El hambre acecha al Distrito de Salamanca

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A. Inurrieta*.- La experiencia del Observatorio del Distrito de Salamanca que acaba de arrancar en el Centro Social Lista me está permitiendo descubrir muchos problemas que son invisibles al gran público, a esa sociedad que ha cerrado los ojos a los más débiles. La dinámica social está generando que una proporción de personas sean excluidas de los meros hábitos más básicos de un ser humano: comer, tener un techo, acceso a los servicios públicos básicos, etc. Son los nuevos pobres que ya no aparecen en las calles, ni durmiendo en bancos o cajeros, sino que tienen el aspecto de cualquier ciudadano, pero que tienen que recurrir a entidades sociales para poder comer o vestirse.

Esta experiencia es la que estamos viviendo en el Observatorio del Distrito. Ver y escuchar a más de 100 personas, que todos los días recogen sus bolsas de comida, lo cual es, cuanto menos, realmente conmovedor. Son mayoritariamente personas mayores, y dentro de éstas, mujeres, que carecen de pensiones mínimamente dignas que les permita básicamente subsistir. Pero se están empezando a incorporar nuevas formas de pobreza, nuevos agentes, inmigración y personas que han perdido el empleo a edades ya elevadas y que carecen de una formación para reengancharse al mundo productivo.

Esta forma de política social, que entidades como la nuestra están haciendo, permite salvar la cara a las instituciones públicas y también a la propia sociedad que prefiere que le escondan los pobres y tengan que entrar y salir de centros como el nuestro de manera vergonzante. Su complejo les hacer negar esta realidad, ya que no pueden aparecer como pobres en edificios que otrora fueron centros de la alta sociedad o simplemente de habitantes de un barrio burgués como este.

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La progresiva pérdida de peso del sector público en la función de cohesión social está generando este súbito empobreciento que conllevará, poco a poco, la apertura de una gran fractura, con la génesis de nuevas formas de lumpen, cada vez más cerca de  lo que fue una clase media sobrevenida al albur de la burbuja inmobiliaria. Ya no bastan las parroquias, agentes que se consideran sustitutorios de la acción pública como se me contestó hace un tiempo en un Pleno de la Junta de Distrito, cuando aún era concejal.

Ya no son solo servicios básicos como los Centros de Día, la tele asistencia o los servicios sociales. Estamos hablando ya de un nivel de pobreza que incorpora el hambre, la imposibilidad de afrontar la alimentación básica en hombres y mujeres que lo dieron todo y que, en muchos casos, ni siquiera pudieron aprender a leer o escribir.

No escondamos más esta realidad, no pensemos que aquí todo es de color de rosa. Salgamos de nuestro letargo y afrontemos la vida con toda su crudeza: en este distrito también hay hambre.

*Alejandro Inurrieta es ex concejal del Ayuntamiento de Madrid y miembro de la Asociación Puerta de Alcalá.

Ilustración: Patri Tezanos (Zonaretiro.com)

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