La sonrisa de Aguirre

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J. A. Aguilera.- Ignacio González sólo ha heredado una cosa de Esperanza, la sonrisa. Por lo demás, aunque presuma de continuísta, no es su sucesor, sino albacea o más bien mayordomo. González no es libre. Su madrina, que probablemente se ha ido por razones de salud pero seguro que no sólo por éso, le tiene sujeto de un hilo que podría romper con facilidad si no hace bien su cometido.

Foto: G. Bravo

En este 25 de Septiembre tan preñado de buenaventuras el candidato ya está pidiendo dinero, por lo que al famoso buque insignia financiero de la Comunidad de Madrid se le adivinan las fisuras. No se ha privado de medirse con Cataluña para animar más el panorama político, y desde luego ha expuesto un plan regresivo respecto a la gestión democrática y social de la Comunidad. Eliminar el Consejo Económico y Social, donde los trabajadores tienen voz, suprimir la Oficina de protección de Datos, que defiende a los ciudadanos de un uso abusivo de su privacidad, y quitar una de las empresas que debe promocionar económicamente a Madrid no hace más que debilitar la gestión pública.

Ignacio González, se lo crea o no, está atado de pies y manos, no puede hacer otra cosa. Alguien a quien muchos consideran involucrado en negocios turbios -las famosas bolsas de la basura-, con aroma de Gürtel, espiado e informado, sin feeling con Génova, siempre tendrá una espada de Damocles encima. Arturo Fernández no es su aliado, sino su tutor, igual que Henríquez de Luna, con posibilidades de controlar el partido a medio plazo.

Aunque ha sabido salir a flote en muchas tormentas, una persona tan vulnerable políticamente no puede ser el candidato ideal, salvo que se busque su silencio y sumisión. No da el perfil que necesita Rajoy, su sonrisa está dibujada por Aguirre.

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* Juan Antonio Aguilera es miembro de la Asociación de vecinos Goya-Dalí.

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