Apego organizado

Madrid,

C. Horche*.- El apego (regulación diádica de la emoción) es la relación especial que se produce entre el bebé y una figura de referencia, que en general por la propia naturaleza y duración del embarazo en los seres humanos suele coincidir con la figura de la madre. Durante los nueve meses de gestación y los años posteriores, se produce un tipo de vínculo que permite al bebé hacerse una composición del mundo que le rodea y del papel que éste tiene en él. Si la relación es adecuada, este vínculo contribuye a un desarrollo psicosocial saludable potenciando la independencia y maduración adecuada que permiten ir desarrollando capacidades acordes a cada una de las fases de la vida. En este caso, estamos hablando de un apego organizado (seguro).

En el apego seguro, los niños y niñas se sienten protegidos, atendidos y especiales porque sus cuidadores principales muestran un elevado interés en la satisfacción de sus necesidades básicas (alimentación, sueño, higiene y salud), afectivas (cariño, aceptación, seguridad y estabilidad) así como en sus estados mentales. Este tipo de relación genera una sensación de seguridad a nivel biológico, psicológico y social.

Para poder generar un estilo seguro, es importante que la persona adulta entienda las señales y forma de comunicación del bebé, se cree una base de seguridad y confianza respondiendo a sus necesidades que incluya, entre otras, una buena dosis de contacto físico (caricias, abrazos, masajes, risas, juegos…), sin olvidar las propias necesidades de la persona adulta (es decir, atender a su propio cuidado y bienestar físico y emocional para evitar sentimientos de renuncia y frustración que puedan entorpecer la relación de apego).

Distintos estudios han demostrado que aquellos bebés que disfrutan de un apego sano con sus figuras de referencia muestran en su vida adulta mayor autoestima y autoconfianza, autosuficiencia, unas relaciones personales más positivas y saludables, mayor capacidad para superar la frustración, así como una mejor capacidad para resolver problemas.

En el extremo contrario nos encontramos con estilos de apego inseguro, que incluye los estilos evitativo, ansioso ambivalente o desorganizado.

a) Apego evitativo / indiferente. Quien cuida al niño se siente ansioso o enfadado cuando éste muestra comportamientos de apego (dependientes, vulnerables, muestran angustia, tienen necesidades o desarrollan demandas emocionales) y responden distanciándose emocionalmente de éstos y de sus signos de angustia.

b) Apego ansioso / ambivalente. Se busca la proximidad de la figura primaria y al mismo tiempo se resisten a ser tranquilizados por ella, mostrando agresión hacia quien les cuida. Responden a la separación con angustia intensa y mezclan comportamientos de apego con expresiones de protesta, enfado y resistencia. Las emociones quedan poco reguladas.

c) Apego desorganizado. Se da especialmente ante casos de maltrato. El que cuida es percibido como peligroso, imprevisible y /o angustioso, las relaciones son aterrorizantes, las estrategias de apego se rompen y las conductas de apego permanecen desorganizadas y desorientadas.

No hay que olvidar que el sistema de apego se activa especialmente en momentos de peligro, estrés y novedad, ya que su finalidad es propiciar y mantener la proximidad y el contacto con la figura de apego, por lo tanto es importante que en estos casos, las figuras de referencia puedan mantener la calma y ofrecer la tranquilidad y confianza que el bebé/infante necesita para integrar esa experiencia a su biografía personal sin que resulte en modo alguno traumática.

Si el cuidador responde adecuadamente a los comportamientos del bebé, éste irá desarrollando un entendimiento de que en momentos en los que sienta angustia y/o malestar su cuidador estará disponible, queriéndole responder de forma sensible y estando al tanto de sus estados y necesidades.

Si por el contrario el bebé, en momentos de necesidad, percibe al cuidador como poco dispuesto a responderle y calmarle, o reacciona de una forma despreocupada, resentida o agresiva el desarrollo psíquico y físico del niño puede verse comprometido ocasionando graves problemas para su autoestima.

* Carmen Ruiz Horche es psicóloga en el centro Afart de Psicoterapia.

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