Disparos anónimos: Ángela Tezanos

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A. Tezanos.- Me llamo Ángela y me van a matar. Perdón, ése era el eslogan de ‘Tésis’. Ahora en serio. Soy Ángela, vivo en Madrid, en el barrio Salamanca, y me “aficioné” a esto de la fotografía más o menos a los 20 años o así, cuando me compré mi primera cámara réflex, que fue una Nikon D60. Digo “aficioné” porque, aunque en un principio me quería dedicar a la fotografía, ahora con 23 sé que lo mío es el video, y no tiene mucho que ver. Me sigue gustando salir a hacer fotos, pero no lo hago constantemente, más bien de uvas a peras, pero porque me tiene que apetecer y venir la inspiración. Y no soy fotógrafa ni mucho menos, pero es que para ser un buen fotógrafo, hay que ser artista.

Hoy en día, todo el mundo tiene una cámara buena en su casa. Una réflex o incluso cualquier digital nueva puede valer perfectamente. La fotografía como arte no consiste en tener buenas cámaras. Se puede utilizar cualquiera, hasta las más precarias, pero hacer una buena foto significa algo más. Es “el instante decisivo” que denominaba Henri Cartier-Bresson. Se necesita de una buena situación, pero también de un buen ojo crítico que comprenda toda la composición de la imagen, y que dispare en el momento decisivo en el que la acción a fotografiar alcanza su clímax. Puede parecer que me voy por las ramas, pero éste es el quid de la fotografía, y sé que yo no tengo esa voluntad de búsqueda (o si acaso fuera un don natural, que también) de ese instante para con este arte. Por lo tanto, considero que mis fotos pueden ser llamativas, sí, pero no son buenas fotos.

Ahora tengo una Nikon D3100, y aunque no es profesional ni mucho menos, graba vídeo en Full HD con unos resultados bastante impresionantes. El vídeo también es un arte. Lejos de querer ser artista, al menos me desenvuelvo mejor en este medio.

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