacen cómplices, es decir, se autocomplacen, o cuando sus críticas vienen por derecho, sin inquina ni palabras esquinadas; cuando uno y otro, están en su sitio, sin que el lector quiera convertirse en el escritor y al revés. Cuando ambos se complementan y cada cual tiene su razón y sus razones, sin tener que echar mano de ese eslogan que sólo sirve para una cultura de gran tendero, de que el cliente siempre tiene la razón. Pues, no. Ni el cliente -el lector- tiene siempre la razón, por serlo, ni el autor, tampoco.

El que escribe, escribe para mostrar sus ideas, acertadas o no, para comunicarse con los demás, con quienes quieran, pero en absoluto para ser un pin pam pum de feria y que los cazadores furtivos salgan tras él con la escopeta cargada de la intransigencia, el insulto y la prepotencia. No, el que escribe no está para eso. Está para asumir lo que escribe y las críticas sanas, no las torvas.

Dentro de nada, haremos las cien columnas que cada martes traemos a esta zona del Retiro, del Parque del Retiro y sus aledaños del noble barrio que preside el Marqués de Salamanca, vigilante desde la estatua de la plaza de su mismo nombre, de la perpendicularidad y linealidad de sus bulliciosas calles. Nada más placentero y satisfactorio que haber sido admitido entre los profesionales que hacen este permanente diario vecinal, ese periodismo de proximidad, de calidez, castizo y veraz, que en nada es cómplice de nuestros errores y equivocaciones.

Es pues la hora de la autocrítica y de pedir perdón a quienes en estos casi 100 artículos hayamos ofendido, aunque no lo hayamos pretendido, y perdonar a quienes creemos que nos han ofendido, aunque tampoco lo hayan pretendido. Así es la vida, y así es también este bello oficio de escribir, digno oficio, expresión devaluada, en favor de licenciaturas y masters, importados de otras culturas.

Nosotros, equivocándonos o acertando, no queremos ir perdiendo el oficio de escribir, no sólo por ese inevitable tránsito que acuñó el maestro de escritores, sino porque quien no escribe renuncia a dar cuenta de sí mismo, a ser acogido o vituperado por los demás. Y lo primer, compensa con creces lo segundo, que afortunadamente sólo suele ocurrir de ciento en viento.

* José Enrique Villarino es economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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2 Comentarios

  1. ¿No quedamos en que no me iba a contestar? Pues para no hacerlo bien que ha dedicado unas cuantas horas a pergeñar esta especie de autojustificación victimista, no exenta de petulancia y cinismo (por aquello de los insultos). Confío en no haberle quitado horas de sueño.

  2. Vd. lo que debería de hacer es disculparse pero, seguramente, se lo impide su soberbia y por eso escribe estas tonterías. ¡Patético!.

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