La columna de un ciudadano crítico

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A. Inurrieta*.- Sirva esta primera columna para saludar con entusiasmo la posibilidad que me da el periódico Zona Retiro para plasmar mis reflexiones y mis propuestas. Tras mi paso por la política nacional y local, comienza una nueva era de activismo social, lejos de las restricciones y tics autoritarios de los aparatos políticos. El ser humano, ante todo, debe ser un ciudadano, y por ende crítico, desde la educación, formación y conocimiento del medio que le rodea.

Esta primera reflexión va directa al núcleo del comportamiento ciudadano de los últimos años. La ciudad de Madrid ha dejado de ser una vanguardia de participación ciudadana, de la lucha por una ciudad mejor, más culta, más humana y por supuesto más equitativa. Mi experiencia como concejal de uno de los distritos más ricos de la metrópoli, Salamanca, pero a la vez más injusto y con peor distribución de la renta, me ha dejado un sabor amargo al observar la inacción y la falta de pulsión social del distrito.

Cualquier comparación de indicadores de desarrollo social, medioambiental, urbanístico o educativo, muestra esta gran brecha entre los ciudadanos del distrito y el resto. La segregación educativa que se produce en los colegios públicos, la opacidad de la gestión en los concertados o la falta de plazas en los escasos centros de mayores, aún cuando es uno de los distritos con  mayor índice de envejecimiento, revela la sumisión de una parte de la ciudadanía. Pocas zonas verdes o deportivas, nula política de vivienda social en alquiler, también son otros elementos que fomentan la expulsión de parte de la población más joven.

Con todo ello, la sensación de silencio atemorizado por un lado, e indiferencia por otro, muestran una calidad ciudadana alejada de los estándares europeos, fundamentalmente francesa o alemana, que es urgente educar para cambiar. Es imprescindible abrir unos cauces de participación real a la ciudadanía, sin cartas marcadas, y dotar de peso político y social a lo que debería ser el gobierno de los distritos, las Juntas de Distrito. El vacío sistemático en los plenos, el corsé que supone el Consejo Territorial, al margen de su inutilidad práctica, aleja a los escasos vecinos y activistas que creemos en la democracia participativa.

La mejora social y los avances en derechos políticos solo se pueden lograr desde la coalición entre la ciudadanía y las elites políticas, económicas y administrativas. En este periplo hemos pasado de una coalición incipiente en los años 80, a un oligopolio actual, donde solo priman los intereses económicos en la ciudad de Madrid. Es hora de que los ciudadanos nos revelemos y luchemos por algo que en esencia es nuestro, es decir el espacio público y urbano, que es garantía de nuestro bienestar y el de nuestros menores.

Educar en la participación y en el concepto de ciudadanía crítica tiene un grandísimo valor que, desgraciadamente, España ha preferido ignorar. Así nos va.

*Alejandro Inurrieta es ex concejal Ayuntamiento de Madrid del distrito de Salamanca y miembro de la Asociación Puerta de Alcalá       

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