Empleos políticos

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J. A. Aguilera*.- Estas navidades han sido prósperas para Madrid. Además de la lotería del Niño, algunos afortunados han sido agraciados con nuevos puestos de trabajo. “El 33.245, asesor de teeelefónica”,”El 01.399, cazadora deee talentoss”. Otros, con el reintegro, “El 44.197, Asesoor técnicoo”. Y algunos con la pedrea “El 22.012, consejero saaanitaario”, pero como el dinero no da la felicidad, ha elegido ser libre. Siempre fue un hippie, como su mujer.

Nos apena que Rodrigo Rato tenga que volver a emigrar, como cuando se vio obligado, para sacar su familia adelante, a irse a Estados Unidos a ganarse la vida. Es una muestra dura de los estragos de la crisis, en que ni a financieros exitosos se les reconoce en España. Pero lo asume sin queja, con resignación cristiana.

La otra cara de la moneda es el caso de Carromero, donde hemos podido comprobar el espíritu social del gobierno Rajoy. ¿Quién criticaba la falta de políticas de reinserción? Carromero es un ejemplo para los miles de presidiarios, que ya están rellenando los impresos para ser recolocados en sus oficios con sueldos decentes que impidan tener que delinquir, porque el trabajo os hará libres, que dice Rouco.

Foto: G. Bravo

Un sabor agridulce se nos queda por el destino de la lideresa. Comprendemos que con los recortes a los funcionarios, abandone su puesto -manteniéndolo en excedencia, claro-, porque si su sueldo de Presidenta de la Comunidad de Madrid no la llegaba, menos hará con éste. ¡Pero tenerse que ir a Catalunya, con lo mal que están las cosas por allí! Pobrecita, en tierra de infieles separatistas. La duda me corroe. ¿Será un servicio secreto diseñado por Fernández Díaz? ¿Logrará la matahari castiza infiltrarse en ERC?

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Y por fín, nuestro héroe de la semana, el inefable Güemes. A pesar de su aspecto, es un hombre de profundas convicciones éticas, casi revolucionarias, y de compromiso con las tareas que emprende. Cuando abandonó el gobierno de la Comunidad de Madrid no pudo dormir porque el objetivo de privatizar completamente la sanidad no lo había cumplido. Ni corto ni perezoso, en cuanto pudo se enroló en una empresa sanitaria -a precio de saldo, ¿eh?, sin ánimo de lucro- para rematar la faena. Pero ¡ay! su afán humanitario requería el anonimato que acompaña a la humildad cristiana. Ya su suegro, el ínclito Fabra, le advirtió de los males de la egolatría. No debiendo, éticamente, saberse de su gran labor, ha optado por abandonar, para solaz de su austeridad franciscana y su prudente esposa.

Son estos grandes hechos los que demuestran a los incrédulos el advenimiento de una nueva era, como anunciaron los mayas, en la que imperarán la libertad, la igualdad y la fraternidad.

* Juan Antonio Aguilera es miembro de la Asociación de vecinos Goya-Dalí.

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1 Comentario

  1. Y qué me dice de Bárcenas que ya era un mentiroso montañero. ¿Nadie sabía de sus fechorías en el PP?. ¡Por favor!, Nos han tomado por tontos.

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