¿Qué nos espera con Ana Botella?

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A. Inurrieta*.- La llegada de Mariano Rajoy al Gobierno ha provocado un auténtico terremoto político en Madrid. La marcha anunciada y enormemente deseada por parte del alcalde saliente, Gallardón, ha desencadenado, como nos temíamos muchos, el ascenso al cargo de alcaldesa de Ana Botella, esposa de José María Aznar.

Este hecho, completamente legal desde una óptica estrictamente jurídica, tiene algún pero si se analiza lo que debería ser el completo respeto al elector. En España, como es sabido, los partidos y coaliciones se presentan a las elecciones con listas cerradas y bloqueadas, por lo que los electores no tienen capacidad de seleccionar a personas, sino a siglas. Por tanto, y vistos los resultados electorales en Madrid con perspectiva histórica, se podría decir que es la marca PP la que en Madrid parece que destaca,  por encima de los cabezas de lista. No se entendería, por tanto, que en Madrid hubiese gobernado con amplias mayorías una persona como José María Álvarez del Manzano, si bien es cierto que sus contrincantes eran aún peores.

En el caso de Alberto Ruiz Gallardón la situación es algo distinta. Su gestión, ya valorada en estas mismas líneas, despertaba filias y fobias entre su propio electorado y, de hecho, en su última contienda electoral habría perdido más de 100.000 votos respecto a las anteriores elecciones, especialmente en distritos muy afines al PP. Pero por otro lado, tenía un electorado muy ecléctico, fruto de su transversalidad en algunos temas que su partido repudiaba, como los matrimonios homosexuales, cultura de vanguardia -aunque con tintes sectarios patrocinados por el grupo Prisa- y especialmente una concepción socialdemócrata de libro. Era claramente partidario de la inversión pública, del empleo público, y de una presión fiscal elevada para pagar la obra pública. Por ende, se alejaba de la supuesta austeridad y nulo intervencionismo que preconizaban en la calle Génova.

Engaño electoral

Este electorado, de perfil centrista o de izquierda moderada, homosexual, informado y muy urbano, es el que se siente un tanto estafado políticamente, dado el juramento que hizo el ya ex alcalde durante toda la campaña electoral, en el sentido de que él cumpliría la legislatura. Esta misma sensación están teniendo estos días muchos de sus más estrechos colaboradores (como Manuel Cobo, Juan Bravo, Alicia Moreno, que ya han salido del Ayuntamiento, y otros que suspiran por hacerlo). En el fondo, todos estos cambios y sentimientos contrapuestos reflejan el verdadero carácter de coalición política y social que configura el poder político del PP en Madrid. En el caso del Ayuntamiento, el grupo municipal está claramente dividido entre los partidarios de Gallardón, de un perfil más centrista o liberal en lo social y moral, y los partidarios de Esperanza Aguirre, mucho más liberales en lo económico, pero profundamente conservadores en lo demás, con incrustaciones del Opus Dei o los Legionarios de Cristo, como en el caso de la propia Ana Botella.

Con estos mimbres, el cambio de alcalde, alcaldesa en este caso, va a suponer algo más que un cambio de personas. Ana Botella tiene un perfil radicalmente diferente al de Gallardón, y se dejará notar en lo social, en lo moral, y seguramente en lo político a medio y largo plazo. Por tanto, la pregunta clave es, ¿cómo es Ana Botella?

Diferencias

Mi experiencia en los últimos años en el Ayuntamiento, donde pude apreciar bien su capacidad política, su oratoria, sus relaciones con la oposición, así como su posicionamiento en algunos temas clave como medio ambiente, movilidad, o asuntos sociales, fue claramente negativa.

Comenzaré por su semblante más personal: Ana Botella durante estos años ha demostrado un profundo desprecio individual y político hacia la oposición en el Ayuntamiento. Eran muy sonadas y comentadas sus mofas y propensión a ridiculizar  a los que estábamos en la Comisión de Medio Ambiente, siendo especialmente cruel con la representante de IU.

En lo político, es una persona con unas grandes lagunas conceptuales, especialmente en el área económica y medioambiental, muy pobre en lo dialéctico y con escasos recursos para el diálogo, lo que marca una enorme diferencia con el alcalde saliente. En materia de medio ambiente, su posición es claramente negacionista del cambio climático, y con escaso aprecio a perturbar al vehículo privado o a penalizar a quien más contamina. En lo social, su paso por Asuntos Sociales, al margen del traslado de la sede al barrio más prospero de Madrid, ha seguido una posición en línea con su parte del PP, próximo a la caridad y beneficencia, y poco amiga de erradicar la injusticia social y la inequidad.

En suma, la nueva alcaldesa viene a romper la coalición política y social que existía en Madrid alrededor de Gallardón, decantándose más hacia posiciones mucho más conservadoras. Sin duda, Madrid cambiará en materia cultural, ya no se verá al Alcalde casando a personas del mismo sexo, y sobre todo se negará todo atisbo de contaminación atmosférica o injusticia social en la ciudad de Madrid.

*Alejandro Inurrieta es ex concejal del Ayuntamiento de Madrid y miembro de la Asociación Puerta de Alcalá.

Fotos: G. Bravo (Zonaretiro.com)

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