Las razones de la súbita abdicación del Rey

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J. E. Villarino*.- Está claro que el lunes día 2 el Rey nos contó una milonga y no nos desveló la verdadera o verdaderas razones del porqué de su abdicación. ¿Por qué abdica el Borbón si hasta hace poco decía que no pensaba hacerlo? ¿Qué razones le han impulsado a hacerlo? Quizá nunca lo sabremos el común de los mortales, pero alguna razón debe haber para que todo se haya desarrollado deprisa y corriendo. A esta imprevisión cabe añadir el hecho de que el momento no puede ser más inoportuno, o el menos oportuno, como uds quieran decirlo.

Un reinado con más oscuros que claros

Juan Carlos I siempre ha tenido un complejo de legitimidad, por venir de donde venía, que nunca llegó a sacudirse y tanto él como su entorno creían que nunca sería un rey legítimo hasta que presidiese el Estado con un gobierno de izquierdas.

Más a gusto con gobiernos de izquierdas, ello no le impidió vivir más como un millonario americano que como un rey europeo. Por cierto, si es cierto que Juan Carlos llegó sin un patrimonio conocido relevante, ¿de dónde procede la fortuna que medios solventes extranjeros como Forbes le atribuyen en torno a bastantes más de mil millones de euros?

Otro aspecto todavía no del todo desvelado y aclarado es su papel en el golpe militar del 23-F, que cuando menos puede calificarse de ambiguo, ambigüedad que le costó la carrera militar y prisión a algunos de sus leales colaboradores, acendrados monárquicos de siempre para más inri.

Una de sus dos máximas funciones institucionales es la representativa, la de ser el símbolo en que se encarna el Estado y su tan pregonado, traído y llevado papel de agente comercial entra de lleno en esta función, que debería estar alejada de todas contraprestaciones mercantilistas, sobre las que existen muchas sospechas.

La otra función relevante de la corona es la de simbolizar la unidad de la nación española, que el Rey ha preferido no evidenciar de forma inequívoca a los partidos separatistas e independentistas catalanes y vascos. Para intentar resolver esta peliaguda cuestión al heredero ¿existe quizá un pacto entre la corona y los partidos mayoritarios para reformar la constitución y dar cabida a una forma de estado de corte federal en el que la corona fuese la corona de todos los territorios? ¿Es ello quizá una razón más de las prisas por resolver cuanto antes los flecos de esta súbita abdicación?

Éstas y otras cuestiones peliagudas le quedan por delante a don Felipe VI para las que va a tener que demostrar sus capacidades y preparación, expresión teledirigida por Moncloa y Casa Real, con la que todos los medios nos han estado bombardeando de forma estomagante. Tampoco es que su preparación haya sido para tanto. Más bien un poquito de todo. Cultura general, que se decía antes.

Un abanico de posibles razones

Uno. Como ya hemos dicho, la cosa ha sobrevenido de pronto pillando infraganti incluso a los enteradillos de siempre. Sin leyes orgánicas de sucesión ni blindaje preparadas.

Dos. Abdica a menos de cinco meses vista de cumplirse los 40 años de reinado y para estas cosas, siempre que no medien otras razones de peso, se suelen redondear las cuentas de las efemérides.

Tres. ¿Abdica por algún nuevo problema de salud, desconocido hasta ahora por el común de los mortales? Afortunadamente y en lo que se nos alcanza, que no es mucho, no parece ser el caso. ¿Quizá por amor?

Cuatro. Abdica cuando el primer partido de la oposición pasa por sus horas más bajas, sumido en una profunda crisis de identidad, si bien mirado quizá no sea razón tan descabellada la idea de aprovechar esta circunstancia para contar con la aquiescencia de este partido cuyas bases no son nada proclives a la institución. Quizá dijo para sí el Borbón aquello de más vale malo conocido que bueno por conocer, o lo que se le parece: más vale Rubalcaba todavía con el pacto del 78 en la cabeza que Marina´s o Diaz´s con ocurrencias republicanas por conocer. Quizá la razón más probable.

Cinco. Abdica cuando el momento no es el más oportuno, o quizá también sí lo es, por el chorreo diario y persistente de pérdida de popularidad de toda la familia real y de sus últimas andanzas que ya no pasaron por el tamiz de la censura oficial ni de la autocensura de la mayoría de los medios. Puede que el monarca haya decidido posponer a tiempos futuros el tener que comerse el marrón de la nada descabellada imputación de la infanta Cristina y el posterior presumible ingreso en prisión de su yerno Urdangarín, que se lo deja a su sucesor.

Seis. Es posible y probable que el juez Castro tenga ya decidido imputar a su hija Cristina y, enterado, haya precipitado la abdicación para que cuando aquella se produzca la Infanta ya no forme parte de la Familia Real.

Siete. Abdica antes de que se dispare el fregado secesionista catalán y vasco en el que, por cierto, ha estado bastante al margen a pesar de ser uno de los pocos papeles que como personificación de la unidad de la Nación le atribuye la constitución. Sin embargo, durante su reinado sí ha politiqueado por encima del papel de reinar y no gobernar que le asigna la carta magna, en eso que se ha venido en llamar el borboneo.

Ocho. Abdica ahora porque sabe que PP y PSOE le garantizan en las actuales circunstancias una continuación de la monarquía que quizá dentro de dos o tres años con una coalición de izquierdas no sería posible.

¿Sólo una de ellas? ¿Un poco o un mucho de todas ellas?

*José Enrique Villarino, economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).

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1 Comentario

  1. Un poco de la 8 y algo más de la influencia de Bildenberg a través de Sophia, por un motivo puramente de supervivencia, en base a las elecciones. Si por casualidad llegan a armarse los partidos de izquierda y en las próximas elecciones se consigue mayoría de ayuntamientos de izquierdas, tienen que volver a sacar los tanques a la calle, porque de aquí se les saca echando leches.

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