El caciquismo de ‘barrio rico’

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J. A. Aguilera*.- El PP, más allá de su visión política concreta en cuanto a objetivos de gestión y a ponerse al frente de los mismos, de favorecer el capitalismo, etc, es un auténtico destructor de la sociabilidad. Todo su trabajo en el Distrito de Salamanca así lo demuestra.

No es sólo que quieran mandar, sino que su actuación tiende a acentuar y perpetuar el autoritarismo y a impedir la democracia hasta en sus mínimas expresiones. Su modelo es que sólo existe el poder (ellos), el ciudadano desnudo y la iglesia católica.

Torpedean toda actuación política y social medianamente organizada que se pretenda poner en marcha fuera de esos parámetros. Las “asambleas de vecinos” que organiza el concejal -y el PP- sirven a ese propósito de encaramiento individual con el poderoso. No hay “problemas sociales” sino individuales.

Otra táctica que utilizan es el “mi despacho está abierto, llámame y lo hablamos”. De nuevo el/la vecina debe ir sola a “explicar su problema y rogar” soluciones. A puerta cerrada y de forma que se entienda claramente que son “cuestiones particulares” para las que el concejal, por su “buena voluntad”, hará “lo que pueda”. Caridad, no justicia.

Si no se hace así, recriminan a los protestones o bloquean actuaciones políticas. Los ejemplos son muy recientes: en el último debate del estado del Distrito, la representante de la lucha contra el cáncer fue criticada por hablar en público sin habérselo pedido antes en privado. Y, respecto al problema de la Casa de la Moneda, se impidió una proposición de IU-LV de apoyo a la institución, pero una vez que el Comité de Empresa fue a verle a “su despacho”, el concejal no tuvo inconveniente en mandar cartas de apoyo al Ministro de Hacienda y donde hiciera falta. Eso sí, sin que aparecieran los distintos grupos políticos, marcando su territorio.

El estrambote de este comportamiento lo vemos en relación a las fiestas populares. Aceptado por fín en el Consejo Territorial de primavera que se trabajara en la comisión de Cultura para organizarlas de forma colectiva, han estado tres meses mareando la perdiz. Primero, negándose a las casetas de los partidos y la verbena “mientras el PP esté en el poder”. Una vez que en la comisión de septiembre las asociaciones y la oposición hicieran un esfuerzo para encontrar un marco común, se negaron a que se votara para ver el importante respaldo social, y forzaron que “se elevara la propuesta para ver qué se aprobaba” arriba. Autoritarismo de nuevo, el dedo entre las nubes. Y cuando se le pregunta al portavoz del PP, remite a la técnica de participación (pepera de pro. En las juntas de distrito también existen las puertas giratorias, no hay más que mirar los puestos de libre designación y la composición de listas municipales y de vocales vecinos. Para ejemplo, ver currículo de Ángel Donesteve, concejal de Hortaleza). Es decir, de técnica nada, es la cancerbera oficial. Contestación de la técnica: “no hay fiestas. No hay dinero, no hay carteles, no hay programa”.

Lo que se ha mandado para el día 11 de octubre en el parque Eva Duarte no se considera oficialmente incluido en “las fiestas”. El concurso canino y la procesión, sí. El resto, que pida autorización y consiga recursos, como actos particulares.

¿Para esto tres meses de reuniones? La cara de imbécil que se te queda con esta tomadura de pelo no es pequeña. Quitarle al PP este poder que emplea para involucionar la especie es una obligación higiénica, de supervivencia.

* Juan Antonio Aguilera es vocal de la Asociación de Vecinos Goya-Dalí.

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