¿Olimpismo con recesión?

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A. Inurrieta.- Esta semana se ha vuelto a presentar el tercer intento de que Madrid organice unos Juegos Olímpicos. Tras los dos fiascos, Londres y Rio de Janeiro, el Ayuntamiento de Madrid, y mucho más tibiamente la Comunidad de Madrid y el Gobierno español, han dado el pistoletazo de salida. Las fuerzas políticas, por primera vez, se han dividido y ha sido IU la única que ha levantado la voz, votando en contra, ante lo que parece un desatino económico, en un contexto como el actual.

El olimpismo es un movimiento muy loable en su esencia, aunque ya nadie le atribuye el componente deportivo y reivindicativo del esfuerzo y la participación con el que nació en la antigua Grecia. Esta esencia se ha convertido en un movimiento estrictamente económico y político, amén de geoestratégico, con el que se intenta relanzar las economías de ciertos países, así como redistribuir el poder político entre continentes. Han sido, precisamente estas variables, las que han inclinado la balanza hacia Londres y Rio de Janeiro, especialmente en la última contienda, en la que estuve presente.

La realidad, al margen de estas consideraciones, es que los Juegos Olímpicos suelen ser una excusa para profundas transformaciones urbanísticas, para gloria de los lobbys de arquitectos, pero también para que se generen unas obligaciones fiscales para los contribuyentes que, rara vez, tienen una completa justificación. En este sentido, conviene preguntarse qué podría aportar a Madrid la construcción de grandes contenedores deportivos, si por ejemplo, una gran mayoría de niños y niñas, cohabitan hacinados en patios destartalados en muchos centros educativos. Cuando la política de deporte y educación física en los centros educativos es tan pobre, por no decir la universitaria, parece un eufemismo presumir de éxitos deportivos individuales o colectivos, que tienen que ver más con el talento natural y el esfuerzo de muchos deportistas anónimos que solo ellos saben la soledad y el abandono que sufren.

Con estos mimbres, la autoridad municipal, regida por Ana Botella, se ha lanzado de nuevo a la carrera olímpica, estrenando logo y gasto, pero también polémica. Al margen de juicios de valor sobre el nuevo logo, algo irrelevante, sí conviene afear el gasto comprometido de 600.000€, en un contexto de máxima austeridad. Este episodio, además, ha coincidido con la constatación de la estupidez política que supuso la construcción de la Caja Mágica, cuyo coste supuso a las arcas municipales más de 290 mill.€. En estos momentos, su nivel de utilización, con el consiguiente deterioro, no llega al 10%, lo cual abunda en lo equivocado de su construcción. Al final, como el caso del Palacio de Deportes, o el Madrid Arena, acabará siendo entregado a una empresa de gestión de eventos musicales, para su explotación, algo que los ciudadanos no deberían permitir con su voto.

La experiencia de la ciudad de Montreal, ciudad donde viví, me llevó a observar lo inútil que resultó aquel evento, y visionar el esqueleto del Estadio Olímpico, y los casi 20 años de tasas que han pagado sus habitantes, produce una cierta indignación, más en un momento como este.

En suma, no es momento de experimentos con Cajas Mágicas, ni con Palacios de la Cartuja, ni con recintos fantasmas como el de la Expo del Agua o Estadios como el de Monjuit. Simplemente, es el momento de más instalaciones decentes en centros educativos, más política de deporte de base y menos neo riquismo. Tal vez, lo de menos, sea que el nuevo logo es espantoso. Por todo ello, felicito a IU por su voto en contra.

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2 Comentarios

  1. Estoy de acuerdo con usted, caballero, pero la verdad es que después de lo que nos hemos gastado nadie se atrevería a no seguir intentándolo.

    Es una huida hacia adelante en toda regla.

    Otro tema, muy más profundo y que usted ha dibujado, es cómo todo ya se mira desde un punto de vista púramente económico. Sea algo deportivo, lúdico, social o artístico. TODO.

    Es una pena pero es así…

  2. Estimado Alejandro:
    Comparto tu inquietud por las inversiones que se pueden hacer en un evento que en otras ciudades del mundo ha resultado ruinoso. Sin embargo, precisamente como dices en tu articulo, ya que hay instalaciones deportivas de primer nivel poco utilizadas, ¿porque no darles un uso?. Además creo sinceramente que los efectos inducidos en el turismo a medio y largo plazo pueden ser muy beneficiosos para la ciudad. Sin embargo, estoy 100% contigo en pedir máximo rigor a nuestros dirigentes al meternos en un gasto que hoy por hoy, debemos medir con pie de rey (y más como señalas viendo lo de Montjuic, Sevilla o Zaragoza). Enhorabuena por el articulo, tu prosa siempre entusiasma!

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