Los niños de la calle, los NiNis y Oriol

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J. E. Villarino*.- Asisto estupefacto al casi absoluto silencio de los medios de comunicación de la noticia de los niños brasileños de la calle. Desmentida o dejada de desmentir. Da igual. Sólo un medio la sigue conservando en su parrilla de noticias más leídas. Incluso casi silenciada por diarios que se autoconsideran católicos.

Por el contrario, me sorprende el gran eco de las irresponsables declaraciones de una señora presidenta de un círculo de rentistas, llamados empresarios. Entre ambas noticias hay años luz, pero ambas tratan de víctimas inocentes del sistema que hemos engendrado.

La historia es la de “Jensen, un periodista freelance, que soñaba con cubrir el Mundial de fútbol, “el mejor deporte del mundo”, en Brasil, “un país maravilloso”. Pero el sueño ha mutado en pesadilla después de que el danés decidiese viajar con unos meses de antelación al país suramericano.

Mikkel estuvo en Fortaleza, para él “la ciudad más violenta” de todas las que serán sedes del torneo, y regresó impresionado. Horrorizado, más bien. Tanto que ha decidido renunciar a ese sueño de acudir como periodista al Mundial.

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Dice Jensen: “En marzo estuve en Fortaleza para conocer la ciudad más violenta de todas las sedes de la Copa del Mundo. Hablé con algunas personas que me pusieron en contacto con niños de la calle y luego supe que algunos habían desaparecido. A menudo, los matan por la noche, cuando están durmiendo en una zona donde hay muchos turistas. ¿Por qué? ¿Para dejar limpia la ciudad para los extranjeros y la prensa internacional? O sea, ¿por mi culpa?”.

Irremediablemente, se viene a mi memoria el gueto de Varsovia y el horror de los campos de exterminio nazi. Todavía creemos que borrando de nuestras conciencias a quienes no piensan como nosotros; a quienes no tienen nuestro color de piel; a quienes nos avergüenzan; a quienes nos molestan por su pobreza que hiere nuestros ojos y olfato; a quienes se nutren de lo que otros desprecian; a los que la miseria ha arrojado a los macro vertederos, somos distintos, somos más, no estamos contaminados.

Pasamos insensibles todos los días ante los pobres, los enfermos, los débiles, los parados, los desesperados, y otro tanto dolor y sufrimiento como si nada. Como que no va con nosotros. Y ahora leemos que personas, paramilitares o quien sea, tanto monta, monta tanto, mata a niños de la calle para “limpiar” las calles de nuestras vergüenzas, de las vergüenzas de la sociedad que hemos construido y consentido.

No he oído todavía una sola voz en el Congreso al respecto. Ni comisiones parlamentarias, ni justicia universal, ni protestas de las organizaciones de derechos humanos, ni de los los partidos de que se llaman de izquierdas, ocupados en robar del común, de los parados, del dinero destinado a formación y lo que se tercie, ni de los sindicatos también llamados de clase, mejor sería llamados de casta, ocupados en afanar lo ajeno, ni los circunspectos de derechas, que hacen lo mismo, sólo que con guante blanco y más disimulo.

Aquí, también tenemos niños de la calle que revuelven con sus padres en los contenedores de basura en búsqueda de comida y NiNis a los que de un plumazo una señora que se dice empresaria y representante de empresarios querría borrar de la faz de esta tierra con la excusa que no saben de nada y pagarles la mitad del salario mínimo interprofesional, o vaya a saber, nada.

La señora Oriol propuso la bajada del salario mínimo para los jóvenes sin cualificación “para sacar a los Ninis del limbo en el que viven”, porque “te obligan a pagarles aunque no valgan para nada”.

Lo malo, aunque quiera simular pedir perdón ahora, es que lo dijo con toda acritud y rabia. Y eso se nota. Le recomiendo que le dé un repaso a las estadísticas de cuál es la formación de los empresarios españoles. La suya, que se ha paseado por los IESEs, los IEs, la London School of Economics y demás santuarios ‘neocon’ ya se ve lo que ha dado de sí. Lo de esta señora, que preside esa asociación endogámica de rentistas (que se llaman a sí mismos empresarios), da para otra semana.

Eso sí, estos días está en todas las portadas, tertulias, cenáculos, y vaya a saber si hasta la llama Rajoy a más altos menesteres, visto cómo se las gasta para sustituir a tanta meliflua que tiene en el gobierno. Que Dios nos libre, nunca sabríamos cómo podríamos acabar.

*José Enrique Villarino es economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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