‘Arte de las putas. Una historia de amor’, en el Teatro Fernán Gómez

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C. Linares.- Tras la muerte de Dorisa, la prostituta que Nicolás Fernández de Moratín inmortalizó en su poema Arte de las putas, (1780). Elías Cañabate, un personaje inventado, chulo y eterno enamorado de Dorisa, aparece en escena para contar al mundo que sin su ayuda, Moratín jamás hubiera podido escribir su poema.

Así comienza el espectáculo ‘Arte de las putas. Una historia de amor’, que hasta el 8 de febrero de 2015 se representa en el Teatro Fernán Gómez de la Plaza de Colón, con una multitud de gente, de voces, de músicas, de humor, de ironía, de sátira, de ternura, de arrebato…

Esta historia está contada desde el punto de vista de celebrar a las mujeres. A las iniluminables mujeres. Tomando el texto de don Nicolás como punto de partida, y con la ayuda inestimable de Tomás de Iriarte, Félix de Samaniego y Leandro Fernández de Moratín, se cuenta la historia de un personaje que no aparece en ningún texto, con gran pesar suyo: Elías Cañabate, un chulo enamorado que viene a cantar las galas de la difunta.

‘Arte de las putas’ es un monólogo libremente inspirado en el poema de Nicolás Fernández de Moratín
El montaje está dirigido por Carlos Martín e interpretado por José Luis Esteban

Para la compañía, el Teatro del Temple, su trabajo con los clásicos está vinculado directamente a su relación con el espectador. Su objetivo es divertirlo, no sólo entretenerlo. “No sólo contarle historias que nuestros antepasados todavía quieren transmitirnos. No sólo mostrarle el castellano en su plena forma”. “En estos momentos, para casi cualquiera de nosotros es más fácil vivir los clásicos que leerlos. O sea, el teatro. No es sólo que pensemos que los clásicos son divertidos. Es que, en muchas ocasiones, si no son divertidos, es que no son clásicos. Y ésta es una de ésas, como lo fue El Buscón que hicieron con Ramón Barea, antecedente de este Arte de las putas”.

Según el Teatro del Temple, hablar del sexo y sus historias encima de un escenario no es fácil. Puede serlo si el objetivo es provocar, o dar rienda suelta al chiste fácil. Pero esto no es lo que se pretende con este espectáculo. “Los ilustrados lo contaban muy bien. Y con mucho sentido del humor, ciertamente gamberro, pero también ingenioso, juguetón y sugerente. Una oportunidad para entablar un divertido juego teatral con los espectadores”.

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